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LAS ESTIRPES

LAS ESTIRPES

Después de oír a Armandito Benedetti en La Lechuza, de Caracol, defendiendo al superministro Londoño con argumentos tan resbaladizos como sus convicciones políticas, lo tengo que confesar: yo, María Jimena Duzán, mayor de edad y vecina del Distrito Capital, me quedo con Armando papá. Una y mil veces, prefiero al periodista y ex ministro Benedetti, acaso menos pragmático y menos calculador que su hijo, pero dueño en cambio de una indeclinable devoción por el debate, por el bolero caribe, por la discusión erudita y por las buenas parrandas.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de junio 2003 , 12:00 a. m.

Después de oír a Armandito Benedetti en La Lechuza, de Caracol, defendiendo al superministro Londoño con argumentos tan resbaladizos como sus convicciones políticas, lo tengo que confesar: yo, María Jimena Duzán, mayor de edad y vecina del Distrito Capital, me quedo con Armando papá. Una y mil veces, prefiero al periodista y ex ministro Benedetti, acaso menos pragmático y menos calculador que su hijo, pero dueño en cambio de una indeclinable devoción por el debate, por el bolero caribe, por la discusión erudita y por las buenas parrandas.

Sin ánimo de herir susceptibilidades, y a sabiendas de que las comparaciones nunca son de buen recibo, confieso que me pasa lo mismo con los vástagos de otras estirpes acaso más acendradas en el imaginario político colombiano: me pasa, por ejemplo, con Alfonsito López Caballero y su imbatible padre, el ex presidente López Michelsen. Qué le voy a hacer? Con Carlos Lleras de la Fuente -mejor conocido como C. Ll. de la F.- y su padre, el ex presidente Carlos Lleras Restrepo, sin duda uno de los estadistas más notables del siglo XX, me sucede otro tanto. Y qué le voy a hacer si lo mismo me acontece con Andrés Pastrana y su padre Misael?.

Entrados ya en gastos, me temo que la cola puede ser larga. Por ocho mil razones distintas que no vienen a colación, me sucede lo mismo con Fernando Botero Zea y su padre, el pintor Fernando Botero. Y qué decir del nuevo miembro de la Dirección Liberal, Camilo Sánchez, y su padre Julio César Sánchez? Acaso a este último se le habría ocurrido cuestionar una de las pocas gestiones culturales que se adelantan con éxito desde el Estado colombiano -me refiero a la del Banco de la República- y proponer, como hoy lo hace su hijo Camilo, su desmonte, desconociendo de un tajo el aporte invaluable que esta gestión ha tenido en el alma de tantos colombianos desamparados?.

Tal vez el único cambio de libreto sea con Julio César Turbay Quintero y su padre, el ex presidente Julio César Turbay. Yo no me quedaría con ninguno de los dos, aunque sí reconozco que es una estirpe que se las ingenia para sobrevivir como la más hormonada y testiculada de todas.

Si nos salimos de las castas políticas, tampoco es mucho el cambio. No sé a ustedes pero a mí me pasa lo mismo con Daniel Samper Ospina y Daniel Samper Pizano, aunque no discuto que el hijo le haya tomado ventaja al padre en eso de aplicar las técnicas del periodismo investigativo a terrenos libidinosos, y lograr así exponer el lado morboso de las barbies colombianas para consuelo de un ejército de inquietos espermas que leen la revista Soho. Yo, sin embargo, me quedo con su padre, aunque sea un novelista proustático , autor de una primera novela que recomiendo y a pesar de no estar del todo de acuerdo con su selección de los 100 mejores vallenatos.

Algo pasa con nuestras estirpes? No lo sé: a lo mejor ese es el destino de todas las castas y tan solo estamos asistiendo al descenso de unas y al ascenso de otras. Lo cierto es que por fuera las cosas no son muy distintas. Entre Bush Jr. y Bush padre, quién no prefiere al padre? Y aunque los dos son igual de pedantes, entre Vargas Llosa hijo y el padre, solo Plinio Apuleyo se quedaría con el hijo.

P.D.: Quién le creyó a Roberto Junguito que su salida, a tan solo diez meses de iniciado el gobierno Uribe, se debió a que él ya había cumplido con las metas propuestas?

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