POR QUÉ JUAN LOZANO

POR QUÉ JUAN LOZANO

Sobre el destino de Bogotá, este periódico no puede ser indiferente ni neutral. Porque es su ciudad, donde ha construido a lo largo de más de 90 años un amplio y sólido público lector, que ha aprendido a confiar en que EL TIEMPO sabe interpretar los anhelos e intereses de su ciudad. Por eso, de cara a la elección del próximo Alcalde de la capital, debemos ser francos y directos.

19 de octubre 2003 , 12:00 a.m.

Dadas las vinculaciones de Juan Lozano con esta Casa Editorial, pensábamos que la postura más apropiada era no fijar posición frente a las candidaturas para la Alcaldía. Reflexión similar nos ha llevado en el pasado a no pronunciarnos editorialmente en situaciones en las que ex directivos del periódico han estado en cargos públicos o de elección popular. Pero hay circunstancias en que se imponen otras consideraciones.

En el momento actual, ante una crítica decisión en la que Bogotá se juega su futuro, creemos que es un deber ineludible señalar a quien consideramos mejor calificado para regir los destinos de la capital. Y estamos convencidos de que esta persona es Juan Lozano. Por el conocimiento de sus múltiples problemas y las concretas fórmulas que ha planteado, es el candidato que mejor puede garantizar que el modelo de ciudad que hemos logrado no se deforme, ni pierda su dinámica.

Alcalde de la población vecina de Bojacá a los 22 años, luego diputado por Bogotá, secretario de Desarrollo de Cundinamarca, secretario privado de Galán hasta su asesinato en 1989, Consejero Presidencial para la Niñez y la Familia del gobierno Gaviria, la vida pública de Juan Lozano se ha caracterizado por su capacidad y voluntad de servir a su región, su honestidad personal y su vertical repudio de cualquier forma de corrupción política o administrativa.

Es, pues, un hombre honesto, preparado y capaz de responder por lo que es hoy Bogotá. Por la plena identificación que tiene con lo que ha construido en estos años el binomio Mockus-Peñalosa, y por el equipo que lo acompaña y asesora. Su programa de 120 acciones concretas para Bogotá, con su énfasis en la equidad y la calidad de vida, la niñez, el empleo y la solidaridad para la seguridad, es reconfortante muestra de que conoce bien los diversos problemas que aquejan, a pesar de sus progresos, a esta multiforme y desigual urbe de más de siete millones de habitantes. Razones amplias y más que suficientes para votar por Juan Lozano.

El otro candidato opcionado, Luis Eduardo Garzón, representa una alternativa tan respetable como significativa. Por su parte, María Emma Mejía ha hecho una campaña seria y ha demostrado su conocimiento de la ciudad. Paradójicamente -así es la impredecible política bogotana-, su mejor campaña es, también, la menos competitiva. Pero queremos subrayar la exitosa presencia de Lucho Garzón, bogotano raizal y de entraña popular, en esta contienda electoral, convencidos de que el respaldo ciudadano que recibirá en las urnas tendrá hondas y positivas proyecciones políticas a nivel nacional.

El país, su democracia y la necesidad de afianzar la civilizada lucha política sobre la violencia, necesitan figuras como Lucho Garzón, que encarnan la propuesta de una izquierda democrática, popular y contestataria, que tiene por delante fértil terreno social para avanzar en su búsqueda del poder político. Esta izquierda despojada de fanatismos que hoy encarna Lucho Garzón, se ha distanciado, por supuesto, de una guerrilla sin referente ético (y deberá hacerlo cada vez más) que pretende que el cambio se hace, o al poder se llega, amenazando, secuestrando o asesinando a los contradictores políticos. Que un Lucho Garzón esté en la primera fila de la lucha política por conquistar la capital del país es un demoledor mensaje para Jojoys y Gabinos de todos los pelambres.

Aunque es incuestionable el impacto popular de Lucho Garzón, quien además ha demostrado inteligencia, sentido del humor y madurez política, no creemos que esté preparado para la tarea de administrar a una capital hoy considerada modelo internacional de conciencia cívica y progreso. La vaguedad de sus propuestas, la muy dudosa credibilidad de algunos de sus apoyos, la precaria gobernabilidad que tendría, son motivos válidos para optar por una alternativa más sólida, como la que representan Lozano y su equipo. Porque una ciudad que va por buen camino no tiene para qué ensayar audacias ni incurrir en riesgos inútiles.

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