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COLOMBIA NO NOS QUIERE

COLOMBIA NO NOS QUIERE

Paola tiene catorce años y no quiere volver a ver a su mamá. Hace unos días, una vecina la llevó al Centro de Emergencia Villa Javier del ICBF, en Bogotá. Es que mi mamá me echó de la casa porque se iba a vivir con otro señor. Me dijo que me fuera para donde mi papá, pero yo no sé dónde buscarlo porque era cuando pequeñita que vivía con él... . Yo me portaba bien con ella porque le hacía todos los oficios cuando ella se iba a trabajar. Lavaba los baños, arreglaba la cocina y las camas. Dejaba todo limpiecito. Pero una señora que nos cuidaba se entraba a la pieza a esculcar y a hacer males. Y cuando yo llegaba de la escuela, abría la puerta y mi mamá era a pegarme, con un palo, todos los días .

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de enero 1994 , 12:00 a. m.

Manuel es menor que ella. Tiene nueve años y es el niño problema de su escuela, una institución pública del sur de Bogotá. Su profesora dice que su rendimiento no es bueno y que le tocó zarandearlo para que escribiera una palabra .

Ella dice que Manuel es ratero, que cuando lo pone a hacer fila se le escapa o se queda de último. Es tremendo dice. Me toca amenazarlo todo el tiempo con llevarlo a la dirección o con mandarle una boleta a la mamá .

Y varias veces lo ha hecho. Cuando las quejas llegan a la casa, el padrastro lo coge a patadas. La mamá dice que su marido a veces utiliza un vocabulario muy feo con el niño .

Pero según Manuel, su mamá también le pega, con el cable de la plancha. En la escuela también me pegan. La profesora a veces me coge así, me jala el pelo, me da coscorrones. Me dice que me va a echar para que me den palo, para que me peguen y para que me vuelva un gamín por ahí. También me tira duro las orejas y eso me da rabia. Me dan ganas de llorar. Yo ya no quiero estar más en esa escuela .

Carlos dice que tiene catorce años, pero se ve más pequeño. Llegó a la Oficina del Menor del Ministerio de Trabajo a pedir un permiso para desempeñarse como ayudante de construcción. Pero se lo negaron porque no tiene documento de identidad y el Código del Menor prohíbe a los menores de 14 años ese tipo de labores.

Sin embargo, él está trabajando desde hace dos años. Hasta ayudé a un señor a hacer una casa. Ahora estamos en una obra grande por los lados de Cazucá. Nos tocó venir porque el Ejército está jodiendo mucho y los jefes nos mandaron aquí. Somos varios niños de mi edad y unos ya vinieron y les dieron el permiso. Necesitan harto personal para amarrar hierro y revolver mezcla, y eso es tirado. No es peligroso .

Es que siempre es bueno pasar diciembre con plata para estrenar. Además para pagarme el estudio el otro año. Mis papás me pagan pero después me están echando en cara .

John Jairo era otro de esos tantos menores de edad que trabajan en construcción sin permiso legal, para ayudar a su mamá a mantener a la familia. Ganaba 360 pesos a la semana, por ocho horas de trabajo al día. Acababa de cumplir quince años, en septiembre, cuando una viga le cayó encima y le provocó la muerte.

Un mes antes, Joaquín, un pequeño de cinco años que vive en el Putumayo, resultó herido con las esquirlas de una granada MK-2 de fabricación rusa que fue abandonada en el monte por guerrilleros de la Coordinadora Guerrillera. Joaquín, sus tres hermanos y tres amigos comenzaron a jugar con ella pensando que era una piña. El juguete explotó y mató a los otros seis niños.

No hacía mucho que los mismos responsables de este accidente habían asesinado, en San Alberto (Cesar), a Helen, de 16 años, y a Nancy, de 13, en sus propias casas. Según la Policía, los subversivos decidieron acabar con la vida de las jovencitas porque tenían pruebas de que eran informantes del Ejército.

Probablemente, Martín vio planear atrocidades como ésta. Es un chiquillo campesino de doce años que duró ocho meses aventurando por los montes con un arma letal más grande que él entre sus manos. No fue por gusto. Un día, unos guerrilleros de las Farc llegaron a su vereda y, en su propia casa, le dijeron: tiene que prestarle un servicio a la patria, o lo consideraremos un traidor . Martín no sabía bien qué es la patria ni qué es un traidor, pero se tuvo que marchar con ellos.

El pan de cada día Casi ocho niños son asesinados en promedio cada día en todo el territorio nacional. Uno de cada tres niños sufre golpes en su casa. Unos quince mueren a diario, víctimas de la violencia familiar, la negligencia de sus padres y el suicidio, motivado por conflictos familiares y escolares. Casi diez solicitan a diario consulta externa en los servicios de salud por las mismas razones.

Y ocho son hospitalizados por lesiones accidentales incompatibles con su edad. Basta con ver algunas cifras del Sistema Nacional de Salud: en 1991 fueron internados 64 bebés, menores de un año, por fracturas de cráneo y huesos de la cara, 220 por fractura de extremidades, 427 por quemaduras graves y 123 por envenenamiento.

Cada mes son secuestrados un promedio de 6,6 menores de edad por la delincuencia común y la guerrilla. El 17 por ciento tiene menos de cinco años.

De enero a mayo de 1993 llegaron cada día a Medicina Legal, solo en Bogotá, un promedio de 25 menores por lesiones personales, 4,2 por abuso sexual y 4 por muerte violenta. El 26 por ciento de los fallecidos tiene menos de 4 años.

Pero hay otro tipo de violencia en la que poco se insiste. Trece mil hogares pierden anualmente a uno de sus padres por las llamadas causas externas . Eso significa que unos 43 mil niños quedan huérfanos en Colombia cada año, desde 1989, por culpa de la violencia. Y, por la misma causa, 92 mil menores han tenido que dejar su casa y desplazarse con su familia a comenzar una vida nueva en un medio ajeno y hostil.

Según la Delegada para la Defensa del Menor y la Familia de la Defensoría del Pueblo, Esmeralda Ruiz, todas estas cifras cubren apenas el 30 por ciento de la realidad pues, sobre todo en los casos de maltrato por parte de los padres o familiares, la mayoría permanecen ocultos y los conocen las autoridades. En el caso de la violencia escolar, cuya práctica es un secreto a voces, los afectados no presentan denuncias. Según Nancy Hernández, asistente de la Oficina del Escalafón de la Secretaría de Educación de Bogotá, la práctica de castigos físicos y denigrantes y de aberraciones sexuales se incluye dentro del Estatuto Docente como causales de mala conducta y puede ocasionar la suspensión del cargo. Pero esos casos son los menos que llegan aquí , afirma.

La Defensora cree que la ley es demasiado condescendiente con las agresiones a los menores: Si alguien mata a una persona de 20 años le dan mínimo 15 años de cárcel. Si lo hace con un menor de un año, el tiempo de prisión estará entre uno y tres años. La vida no está protegida en igualdad de condiciones, como dice la Constitución .

Hace más de un año, por ejemplo, a un hospital de Bogotá llegó una niña de dos años con un impresionante desgarro genital-anal. Había sido violada por su propio padre, un alcohólico de 40 años. Al agresor se le imputó el delito de acceso carnal agravado y se le dictó una condena de 24 meses. La homóloga de Ruiz en la Procuraduría, Ana Georgina Murillo, lo confirma: En tres años de vigencia del Código del Menor, que penalizó la explotación infantil, no se conoce, por ejemplo, la primera sentencia que condene a alguien que usa a los niños para la mendicidad, y los casos los vemos en la calle todos los días .

Ella cuenta que, por ejemplo, la Fiscalía no tiene una oficina dedicada exclusivamente a los casos de menores. Todos los casos hacen fila con todos los tipos de procesos que llegan, por eso pueden pasar meses antes de que siquiera hayan sido repartidos. El Fiscal General se comprometió, por su parte, a crear esa unidad, y a ordenar que a los casos de menores que estén en peligro grave se les dé prioridad.

También están trabajando en un proyecto de ley para convertir el maltrato infantil en delito, pues hoy, cuando la incapacidad que se le da al niño no supera los 30 días, se tipifica como una contravención que amerita una amonestación, es decir, un regaño por escrito y una multa que va de uno a cien salarios mínimos.

El problema es de todos El silencio también opera en el caso de las agresiones sexuales contra menores, que son más comunes de lo que se cree. Según el médico Alvaro Morales, funcionario del Instituto de Medicina Legal de Bogotá que se ha especializado en maltrato infantil, cada día aumenta el número de menores que se reciben en esa institución por abuso sexual, generalmente cometido por las personas más allegadas a la niña o al niño.

Los agresores sexuales son, en orden, el papá, el padrastro, los tíos que conviven con el menor, otros familiares, los amigos y los vecinos. Y las mamás suelen tapar el problema porque no quieren perder al marido o porque consideran que eso no es tan grave o que es demasiado vergonzoso. En muchos de estos casos, las familias pertenecen a estratos medio y medio alto.

Porque hay que tumbar un mito: estos no son problemas típicos de la pobreza y la ignorancia, aunque todos los expertos consultados aseguran que en estas condiciones existen muchos factores de riesgo inevitables: alcoholismo, depresión, insatisfacción personal, frustración, problemas laborales y económicos, uniones coyungales sucesivas, madresolterismo, etc...

Nelson Ortiz Pinilla, oficial de Proyectos de Unicef, explica que es significativo que los índices más bajos de maltrato los tienen los países pobres de Africa, donde reinan otras culturas y son otros los valores que rigen las relaciones con los niños .

Esto se entiende más cuando se explica que agredir a un niño no es solamente golpearlo, violarlo o explotarlo. (ver recuadro) El punto más neurálgico es quizá el maltrato en casa, pues, por definición, debería ser el lugar donde el niño es protegido y amado. La procuradora delegada es enfática al afirmar: las comisarías de familia no están cumpliendo a cabalidad su función porque tienen mucho trabajo. Una sola comisaría recibe unas cuarenta denuncias diariamente y cada Defensor de Familia y su equipo deben atender en promedio 500 casos .

El doctor Alvaro Morales explica que cuando el niño llega a Medicina Legal es porque ya no da más con su familia, porque seguramente las lesiones, el trauma, los abusos, son permanentes, repetitivos, y llega el momento en que alguien de la familia no aguanta más y acude a la autoridad. Nunca vienen la primera vez, ni la segunda, ni la tercera. Por eso creemos que los menores que llegan acá son la punta de un iceberg inmenso, cuya dimensión desconocemos .

No hay cifras Las cifras de homicidios por fuera de la casa también son datos aislados, porque, según la médica Sandra Ruiz Ceballos, que trabaja en la Corporación Avre, una ONG que se ha especializado en atención siquiátrica a víctimas de la violencia, ninguna entidad en Colombia tiene un reporte completo sobre el asesinato de menores.

Las estadísticas tampoco hablan de los menores asesinados por ser testigos, informantes o simplemente por ser niños que quieren divertirse en sitios vedados por uno u otro bando de la guerra. Ellos afirma Ruiz no sólo han sido víctimas de las masacres de los campos, de las bombas de las ciudades y de los secuestros. También son perseguidos y son blanco político en muchas ocasiones. Aquí hay escuelas que son amenazadas por llevar uno u otro nombre y esa es razón suficiente para señalar a los niños que estudian allí, asesinarlos o mantenerlos con la zozobra de la amenaza de una bomba .

Donde quizá es mayor el subregistro, la falta de conocimiento del problema y la falta de control del Estado, es en los casos de menores trabajadores. La restructuración del Ministerio de Trabajo desmontó la dependencia del Menor Trabajador y repartió sus funciones en varias oficinas que ni siquiera quedan en el mismo edificio. La ejecución de políticas y proyectos le compete ahora al Jefe de Relaciones Especiales de Trabajo. La expedición de los permisos la tiene otra oficina, y el control y la vigilancia los deben ejercer las inspecciones de trabajo de las regionales.

La entidad únicamente tiene cifras exactas de permisos concedidos (13.052 en 1992) y de audiencias realizadas por las quejas que presentan los menores o sus representantes legales (339 de enero a agosto de este año, sólo en Bogotá y Cundinamarca), pero sin discriminar por tipo de trabajo desempeñado ni el tipo de queja.

Sin embargo, la inspectora de trabajo Adriana Paz Murillo afirma que existe la creencia de que al contratar a un menor no hay normas que lo protejan y no hay un control por parte del Gobierno. Así, el menor está expuesto a que se le exija trabajo ágil y eficaz y jornadas que pueden exceder inclusive de las doce horas diarias a cambio de una remuneración que la mayoría de las veces no alcanza a ser un salario mínimo .

Agregándose continúa Paz que no se les da un trato adecuado y que, por la labor que desempeñan, y teniéndose en cuenta que la gran mayoría de los niños no tienen experiencia en estos trabajos, el nivel de accidentalidad es elevado y la afiliación al seguro social, que es obligatorio, no existe .

Pero esas leyes que protegen a los niños sí existen. Y eso es lo más grave. El Código del Menor , expedido en 1989, es para muchos expertos el modelo perfecto de lo que debe ser una ley de protección del niño y el adolescente.

Otras normas también podrían invocarse para hacer justicia frente a las agresiones. Según el abogado Antonio José Cancino, los delitos que cometen los padres y los adultos cotidianamente contra los niños se encuentran en el Código Penal . Si se le lesiona física o moralmente, existe el delito de lesiones personales . Si se le impide el estudio, existirá constreñimiento . Cuando, existiendo la obligación, no se le suministra alimentación balanceada, se incurre en el delito de inasistencia familiar . La tortura, la violación, el estupro, los actos sexuales abusivos, el proxenetismo, la muerte, el abandono del menor y de las personas desvalidas, también son delitos en este país.

Cancino considera que lo residual, los maltratos o los descuidos que no encajen en esos tipos preestablecidos deben tener un tratamiento preventivo, educativo, de apoyo, a manera de solución. Los problemas sociales no se remedian con leyes. Se necesitan acciones de política económica o sociales reales, que conlleven un sano control de la familia y un fortalecimiento de la misma .

QUE ES MALTRATO? Según la Asociación Colombiana Contra el Maltrato Infantil, toda acción u omisión que perturbe el desarrollo físico, sicológico, afectivo y moral de los niños, y que en general es infringido por los padres u otros adultos, se considera maltrato. Ese cajón alberga a la violencia física, que es la más obvia. Esta conlleva siempre una violencia sicológica que, además, puede darse sola, en forma de humillaciones, desprecio, amenazas, insultos e incluso abandono emocional (incomunicación y negación de respuesta a sus necesidades afectivas). En otro compartimento está el abuso sexual, con engaños o con violencia, que incluye un daño sicológico y, muchas veces, maltrato físico, y que no necesita llegar al contacto sexual. El acoso, las insinuaciones, las caricias morbosas son agresiones sexuales.

El menor que trabaja sin protección legal, el que desempeña oficios peligrosos o nocivos, el que es explotado, el que trabaja tantas horas como un adulto, o más, el que no va a la escuela por trabajar, está siendo maltratado.

La negligencia produce el abandono físico y emocional, y también se considera maltrato. Quien le niegue al niño los satisfactores a sus necesidades de alimentación, higiene, vestido, protección, vigilancia en situaciones peligrosas, cuidados médicos, lo está maltratando.

En este sentido, un bebé que pase horas metido en un cajón con un tetero en la boca es un bebé maltratado. Por eso, la caries de biberón es una señal de maltrato, lo mismo que la desnutrición.

Un niño que se enferma o muere por una enfermedad cuya vacuna es gratuita es un niño maltratado. Un niño que sale lesionado o que muere en un accidente de tránsito porque va en el asiento de adelante del carro o sin ninguna protección, es una víctima del maltrato. Y eso también compromete al Estado.

El exceso de protección también se considera maltrato. Un niño al que le hacen absolutamente todo y no lo dejan ser él mismo, se siente inútil, subvalorado y asfixiado. Estos niños encuentran en la agresividad una manera de expresar que existen, que sirven para algo.

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