LA ENTRENADORA DE MUJERES

LA ENTRENADORA DE MUJERES

Las manos que utiliza a diario Ana de Jesús Ospina Vivas para cortar cabello, hacer peinados y maquillar delicados rostros, también las ocupa en calzarse tenis, colocarse pantaloneta y salir a la cancha a realizar otra de las cosas que le apasiona: entrenar equipos femeninos de fútbol.

24 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Las manos que utiliza a diario Ana de Jesús Ospina Vivas para cortar cabello, hacer peinados y maquillar delicados rostros, también las ocupa en calzarse tenis, colocarse pantaloneta y salir a la cancha a realizar otra de las cosas que le apasiona: entrenar equipos femeninos de fútbol.

Para esta mujer de 30 años, de mediana estatura y madre de un niño de 7 años, trabajo, hogar y deporte son la fusión perfecta. Y en ello invierte la mayor parte de las 24 horas del día.

Pero el tiempo que le dedica a impulsar y masificar el fútbol femenino en un marginado sector del norte de Barrancabermeja, donde vive con la familia, lo considera su mejor ganancia personal porque así contribuye a llevar recreación y esparcimiento a una población que carece de esos privilegios.

La idea es transmitirles lo que he aprendido en el deporte y que la juventud también lo practique, porque estamos viendo de que el fútbol de mujeres se está acabando , explica Ospina, que lleva ocho años dedicada a esa actividad por su cuenta.

Provista de un pito colgado al cuello y un desgastado balón bajo del brazo, la mujer sale en ropa deportiva dos veces a la semana hacia una improvisada cancha en la antigua bodega del Idema, distante unos 500 metros de su casa, donde se reúne con sus 18 alumnas con quienes entrena a doble jornada, de 9 a 11 a.m. y de 4 a 6 p.m.

Tras varios minutos de espera, las jugadoras empiezan a llegar hasta completar el grupo. Todas llevan puestas camiseta y pantaloneta, pero muy pocas calzan tenis o guayos y algunas de las más avezadas en el deporte prefieren jugar en sandalias y hasta descalzas.

Las futbolistas en formación provienen de los barrios Internacional, San Silvestre, Villanueva, Santa Isabel, Belén y Colinas del Norte, donde gran parte de las casas, con paredes de madera, techos de lata y pisos de tierra, han sido construidas por los mismos habitantes del sector.

No es fácil reunirlas, porque aún predomina el machismo y muchas veces el gran oponente es el marido que piensa que el deporte es exclusivo para hombres, o el papá que no deja jugar a su hija porque dice que se le dañan las piernas , afirma Ospina, que integró varias selecciones de Barrancabermeja en departamentales de fútbol y balonmano.

Con ese grupo, cuyas edades oscilan entre los 14 y los 28 años de edad, y en el que hay estudiantes, amas de casa, trabajadoras, madres e hijas, la entrenadora trabaja hace más de año y medio no solo en lo deportivo, sino convenciendo a las personas con las que viven para que les den el permiso y las dejen jugar.

Su inversión también va más allá de lo futbolístico, pues casi siempre tiene que sacar de su bolsillo para pagar la inscripción de los campeonatos en los que participa, así como los árbitros en los partidos amistosos.

No trabajo con ánimo de lucro, lo hago porque me gusta y lo único que gano es el cariño, la compañía y el apoyo que ellas me dan , advierte Ospina, quien dice haber invertido cerca de medio millón de pesos. Por ahora, su única ganancia ha sido el tercer lugar en un reciente torneo en el que participaron seis equipos de la ciudad.

Pero la goma por el fútbol femenino no solo ha invadido a las jóvenes del sector, sino a los esposos, hermanos, hijos y hasta a las señoras mayores de edad, que desde el banco piden cupo para integrar la línea titular de un equipo.

La iniciativa llegó por parte de ellas, que fueron hasta mi casa a pedirme que las sacara a entrenar. Acepté, pero debo cuadrar el horario, porque unas trabajan y otras son amas de casa. El proyecto está en pie y vamos a ver cómo nos funciona .

FOTO/Ricardo Pérez Romero.

En el grupo de Ana de Jesús Ospina hay estudiantes, amas de casa, trabajadoras, madres e hijas, entre los 14 y los 28 años.

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