LA CORRUPCIÓN QUE NOS CARCOME:

LA CORRUPCIÓN QUE NOS CARCOME:

Señor Director:

01 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Señor Director:.

El editorialista de ayer dice que no debe compararse al corrupto de cuello blanco con el vendedor de libros en un semáforo que lo hace para sobrevivir. Pero de ahí en adelante, quien compra ese libro es tan corrupto como el político ladrón, porque sabe lo ilegal del hecho. Cada uno de ellos roba según le alcance la mano. Si el comprador del libro tuviera al alcance miles de millones no dudaría en tomarlos para sí. Para la muestra, los tres millones de ladrones que tenemos colados en el Sisbén. Tres millones! Qué tristeza ser un país de corruptos, culpando a los demás sin darnos cuenta de cada una de nuestras propias fallas (y a pesar de todo, seguimos siendo el mejor país del mundo).

Mauricio Duque Arrubla.

Bogotá.

* * * * Señor Director:.

La corrupción en Colombia no se puede calificar si es el primero, el segundo o el tercer mal. Es uno de los peores. Ahí se disputan el triste protagonismo con la guerrilla. La corrupción ha ido carcomiendo a la sociedad, se ha ido metiendo bajo las sábanas como el sida y ya uno no sabe quién lleva el mal adentro, ni cuándo nos quieren contagiar.

Para mayor desgracia, son los corruptos de cuello blanco los que más dañan el país. Los que se roban las grandes sumas y con las mismas pagan sus defensas. Qué tristeza. Y son las gentes más humildes, las más necesitadas, las del campo, las de salario mínimo, las que pagan el pato.

Por la corrupción no llegan los recursos a los departamentos pobres y por ende a los hospitales, al campo, a la comunidad. La corrupción, aparte de dañar conciencias, tranca el progreso. Qué tragedia, señores! Los corruptos han ido minando a la sociedad. Tanto, que ya casi el honesto parece pendejo.

Pero a esta enfermedad hay que hacerle una campaña como al sida. Además, hay que perseguir a los corruptos y castigarlos ejemplarmente. Tiene que haber conciencia de que el corrupto paga el daño. Como decían antes, que se pudran en la cárcel .

José Eladio Barbosa P.

Bogotá.

* * * * Señor Director:.

Es desconcertante y vergonzosa la forma como la corrupción, en todas sus formas, ha invadido a nuestro país. La piratería, el soborno, la falsificación y las otras mil formas de ilegalidad, muchas veces disfrazadas, que proliferan en nuestra sociedad según nos lo acaba de mostrar EL TIEMPO, nos obligan a reflexionar seriamente sobre la responsabilidad que cabe, por este gravísimo fenómeno, no sólo a los gobiernos sino a los dirigentes de toda índole, a los educadores y padres de familia, todos los cuales tienen una cuota de culpa en este cáncer nacional.

Algo está fallando en la base misma del país. Que se ocupen pronto los sociólogos, sicólogos, expertos sociales y estudiosos de verdad en identificar los tremendos vacíos en los sistemas de enseñanza, en la formación de los niños en los hogares y en la de aquellos que no tienen hogar, para enderezar las fallas antes de que este país descuadernado, destrozado y aterrorizado termine de derrumbarse por la descomposición general.

Luis Fernando Benavides

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