LOS NIÑOS DEL CIELO

LOS NIÑOS DEL CIELO

Así se llama una bella película iraní que, entre otras cosas, narra la historia un niño muy pobre que, pudiendo ser el primero en un carrera de atletismo, intenta ser segundo para ganarse unos zapatos que no tenía.

02 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Así se llama una bella película iraní que, entre otras cosas, narra la historia un niño muy pobre que, pudiendo ser el primero en un carrera de atletismo, intenta ser segundo para ganarse unos zapatos que no tenía.

No es el caso de la Selección Sub-20 de Colombia, que bien clasificó al Mundial de Emiratos Arabes. Y digo bien porque, aunque esa fue una de las tareas, volver a la Copa Mundo luego de 10 años, no era la única. Menos cuando claramente se pudo ser campeón.

Se cumplió, dicen muchos. Cierto. Se cumplió. Pero cuando se tiene en sus propias manos la posibilidad de ser campeones, cuando no se depende de nadie, sino de nosotros mismos, cuando lo que falta no es tanto fútbol, sino actitud, esa que de alguna manera viene ligada con nuestro particular conformismo, algo no está bien.

Si algo me gusta del técnico Reinaldo Rueda es su sensatez. Habla claro, es sincero, no especula, pero sobre todo es de los que más insisten en que si su equipo quiere hacer algo importante en el Mundial debe, entre otras cosas, empezar por mejorar la actitud. Tiene razón.

Desafortunadamente, Colombia no siempre tuvo la misma cara. Grande y guerrera ante Uruguay, sumisa y temerosa ante Brasil y Argentina. Un problema de tantos en este país que aún sienten que perder con ellos por una mínima diferencia está más que bien, ya que eso finalmente es lo que somos: mucho menos que ellos. En fútbol, digo.

Mentira. A esa Argentina del último partido había cómo ganarle. Era de un similar nivel. Además, nada había que perder. El problema fue en parte de actitud, de creer que con haber clasificado al Mundial era suficiente. De pronto, para muchos. A mí aún me quedan serias dudas.

En Los niños del cielo, el protagonista, pudiendo ser el primero, busca quedar segundo por pura necesidad, por ganarse unos zapatos. Contrario, pienso, a lo que tantas veces creemos nosotros: que no podemos ser los mejores.

Pero hay alentadoras excepciones: Montoya, Botero y los patinadores, entre otros, logran con frecuencia ganar. Y son tan colombianos como nosotros. Con menos temores heredados, tal vez. Esos que tienen que desaparecer de la Colombia de Reinaldo Rueda en el Mundial, un equipo que, si bien sacó la cara por el país, pudo ser mucho mejor. Pudo, por ejemplo, ser fácil y justamente campeón.

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