LOS HEREDEROS DEL CEMENTERIO

LOS HEREDEROS DEL CEMENTERIO

Los hijos del sargento (r) del Ejército Carlos Ignacio Neira Páez, muerto el 19 de abril del año pasado, heredaron tierras, pero no para cultivar o vender. Su padre prefirió dejarles un cementerio, para que construyeran sus propias tumbas y las de sus hijos y nietos.

25 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Los hijos del sargento (r) del Ejército Carlos Ignacio Neira Páez, muerto el 19 de abril del año pasado, heredaron tierras, pero no para cultivar o vender. Su padre prefirió dejarles un cementerio, para que construyeran sus propias tumbas y las de sus hijos y nietos.

Jardines del Descanso, como Neira bautizó el camposanto, busca garantizar que toda la familia tenga dónde caerse muerta algún día.

Esa fue una de las principales preocupaciones del excéntrico personaje, que hace 28 años decidió asentarse en Tinjacá (Boyacá), y que llegó a convertirse en uno de los más importantes promotores de desarrollo de este municipio, adonde llevó la telefonía domiciliaria y el único centro gratuito para aprender técnicas comerciales.

El sargento siempre quiso reunir a sus 18 hijos (dos ya murieron), 56 nietos y 28 bisnietos, sin lograrlo. Tal vez en eso pensó cuando compró, con 700 pesos de 1974, 5.000 mil metros cuadrados de tierra árida y amarilla, en la cima de una colina que desde el sur le hace sombra al casco urbano de la población.

Para cambiar ese desértico terreno fueron necesarios muchos viajes a pie, desde el pueblo, subiendo más de un kilómetro de loma con cargas de piedra de río al hombro, amén de tierra negra, ladrillo y semillas.

La tarea fue llevada a cabo por todos los hijos de don Carlos, desde el más pequeño (que actualmente tiene 28 años) hasta el mayor (de 62).

Tenía 5 años cuando empecé a subir por la empinada cuesta. Como en esa época no había carretera, nos echaban la carga de piedra al hombro y nos daban un pedazo de panela , recuerda Isabel Amparo Neira Forero, una de las nueve hijas de El Loco Neira , como cariñosamente llamaban sus amigos a este chiquinquireño.

Hoy, los restos de dos de sus hermanos reposan en la tierra que ellos mismos ayudaron a acondicionar, junto a los del sargento Neira. Allí también descansan los abuelos de él, que comparten espacio con ocho tumbas simbólicas de otros antepasados.

Obra original.

Jardines del Descanso es hoy uno de los principales atractivos turísticos de la ruta entre Villa de Leiva y la religiosa ciudad de Chiquinquirá. El pequeño desierto que Neira compró se ha convertido, con el paso de los años, en un fresco bosque donde crecen flores y árboles de distintas especies.

Al lugar se llega por un camino peatonal, que sale del centro de Tinjacá y donde se recrean los pasos del vía crucis.

Una vez allí, el visitante encuentra un pequeño patio semicircular, cuyo piso muestra la ubicación y la distancia de las principales ciudades del país respecto de esta población, así como las rutas que la unen con ellas. También hay un mirador desde donde se observan los municipios vecinos y el paisaje del valle de Chiquinquirá.

Pero lo más llamativo es una pequeña vivienda subterránea, construida en la parte norte, que consta de cocina, baño, sala-comedor y un área privada, todo en un espacio mínimo. En ella se quedaban a veces Neira y su esposa, Paulina Forero, fiscal de la fundación que él creó para garantizar que su obra continuara y de la que todos sus hijos son socios. Hoy nadie la habita de modo permanente, pero sigue amueblada pues, de vez en cuando, algún familiar va a quedarse allí.

Además de la parentela, a este extraño apartamento solamente podía entrar Armando Peralta (hoy alcalde de Tinjacá), uno de los mejores amigos de don Carlos.

De bodas y funerales.

La propiedad también tiene una capilla donde se casó una nieta de Neira, el 5 de diciembre de 1997. Muchos invitados todavía recuerdan su sorpresa cuando leyeron la tarjeta: ... ceremonia que se celebrará en el jardín cementerio El Descanso .

La primera misa en este lugar fue oficiada por el sacerdote Carlos Gil, el 7 de agosto de 1981, en reemplazo del entonces párroco de Tinjacá, quien se negó a celebrar la ceremonia en ese cementerio.

Le pedimos al padre Gil que hiciera una misa por las almas de Simón Bolívar, Antonio Ricaurte, Francisco de Paula Santander, etc. Solo así logramos romper la resistencia , recuerda doña Paulina.

El templo obtuvo finalmente la aprobación eclesiástica en 1983, por una decisión del obispo de Chiquinquirá, monseñor Alberto Jaramillo Giraldo.

En el libro de visitantes del lugar se advierte que quien no lo firme y escriba sus impresiones del sitio se expone a que cuando yo (Carlos Neira) esté muerto venga y le jale las patas desde el más allá .

Bajo el piso de la capilla, don Carlos enterró en 1983 una cápsula del tiempo que contiene datos de la familia, periódicos (la edición 25.000 de EL TIEMPO, por ejemplo), revistas, mensajes grabados, fotografías y hasta una botella de vino añejo. Según el acuerdo, la cápsula debe abrirse el 27 de enero del 2016 (el aniversario número 100 del nacimiento del patriarca).

En el extremo norte del panteón familiar fue construida una terraza panorámica y, en la parte más alta del lote, la réplica de un libro con mensajes bíblicos relacionados con la vida y la muerte.

Un original sistema de recolección de agua lluvia abastece los 20.000 litros de capacidad de los tanques de almacenamiento. También hay servicio de energía eléctrica y teléfono.

En fin, este es un lugar que ofrece muchas comodidades para descansar, tanto en vida como eternamente. Es la herencia que les dejó a los suyos El Loco Neira , que en paz descanse.

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