ALARMANTE PROSTITUCIÓN DE NIÑAS

ALARMANTE PROSTITUCIÓN DE NIÑAS

Como si se tratara de un lugar destinado al sano esparcimiento, el Parque La Libertad, en pleno corazón de Pereira, se llena de niñas a eso de las 11 de la mañana.

25 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Como si se tratara de un lugar destinado al sano esparcimiento, el Parque La Libertad, en pleno corazón de Pereira, se llena de niñas a eso de las 11 de la mañana.

Ellas llegan del brazo de sus mamás y se confunden entre los vendedores de helados, dulces, frutas, drogadictos, emboladores y hasta policías.

Dan algunas vueltas por el parque, desfilan entre los árboles, se sientan, juguetean entre los peatones, cruzan las calles plagadas de taxis, buses y vendedores y al cabo de 10 minutos vuelven junto a sus progenitoras quienes no las pierden de vista.

Johana, Vanesa, Caterine, Andrea y Mónica (*) y las demás se sientan junto a los vendedores de helados. Todas tienen entre 10 y 12 años y lucen coquetas camisas ombligueras , minifaldas y strapless que solo desnudan su inocencia y dejan ver un avanzado estado de desnutrición.

Mientras siguen atentas las miradas de conductores y caminantes, esperan a que sus mamás logren atrapar a uno de tantos mirones que de vez en cuando quieren también tocar.

Diez mil el cuarto , dice una de las mujeres a un hombre de unos 45 años que se acerca para negociar. Luego de una corta charla el precio se acuerda y el negocio se cierra. El pago no alcanza los 7.000 pesos por solo 10 minutos de placer con la niña.

La mujer se adelanta llevándose de la mano a la pequeña que camina apurada y da saltos para no enredarse y caer al cruzar la calle. Caminan una cuadra y se pierden entre el tráfico sin dejar de mirar hacia atrás para no perder de vista al cliente.

Llegan a una calle angosta, plagada de travestis, prostitutas y vendedores de verduras que están acostumbrados al agite. Se detienen en una puerta oscura donde empiezan unas escaleras y allí la mujer empuja a la niña hacia adentro y se asegura de que el hombre entre también.

Casi 15 minutos después la menor y su madre se reúnen con las demás mujeres en la misma esquina donde comenzó la jornada.

Hacia las 3 de la tarde, las niñas se quedan solas y el juego sigue. Esta vez, sin la ayuda de sus mamás, consiguen los clientes. Ahora sus ropas están desajustadas, el cabello desordenado y todo el tiempo inhalan pequeñas cantidades de pegante que portan en bolsas plásticas.

Son esquivas cuando extraños que no se acercan para negociar las abordan y solo hablan cuando hay clientes de por medio. Algunas ni siquiera tienen conocidos en Pereira, proceden de otras ciudades y pueblos del Eje Cafetero, Valle, Antioquia o Tolima.

Las que se aproximan a los 18 años dicen tener más de un hijo, a cargo del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

Sin asombro de ninguna clase y con la aparente complacencia de todos los que rodean La Libertad, las niñas se van y se preparan para una nueva jornada en la que caen víctimas de la explotación sexual.

Unas 800 niñas.

Y es que el problema en Pereira tiene signos de escándalo por su magnitud, según lo indica un estudio del investigador Alejandro Uribe, quien reseña que en la ciudad existen unas 800 prostitutas menores de edad, pero la cifra puede ser más elevada debido a la imposibilidad de saber con exactitud cual es la población global.

Las niñas que practican el oficio son de diversa raigambre y de diverso tipo; una representante típica es la ubicada en el parque de La Libertad, que es en esencia una mujer pobre... es la prostituta popular cuya tarifa es baja (no más de 10.000 pesos) , dice el estudio.

Aunque también lo hacen clandestinamente y los reservados que representan la prostitución invisible son difíciles de detectar, lo evidente es que allí están involucradas numerosas menores de edad , dice el documento de la investigación.

Para el propio analista la solución al problema sería la creación del Centro Regional de Ayuda, Recuperación y Educación de la Menor Prostituida en el Eje Cafetero, como una oficina especial de la Alcaldía.

Pero más allá del intento por rehabilitar socialmente a las niñas, el investigador advierte que no hay que olvidar algo importante: La menor prostituida es antes que nada un ser humano, ella siente, ama, llora, ríe, es solidaria en su círculo y así piense que no tiene valores, sus instintos naturales expresan lo contrario .

(*) Nombres cambiados.

FOTO/Freddy Arango/EL TIEMPO.

Sin asombro de ninguna clase y con la aparente complacencia de todos los que rodean La Libertad, las niñas se preparan para una nueva jornada en la que son víctimas de la explotación sexual.

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