LA FIESTA NO FUE COMPLETA

LA FIESTA NO FUE COMPLETA

El que 15 mil personas llenen hasta el tejado una plaza de toros y se pongan de pies a la salida de un torero al ruedo, lo ovacionen largo y entapeten la arena con claveles rojos, entre gritos de torero, torero! , y Céeesar, Céeesar , emociona, eriza la piel y hace entender la enorme admiración y el cariño que se ha ganado Rincón.

03 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

El que 15 mil personas llenen hasta el tejado una plaza de toros y se pongan de pies a la salida de un torero al ruedo, lo ovacionen largo y entapeten la arena con claveles rojos, entre gritos de torero, torero! , y Céeesar, Céeesar , emociona, eriza la piel y hace entender la enorme admiración y el cariño que se ha ganado Rincón.

Todo pintaba a fiesta grande, a pesar de que San Pedro tenía las sábanas grises extendidas en lo alto. Pero no. El cielo terminó despejado y lo que aguó la tarde fue saliendo gota a gota por la puerta de toriles.

Un encierro bien presentado, eso sí. Sin mucha cara pero con cuajo y kilos: 471 dieron en promedio los toros de El Paraíso, cuatro castaños quemados, o requemados, albardados unos, pero mansos.

Sigue salada la mano para Rincón en los sorteos. El primero de ayer se caía de un soplo. Y era manso. Apenas aguantó dos o tres bellas verónicas del diestro bogotano. Rincón sabe mucho, pero no ha descubierto cómo meterles vitamina a los toros durante la faena. No hubo nada. Y para mayores males, Rincón tuvo más cautela que decisión a la hora de matar. Y pinchaba, pinchaba, hasta que sonó un aviso.

El otro castañito, era un toro cortico de cuerpo y al parecer de la vista. Y de casta. Medio pasaba y se iba a buscar piedad en las tablas. Así, ni el mago Lorgia. Pinchó y mató de un espadazo. Por culpa de los toros Rincón solo vino a saludar a su público, pero queda pendiente verlo torear.

La gran faena de la tarde.

A Manuel Caballero le correspondió Salinero , el único toro con casta, raza y nobleza, de la tarde. Un ejemplar extraordinario, toreado con belleza y arte. Esos lances con que lo saludó fueron templados y lentos como el viejo tren de carbón. Le brindó su faena a César Rincón. Y qué faena. Si el vino estaba escaso, por los amagos de prohibición, Caballero les dio a chorros del propio Marqués de Riscal, con se embriagó también él.

Son inolvidables esas tandas de naturales, adelantando la mano y jalando del toro hacia atrás, hasta donde la vista llega, quieto el torero, sembrado en la arena. Inolvidables las series por la diestra, en redondo, suave, con la mano baja, barriendo la arena, a veces de frente. Cuajó ese toreo puro, tan natural que anhelan ver los buenos aficionados. Circulares, pases de las flores, series y series, ante un torazo que transmitía mucho. La apoteosis coqueteaba en los burladeros. Pero por la demagogia de esperar el indulto, lo que era la salida a hombros, terminó en un saludo desde el tercio, pues pinchó varias veces y tuvo que descabellar. Vuelta al ruedo al bravo toro.

Del otro, ni hablar. Un manso que tiraba hachazos. Y, como así pasa, a este sí lo mató de un espadazo. Coño, como dicen en España.

Un nuevo matador.

Tomó la alternativa Ramsés , en una ceremonia emotiva, afectuosa, en la que Rincón le puso esa toga invisible de matador. El nuevo torero le hizo un brindis a su padre, El Bogotano , y vino un momento en el que si no caía lluvia de lo alto, sí bajaron unos goterones por las mejillas de padre e hijo.

Toreó con suavidad ante un toro aplomado, que quería quitarle emoción al acto. A base de ganas Ramsés le sacó buenos pases. Estuvo muy bien, e inclusive emocionó a la banda. Pero a pesar del espadazo tuvo que descabellar y también tocaron desde la presidencia. La historia dirá que en el toro de la alternativa Ramsés saludó desde el tercio.

El sexto era un negro grandulón, como para un torero con cien corridas encima. Embestía feo, sin misericordia con el que apenas estrenaba pergamino. Había voluntad, garra, ganas, pero arte no. Mató de un espadazo.

Lo mejor, la faena dicha, la plaza llena, el recibimiento a Rincón, y que no llovió. Pero una tarde de toros sin orejas, es un partido de fútbol sin goles.

FOTO/John Wilson Vizcaíno EL TIEMPO.

1- Manuel Caballero toreó con belleza y arte ayer en la Santamaría.

2- No tuvo suerte César Rincón con su lote. Poco pudo hacer.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.