EL CONSTRUCTOR QUE SE DERRUMBÓ CON SU EDIFICIO

EL CONSTRUCTOR QUE SE DERRUMBÓ CON SU EDIFICIO

Un hombre ha esperado durante tres años a que llegue una explicación, una respuesta. Y mientras aguarda, dos cosas se han deteriorado: su salud y un edificio que recién había levantado.

03 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Un hombre ha esperado durante tres años a que llegue una explicación, una respuesta. Y mientras aguarda, dos cosas se han deteriorado: su salud y un edificio que recién había levantado.

El caos retumbó el 14 de diciembre de 1999, cuando la encargada del aseo de la joven construcción lo llamó a su teléfono. Descolgó. Ahí concluyó su tranquilidad y comenzó su derrumbe: Doctor, unos desplazados quieren meterse al edificio... están afuera... hay mucho desorden .

El epicentro era la sede del Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr), que días atrás había arrendado dos pisos -por 14 millones y medio de pesos mensuales- en el edificio Los Laureles para adecuar sus oficinas. Aquella tarde un grupo de campesinos se ubicó en sus afueras para dejar de ser invisibles, para que el Gobierno los viera.

Me fui para allá. Logré entrar, sin decir quién era, y subí hasta donde estaban los encargados de la Cruz Roja. Me dijeron que confiara, que pronto se solucionaría , dice el dueño del edificio que, por su seguridad, en esta historia no tendrá forma ni nombre.

El, que durante su vida levantó casas y edificios, cayó con su última obra. Había sacado -relata- un crédito por 1.300 millones de pesos para hacer Los Laureles. Antes de que llegaran los desplazados estaba en proceso de venta o arrendamiento de las oficinas .

Desde que se graduó como arquitecto, quería gestar una empresa constructora. Lo hizo. Su comienzo, lento, casi al mismo ritmo de fabricación de una casa: ladrillo tras ladrillo. Porque hace 50 años el único capital que tenía era la educación que a buen precio le había pagado su papá.

La solución no aparecía, menos una explicación o una respuesta. Lo que sí recibía con puntualidad rigurosa eran las facturas de los servicios públicos y el cobro de un crédito bancario.

La situación se agrava.

La posibilidad de un arreglo inmediato se diluyó 21 días después (el 4 de enero del 2000). Armados de palos, un centenar de desplazados ingresaron al inmueble y retuvieron a 37 funcionarios del organismo humanitario. Exigían la presencia del Ministro del Interior, el director de la Red de Solidaridad Social y el Procurador General.

Me dijeron que por tratarse de una sede de la Cruz Roja no los podían sacar a la fuerza. Que, por favor!, esperara, que el Gobierno y los desplazados negociarían , recuerda.

Un mes después, solicitó la intervención de la Policía Nacional para evitar que fueran ocupadas otras áreas del edificio, distintas a aquellas del Comité Internacional de la Cruz Roja, pero nadie le prestó atención. Los ocupantes avanzaban piso tras piso.

Un mes más, seguían los cimbronazos: las posibilidades de venta se dilataban, los intereses del crédito eran tan altos como un edificio, había tomado la decisión de no pagar más los servicios públicos.

Sin agua, luz ni teléfono se quedó una propiedad horizontal ubicada en la zona rosa de Bogotá, que tenía 2 sótanos para parqueaderos, 3 locales, 41 oficinas y 170 líneas telefónicas.

El 19 de abril del 2002, cuando la Cruz Roja decidió no mediar más entre el Gobierno y los ocupantes, el arquitecto colapsó. Ya no dormía. No le podría asegurar cuántas, pero sí fueron muchas las noches en vela. Tuve que recurrir a un psiquiatra , cuenta.

Sin embargo, la preocupación no era exclusividad suya, pues los propietarios del hotel Hamilton Court, a pocos metros de Los Laureles, decidieron dejar de atender. La zona, para entonces, era un fortín de limosneros y los enfrentamientos entre los desplazados y las autoridades, habituales.

La deuda agobiaba. Invocó ayuda, a través de cartas, de la Fiscalía, de la Procuraduría, de la Policía Nacional, de la Red de Solidaridad, del Defensor del Pueblo, del Alcalde de Bogotá, de la Alcaldesa Local de la Zona Dos de Chapinero y del Ministro del Interior. Las comunicaciones llegaron a cada una de estas dependencias. Solo la Defensoría contestó y manifestó que pondría una tutela.

Estaba muy desilusionado. A mi hermano, que es mi gran socio, le hicieron cuatro bypass. No sé como describir lo que yo padecía, pero era lo más parecido a la tristeza , dice el constructor.

El 23 de noviembre del 2002, la Cruz Roja anunció que no utilizaría más esa sede y que se iría para la calle 76 con carrera 10. Al constructor le mandaron las llaves en un sobrecito. A esa altura, la Defensoría interpuso una acción de tutela que en diciembre arrojó resultados:.

La Corte Constitucional determinó que el problema no podía seguir y les daba un plazo de 48 horas al presidente Andrés Pastrana, al Procurador, al Defensor del Pueblo y al Director de la Red de Solidaridad para que resolvieran el conflicto. Y que en máximo 30 días los desplazados debían ser reubicados.

Qué cree que pasó? Nada. Nadie hizo nada. Por el contrario -cuenta el dueño de Los Laureles- no había opción. Con mucho dolor, tuvimos que vender otras propiedades que teníamos, a un precio más bajo que el real, para pagar las deudas. Llegaban noticias de que el edificio estaba totalmente ocupado y acabado. Qué tal que la construcción hablara! .

Porque si lo hiciera, diría que fue testigo del nacimiento de unos 10 niños, víctima del vandalismo, que sus terminados, cables, baños y ascensores fueron destruidos. Que su restauración hoy costaría unos 3 mil millones de pesos.

El desalojo.

La Defensoría se volvió a manifestar ante el incumplimiento de la decisión de la Corte. Esta vez dijo que los propietarios del edifico debían iniciar acciones judiciales por su cuenta, pues el Estado no podía hacer más.

En enero del 2002, aún con el edificio ocupado, el constructor tomó una decisión: demandar a la Nación por 15 mil millones de pesos.

El 22 de diciembre del año pasado, la Fiscalía allanó el edificio para atrapar a 10 presuntos sospechosos de delitos comunes.

Así acabó la toma de la construcción que duró tres años y en la que al final había 106 desplazados. Según el Gobierno, para ellos destinó 3 mil millones de pesos en subsidios para vivienda y en asistencia alimentaria.

Ese día la que me llamó fue mi hermana. Me dijo que habían desalojado al edificio. En ese momento no me puse feliz porque pensé en todos los daños sufridos. Sin embargo, ahora creo que fue lo mejor , dice.

Los Laureles está hoy abandonado y sellado. Carlos Ríos, vocero del Cicr, dice que la entidad no se pronuncia sobre el caso.

El arquitecto admite que aún tiene rabia ante tanta negligencia y tres años después espera aún una respuesta.

A su ya avanzada edad tiene un nuevo deseo: que el tiempo le permita volver a comenzar.

FOTO/Archivo particular.

En 1997, el edificio de Los Laureles tomaba forma y color, El arquitecto había estructurado 41 oficinas, distribuidas en cinco edificios.

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