PREOCUPACIÓN Y ENTUSIASMO

PREOCUPACIÓN Y ENTUSIASMO

Estas dos palabras describen claramente el clima de los dos foros que se realizaron simultáneamente: Davos y Porto Alegre. Recuperar la Confianza ha sido el lema del primero donde se reúnen los poderosos del mundo y para muchos los neoliberales que han estado dirigiendo el modelo económico en boga.

24 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Estas dos palabras describen claramente el clima de los dos foros que se realizaron simultáneamente: Davos y Porto Alegre. Recuperar la Confianza ha sido el lema del primero donde se reúnen los poderosos del mundo y para muchos los neoliberales que han estado dirigiendo el modelo económico en boga.

La llamada por el economista norteamericano Paul Kruger, como la crisis del capitalismo norteamericano y, la inminencia de una guerra, constituyen sin duda las bases de las preocupaciones que rodean el encuentro que se llevó a cabo Suiza, que Lula, el presidente de Brasil, llamó la montaña mágica de Davos.

Soros, Clinton, Bill Gates, los grandes políticos, banqueros e industriales del mundo, son los visitantes recurrentes de este encuentro que lleva más de treinta años pero que ha ganado particular importancia en la última década. Para los analistas, este sentimiento contrasta con la euforia del evento el año anterior cuando se respiraba un aire de confianza sobre el fortalecimiento de los grandes capitales mundiales sin mayores amenazas en el horizonte.

Dos mil asistentes en donde los pobres son los presidentes del Sur y una que otra ONG invitada como símbolo de preocupaciones que no les son propias, constituyen este centro de debate sobre la economía mundial desde la perspectiva de quienes ostentan el poder real.

Cien mil asistentes de todos los rincones del planeta llegaron a Porto Alegre, ciudad de 2 millones de habitantes situada en el sudeste brasilero, con una correlación de fuerzas opuesta a la del encuentro en Davos. Aquí los ciudadanos del Norte parecen pedir excusas por venir de allí y explican su presencia por tener causas en común con el Sur. Fue el Tercer Foro Social Mundial y la alegría, el optimismo, la rebeldía, llegaron a superar lo observado en los dos foros anteriores.

La razón es evidente: no solo ha logrado acaparar las noticias mundiales con más de 4 mil periodistas inscritos para cubrir el evento sino que pasó de ser la reunión de una sociedad civil ignorada y marginada, a sentirse en el poder al llegar, uno de los suyos, a convertirse en el Presidente de uno de los países más grandes e importantes del mundo. Esos sectores, cuyo discurso se puso en el rincón del olvido durante casi dos décadas, han encontrado un vocero legítimo no solo por representar 140 millones de habitantes sino porque viniendo de sus bases, insiste en el discurso que los une, la marginalidad, la pobreza, la injusticia y el hambre.

El hecho más interesante de estos dos eventos lo constituyó la presencia también casi simultánea en Porto Alegre y Davos, del Presidente Lula Da Silva. Venciendo una presión proveniente de los más radicales para que no asistiera a Davos, viajó allí después de uno de los momentos más emotivos del Foro Social Mundial, cuando miles de participantes se desbordaron en alegría y orgullo cuando se dirigió a ellos. Ahora cuenta con el apoyo que no tuvo en su momento después de una excelente presentación, corta, concreta, sencilla y con mucha dignidad, en el Foro Económico de Davos. Recibió de nuevo grandes aplausos provenientes de un público que ha visto su llegada al poder con infinita desconfianza. No sonó populista sino comprometido con las bases que lo llevaron al poder. No sonó brasilero solamente sino representante de ese Sur que no logra ser oído. No se opuso a la disciplina fiscal y al libre comercio sino que pidió corresponsabilidad y le expresó a los poderosos que mirar al Sur con otros ojos, era inteligencia política. Como nota interesante debe mencionarse su equipo. Al menos el que lo acompañó a su gira por Europa se escuchó serio, competente y maduro, aún el folclórico pero reconocido Ministro de Cultura.

Lejos de propiciar una ruptura entre los poderosos y los pobres, Lula construyó un puente que por ninguna razón debe romperse. La respuesta que Davos de al Fondo Mundial contra la Pobreza, propuesta concreta del Presidente del Brasil y que ya se había aprobado en Johannesburgo, pero que Lula lo somete al financiamiento del Grupo de los 7, será una clara señal sobre el acercamiento de esos dos mundos cuya distancia la pagan las tres cuartas partes del Planeta.

Así mismo, el Sur entenderá que llegó la hora de la moderación, de la concreción, del diálogo, de propiciar el liderazgo de aquellos que entiendan la globalización no solo como un peligro sino como una oportunidad. La prensa brasilera ha comentado que ese puente es la base para construir una verdadera Tercera Vía, refiriéndose a un nuevo paradigma de desarrollo que se demanda en todas las conferencias, foros y talleres de Porto Alegre. Eduardo Galeano, el reconocido escritor Uruguayo, lo resumía muy simplemente, pasemos del yo al nosotros y fue ovacionado por más de 20 mil asistentes, hasta el cansancio.

Una de las notas disonantes la dio Estados Unidos con el más moderado de sus funcionarios, Collin Powell, quien en Davos solo habló de guerra y de terrorismo sin que el tema del desarrollo mereciera el más mínimo comentario. Y lo triste es que esa tónica también la siguieron algunos mandatarios latinoamericanos, quienes han sido fuertemente criticados.

En Porto Alegre fue el presidente de Venezuela quien ha querido utilizar políticamente un Foro de la sociedad civil. Aún todos los que defienden la existencia de un gobierno elegido legítimamente como el de Venezuela, consideran que buscar apoyo en el exterior mientras pierde la gobernabilidad en su país es por decir lo menos, oportunista.

Si algo une a los dos encuentros en este momento es una cierta dosis de nerviosismo. En Davos, porque todavía no creen en la madurez de Lula y en su capacidad para conducir seriamente ya no solo el Brasil sino a aquellos países que buscan una salida distinta que desafortunadamente no son todos los de la Región. En el Foro Social el nerviosismo obedece al reconocimiento de los pocos grados de libertad con que cuenta el nuevo gobierno para cumplir sus promesas de hacerlo distinto. Las expectativas son exageradas y deben ser moderadas, sin duda.

Lo verdaderamente importante es que el Norte y sus instituciones, el Fondo Monetario y el Banco Mundial, entiendan que es mejor flexibilizar sus posiciones y dar cabida a estrategias que permitan frenar la precarización de la población, que verse enfrentados a posturas más radicales que comprometan totalmente el pago de la deuda, que maten de una vez por todas el ALCA y, que en fin, le den un portazo al modelo actual sin posibilidades de una salida intermedia. Lo único malo de que hubiesen estado en Porto Alegre los dueños del Mundo, es que pueden ignorar que el palo no está para cucharas y que el Sur llegó al poder y no se va a contentar con caramelos.

Tanto Porto Alegre como Davos tienen una oportunidad histórica para iniciar otra etapa en la vida de las relaciones internacionales al pasar a la historia como los articuladores de una nueva etapa del desarrollo mundial que logre resolver las contradicciones entre los dos mundos. Nace la esperanza de volver realidad el lema que ha orientado los Foros de Porto Alegre y que se repite sin cesar Otro mundo es Posible.

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