FMI EQUIVOCADO IV

FMI EQUIVOCADO IV

Dos objetivos constituyen la misión primordial del FMI: uno evitar situaciones de desequilibrio en la balanza de pagos del país miembro que puedan conducir a insolvencia en sus pagos internacionales y a posiciones críticas de endeudamiento externo.

21 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Dos objetivos constituyen la misión primordial del FMI: uno evitar situaciones de desequilibrio en la balanza de pagos del país miembro que puedan conducir a insolvencia en sus pagos internacionales y a posiciones críticas de endeudamiento externo.

El otro, tiene que ver con el mantenimiento del equilibrio monetario interno para frenar a tiempo presiones inflacionarias que puedan conducir al deterioro de los precios internos y a desajustes inconvenientes en el manejo de los pagos internacionales del país. Sobre este segundo objetivo gravita el interés del Fondo de que se mantenga una situación fiscal sana pues tradicionalmente este campo de la macroeconomía ha sido la principal fuente de desequilibrio monetario en economías en crecimiento.

Los dos objetivos tienen que ir de la mano en la tarea del gobierno y del Fondo. No es posible lograr equilibrio duradero en la economía monetaria interna de un país con una balanza de pagos en contínuo desequilibrio. Y, al revés, no es tampoco posible lograr equilibrio en la balanza de pagos con una economía monetaria interna en continuo desorden.

Los acuerdos de stand-by- o acuerdos de contingencia- del FMI tienen que abordar con precisión estos dos objetivos. La tesis de estos artículos -y cuyo examen queremos llevar hasta las últimas consecuencias porque hay demasiadas cosas en juego en términos del bienestar colectivo- es la de que el tratamiento del Fondo sobre el objetivo de equilibrio en la balanza de pagos ha pasado a un lugar secundario. El objetivo de equilibrio interno -y de balance en las cuentas fiscales- ha desplazado en importancia por completo al objetivo de equilibrio externo, esto es al objetivo de disciplina y orden en la balanza de pagos.

Lo anterior es visible en el comportamiento del FMI a raíz del nuevo esquema de globalización y apertura de la última década. En América Latina esta desviación de la misión esencial es patética y el problema colombiano conforma un admirable caso de laboratorio para iniciar un enjuiciamiento cuidadoso de la entidad que conduzca eventualmente a una corrección del rumbo. La secuencia de eventos es nuestro juicio:.

Desde el momento mismo en que se hizo el desmonte de las barreras arancelarias del país en 1991 y 1992 empezó a producirse un fuerte desequilibrio en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Ese desequilibrio fue notable a lo largo de casi toda la década de los noventas y el déficit acumulado en los últimos diez años es del orden de los 30 mil millones de dólares.

La consecuencia directa de este desequilibrio externo fue la caída vertiginosa del ahorro nacional y el incremento acelerado de la deuda externa. El ahorro nacional cayó en 10 años de una participación en el PIB de cerca del 24 % a la mitad de esa cifra y la deuda externa, como participación del PIB, se duplicó en el mismo período. Los dos problemas debieron haber sido categóricamente, puntos de atención prioritaria en el diseño de las metas de los acuerdos del Fondo con Colombia. Este tratamiento brilló por su ausencia en los sucesivos acuerdos. pero el vacio se repite en el acuerdo más reciente de mediados de enero de este año.

La caída notable del ahorro nacional creó las condiciones apropiadas para el alza persistente de las tasas de interés que condujo a la parálisis de la inversión, la producción y el empleo. El colapso de la industria de la construcción fue apenas una de las manifestaciones más notorias del problema y el comportamiento negativo del ahorro y la inversión no fue materia de atención del fondo en sus acuerdos y en ninguna parte se vio la preocupación del Fondo por el vínculo estrecho entre el déficit externo, la caída del ahorro, el debilitamiento del ingreso y de la producción y el encogimiento de la base tributaria.

El Fondo se equivocó sistemáticamente en su apreciación y proyecciones sobre la respuesta a la apertura de las principales tendencias macroeconómicas en cuanto a la balanza de pagos, la capacidad nacional para ahorrar e invertir, los niveles de producción y empleo, y en general las posibilidades de crecimiento de la economía. Es comprensible que esta equivocación se repitiera en uno, dos o tres años pero resulta verdaderamente sorprendente que el error se haya mantenido durante más de una década y persistamos todavía en este.

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