JORGE HERNANDEZ CAMACHO

JORGE HERNANDEZ CAMACHO

El desorden que lo caracteriza nada tiene que ver con su organización mental. Libros en inglés, francés o español, ensayos suyos o de otros, papeles, láminas, documentos, mapas... Todo está regado por todas partes. El comedor de su casa se convirtió prácticamente en una biblioteca donde los estantes son el piso, las sillas, la mesa de ocho puestos y el bifé. Solo él sabe dónde está lo que quiere. Por eso se molesta cuando su secretaria o su esposa le ordenan su desorden. Pero si no fuera así, se perdería entre el arrume de sus cosas que acumula.

24 de abril 1992 , 12:00 a.m.

Ese desorden se extiende a su forma de vestir. Si las prendas combinan o no lo tiene sin cuidado. Nunca se daría cuenta de si sale a la calle vestido como un payaso. Pero de que eso no suceda se encarga Julia, su esposa, que en 23 años de matrimonio se volvió una experta en mantenerlo en su punto.

Lo mismo pasa con su horario. Lo ajusta a su ritmo de vida que funciona mejor en las horas de la noche. A la oficina llega entre las 10 y las 11 de la mañana y sale a la cinco, directo a su segunda oficina: un lugarcito en la calle 34 donde al calor de unos tragos de ron con coca-cola, conversa hasta pasada la media noche con todo el que se le arrime. El tema: de lo que quieran; él se encarga de ponerle el toque naturalista. Luego llega a su casa para leer y leer hasta la 4 o 5 de la mañana.

Así, este hombre que cuando fue a entrar al colegio lo recibieron de una vez en tercero de primaria. Cuando terminó quinto de primaria lo pasaron de un solo salto a cuarto de bachillerato. Y cuando fue a ingresar a la universidad lo recibieron como profesro del Instituto de Ciencias Naturales y no como alumno.

Sí, es un genio que se pierde entre la timidez de su carácter, la sencillez de su temperamento y la modestia de su espíritu. No hace ostentación de todo lo que sabe acerca de la ciencias naturales, ésas que lo apasionaron desde que vio una serpiente disecada. Desde entonces, la lectura sobre temas de zoología, biología, taxonomía, ecología, medio ambiente, geología, botánica, raíces griegas y latinas, y otras tantas gías lo han convertido en una de las personas mejor documentadas y preparadas no sólo de Colombia sino de toda América.

De ahí que sea la cabeza científica del Inderena, instituto que ayudó a fundar. Allí es el jefe de la Unidad de Investigaciones Federico Medem (UNIFEM).

Además se ha convertido en todo un representante político y diplomático de Colombia. Es un negociador duro, que más de una vez ha dejado callados a otros tantos científicos en reuniones mundiales. Tanto que es el representante del país ante la Convención Mundial de la Biodiversidad, tema central de la cumbre de Rio 92.

Como un reconocimiento a su labor por proteger, resaltar y descubrir la fauna y flora americanas, acaba de ser galardonado con el Premio Global 500, que otorga la Organización de las Naciones Unidas a los personajes más sobresalientes del mundo en el campo ambiental.

Estos homenajes son los que hacen que Jorge Hernández Camacho, de 57 años, se esconda de la fama tras el humo de los innumerables cigarrillos que se fuma al día y que las manos le tiemblen cuando está ante un periodista.

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