EL TERREMOTO CAFETERO EN PERSPECTIVA

EL TERREMOTO CAFETERO EN PERSPECTIVA

El gobierno de Colombia ha tenido que afrontar diversos desastres naturales en los últimos años, utilizando para ello distintos esquemas. Sin ninguna duda, el proceso de reconstrucción de la zona cafetera es el que mejores resultados ha generado en este tipo de intervenciones tanto a nivel nacional como internacional .

26 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

El gobierno de Colombia ha tenido que afrontar diversos desastres naturales en los últimos años, utilizando para ello distintos esquemas. Sin ninguna duda, el proceso de reconstrucción de la zona cafetera es el que mejores resultados ha generado en este tipo de intervenciones tanto a nivel nacional como internacional .

Así se refiere, elogiosamente, el Banco Mundial en su última evaluación (Reporte No. 24386, del 10 de enero del 2003) a los resultados del esquema organizativo que puso en marcha Colombia para hacer frente al reto descomunal que le planteó la reconstrucción del Eje Cafetero, devastado por el terremoto del 25 de enero de 1999.

Que el Banco Mundial considere que lo que se hizo para reconstruir la zona cafetera haya sido una de las experiencias internacionales más exitosas en el manejo de desastres naturales es una apreciación que no debe pasar inadvertida.

Es un juicio de especial relevancia por dos razones: en primer lugar, porque el Banco tiene una amplia experiencia en estos asuntos. No hay programa asociado a desastres naturales de consideración en el mundo en que no esté presente esta entidad multilateral. Y en segundo lugar, porque desde la primera hora, el Banco Mundial se vinculó con el crédito internacional más importante (470 millones de dólares) con que contó el gobierno colombiano para hacerle frente a la emergencia.

Emergencia que no fue menor, como el mismo informe lo recapitula. Los daños del terremoto se estima que valieron 1.800 millones de dólares, suma equivalente al 35 por ciento del PIB de la región afectada y al 2 por ciento del PIB nacional. Unas 560.000 personas resultaron directamente afectadas por el terremoto y 1,5 millones lo fueron de manera indirecta. Hubo 1.185 muertos y 9.000 heridos, y 150.000 familias quedaron sin techo, además de los daños en la infraestructura física de la región, que fueron inmensos.

De acuerdo con la evaluación del Banco Mundial, las claves del éxito de la reconstrucción radicaron en los siguientes factores:.

Un esquema ampliamente descentralizado. El Forec no se ideó como un paquidermo burocrático, sino como una estructura ligera, que coordinó el trabajo de 32 ONG, bajo cuya responsabilidad estuvo la ejecución de otros tantos programas locales de reconstrucción en que se dividió la zona afectada.

Los costos administrativos del Forec fueron muy bajos (3,5 por ciento del total de los recursos invertidos). El informe del Banco Mundial llega a señalar, inclusive, que en determinados momentos fue tal la austeridad administrativa con que trabajó el Forec, que ello puede explicar el retardo en el inicio de algunos programas, junto con el tiempo previo de planeación inicial que exigía la puesta en marcha de los proyectos.

Tampoco se lo diseñó como una entidad permanente. Esto permitió liquidar con facilidad al Forec cuando cumplió su cometido. Igualmente agrega el informe , pese a que durante la reconstrucción se sucedieron tres elecciones, se logró evitar la peste que siempre contamina este tipo de programas en regiones golpeadas por tragedias naturales: el manipuleo politiquero.

Una de las ONG que salen mejor evaluadas en el informe del Banco Mundial es la Federación de Cafeteros y su red de comités departamentales y municipales. A ellos se les encomendó la reconstrucción de la zona rural afectada. Y fue este el programa que anduvo más rápido.

Un proceso de reconstrucción no es solo cuestión de inversión física. Es también asunto de comunicaciones y de liderar solidaridad entre la comunidad afectada. Un total de 1.124 organizaciones sociales estuvieron comprometidas en este proceso de creación de conciencia pública sobre los derechos de los damnificados. Igualmente, una bien orientada campaña de comunicaciones del Forec logró transmitir la realidad de que los recursos se estaban manejando con transparencia, así no faltaran debates, como es ineludible en procesos de esta magnitud.

El colapso económico que generó el terremoto se superó con relativa prontitud. El desempleo de la zona damnificada, por ejemplo, que en febrero de 1999 alcanzó el escalofriante nivel del 52 por ciento, disminuyó al 19 por ciento en el año 2000, gracias a los empleos que generó la reconstrucción misma.

Del terremoto de la zona cafetera del 99 restan en nuestras memorias recuerdos tristes e imágenes sobrecogedoras. Afortunadamente, quedan también lecciones provechosas como lo destaca con justicia este informe del Banco Mundial sobre la manera como un Estado debe hacerles frente a los desastres de la naturaleza.

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