REFORMA MATA REFERENDO

REFORMA MATA REFERENDO

Hace unos días quedé turulato al escuchar a Germán Vargas Lleras por distintas cadenas radiales. A menos que yo esté loco, me pareció que el senador Vargas- sin duda uno de los principales voceros de la bancada uribista- estaba haciendo quites, como cualquier torero fino frente a su bestia, al tema del Referendo: una de las principales banderas del gobierno de Uribe en estos momentos.

26 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Hace unos días quedé turulato al escuchar a Germán Vargas Lleras por distintas cadenas radiales. A menos que yo esté loco, me pareció que el senador Vargas- sin duda uno de los principales voceros de la bancada uribista- estaba haciendo quites, como cualquier torero fino frente a su bestia, al tema del Referendo: una de las principales banderas del gobierno de Uribe en estos momentos.

Esta posición coincide no solo con el hecho de que muchos pensamos que a este instrumento le falta carne y perrenque , sino con el criterio colectivo de otros parlamentarios no vinculados al Gobierno, al menos tan estrechamente.

Al igual que varios de sus colegas, el senador Juan Fernando Cristo considera que si el Ejecutivo le mete julepe a la reforma política, esta podría quedar aprobada en la legislatura que viene, es decir el próximo 20 de julio, ya que el año pasado tuvo un curso feliz en la primera vuelta.

En gran parte Cristo tiene razón. Si se comparan cuidadosamente los artículos de la reforma política con los del Referendo, la conclusión es que 12 de los 18 artículos incluidos en este de hecho están incorporados en tal reforma. Y hay cuatro excluidos, que son entre otros los que no apenas suscitan cierta impopularidad del Referendo, sino que uno, por ejemplo, votaría NO en caso de que la Corte apruebe tal mecanismo y el Presidente quiera jugársela definitivamente por este lado, con todos los riesgos electorales que ello encierra.

No está en la reforma, en efecto, la congelación de sueldos en el sector oficial para aquellos que están por debajo de dos y medio salarios mínimos. Sí están congeladas en cambio las remuneraciones de los altos funcionarios.

No está incorporada a la reforma la prohibición de la dosis personal de droga, cuyos defensores han querido malinterpretarla, como si se tratara de tolerancia o laxitud en relación con el consumo de estupefacientes. Tampoco figura en la reforma la ampliación del mandato de alcaldes y gobernadores, concejales y diputados, que a mi juicio rompe por completo la igualdad y el equilibrio electorales.

Y tampoco incluye la reforma la supresión de contralorías y personerías, que también es un punto controvertible, puesto que, al menos en el caso de las segundas, son las delegadas del Ministerio Público y las que de alguna forma garantizan, con su presencia, que se cumpla el debido proceso con el rigor de la ley, en aquellos pleitos en que las partes reclaman que así sea.

Y aunque lo que el Gobierno ha dicho es que al suprimirse dichas entidades que, al existir, en su criterio todo se lo chupa la burocracia , esa plata iría directamente a salud y educación (lo cual sin duda es muy loable), habría otras formas de reemplazar tales ingresos, incluso aumentarlos. Según dijo en Cúcuta el ex ministro Juan Camilo Restrepo, si se pone en vigencia el IVA del 2 por ciento para todos los productos no a partir del 2005 sino antes, eso compensaría en gran parte el recaudo que se piensa destinar al sector social.

Y aun cuando puede ser cierto que las personerías y las contralorías tienen demasiada burocracia, tampoco los responsables del manejo del Estado se pueden dar el lujo de reducir nóminas oficiales de esta manera (así inclusive se trate muchas veces de trabajo no productivo) cuando los índices de desempleo se mantienen intactos y detrás de cada asalariado del sector público hay muchas familias que viven o sobreviven gracias a ese ingreso.

* * * * *.

Aunque supongo que para el Gobierno son preocupación primordial los artículos del referendo relacionados con la cuestión fiscal, no es tan descabellado pensar que una buena reforma política podría suplir las coberturas y objetivos de un Referendo que, así sea necesario en muchos aspectos, según las encuestas resulta hoy impopular.

Aparte de los costos económicos y del desgaste que suscita montar toda la infraestructura promocional y electoral para sacarlo adelante, el Referendo está frenando otra vez la economía, como ha ocurrido generalmente antes de todas las jornadas electorales. Recuérdese no más lo que en este aspecto causó la anunciada revocatoria del Congreso por parte de Pastrana y luego la amenaza de la propia revocatoria presidencial planteada por Serpa: un frenazo económico total.

En tal sentido, si el Gobierno busca reactivar la economía precisamente para generar más puestos de trabajo, abortar el Referendo no sería en modo alguno una locura. Además de que tranquilizaría las distintas variables económicas, los reajustes fiscales que necesita el Ejecutivo puede hacerlos a través de otras formas: leyes ordinarias o incluso apelando a la emergencia económica, si es el caso.

El hecho de haber comprometido dicho reajuste fiscal con un organismo internacional como el FMI, dejándolo en manos de la suerte electoral, no deja de ser una cuestión muy azarosa.

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