Secciones
Síguenos en:
UNA FAMILIA ÉTICA

UNA FAMILIA ÉTICA

Una familia del barrio Quiroga, de Bogotá, fue el modelo. Gustavo Bolívar, libretista del seriado Pandillas, guerra y paz, la conoció cuando hacía el programa Unidad investigativa.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
02 de mayo 2003 , 12:00 a. m.

Una familia del barrio Quiroga, de Bogotá, fue el modelo. Gustavo Bolívar, libretista del seriado Pandillas, guerra y paz, la conoció cuando hacía el programa Unidad investigativa.

Durante cuatro o cinco generaciones, la parentela en mención se había dedicado a robar, pero con condiciones. La matrona de la familia dictaba las normas. La primera y la más importante: no matar ni herir a la víctima. La segunda, entregarle al recién robado, antes de salir corriendo, sus documentos personales.

Por supuesto que a cualquiera puede parecerle una historia macondiana y traída de los cabellos. Pero para Bolívar es una más de las muchas anécdotas de su trabajo como libretista, en el que lleva solo tres años y medio.

Y así, creó la familia de Carroloco, uno de los integrantes de la banda de Richard y uno de los personajes más cercanos a los televidentes.

Humanizar el delito.

Mi idea, por supuesto, no es hacer apología del delito, sino tratar de humanizarlo un poco , afirma Bolívar. Colombia es un país donde combatir la delincuencia es muy difícil, por distintos aspectos sociales. Por eso hay que tratar de verlo desde otro lado .

Y para Bolívar, ese otro lado es el humor. La familia de Carroloco es totalmente atípica, tanto en el gremio del hampa como en el de lo que se supone debe ser la base de la sociedad.

Para lograr su propósito pensó en Jacqueline Henríquez, para que representara a Simona, jefa de hogar y de la banda, madre de Carroloco, Dedos (Hernán Alvarez), Shirley (Karla Ramírez) y Caco (Alexis Calvo).

No es una idea descabellada. Recuerdo que viendo alguna vez un programa llamado Justicia para todos, Judith Sarmiento, su presentadora, entrevistaba a una familia que robaba porque le parecía menos penosa esta labor que vender arepas o tomates o algo así, entonces tiene lógica , afirma Hernán Alvarez.

Pero Bolívar le dio a esta familia sin apellido otras connotaciones. Antes de cada robo hay una reunión en la que Simona hace una oración para pedir que a cada víctima le llegue el doble de los que ellos le roben, y siempre estén libres de ser cogidos por la policía y de llegar a la cárcel.

La parentela de Carroloco tendrá su ciclo, con una Shirley bonita que se volverá experta en robar a hombres millonarios, un Caco que mientras baila entretiene a las personas para que su familia les quite sus objetos de valor, y un Carroloco que seguirá en la cárcel alabando a su mamá porque es una ladrona honrada.

Sin embargo, llegará el momento de rendir cuentas. No se trata de justificar el delito sino de darle un respiro al programa , dice Bolívar, para quien el éxito de Pandillas, guerra y paz está en romper totalmente los paradigmas del melodrama, mostrar que en la televisión la gente no siempre es bonita y acercarse a la verdadera realidad.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.