PARA QUE UN CORAZÓN NO MUERA

PARA QUE UN CORAZÓN NO MUERA

Diez minutos, apenas, hacen la diferencia entrela vida y la muerte. Los diez minutos, 600 segundos, que le siguen al paro cardíaco.

24 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Diez minutos, apenas, hacen la diferencia entrela vida y la muerte. Los diez minutos, 600 segundos, que le siguen al paro cardíaco.

Si en esos diez primeros minutos, la persona recibe los cuidados apropiados, y éstos se dan con un desfibrilador, las posibilidades de superar el paro cardíaco se incrementan en más del 70 por ciento. Observen este detalle: durante ese lapso inicial, inmediato, por cada minuto que pasa sin atención, se pierde entre un siete y un ocho por ciento de probabilidades de sobrevida.

De allí la importancia de actuar rápido. De aplicar lo que los cardiólogos conocen como la cadena de la supervivencia.

La muerte súbita, término aterrador. Ocurre, como su nombre bien lo dice, sin previo aviso. La persona se encuentra bien, en plena actividad (física, social, académica, laboral...) y de pronto, pierde el conocimiento. Se queda sin pulso, no respira. En una inmensa mayoría de los casos, es consecuencia de un infarto del miocardio.

Esa muerte súbita es muy frecuente. En Colombia, no existen cifras pero datos citados entre la población norteamericana indican que cerca de 700 personas mueren al día, en Estados Unidos, por muerte súbita. Es más: ésta se presenta en el 80 por ciento de las personas que mueren como consecuencia de problemas cardíacos.

Lo impresionante es que se puede presentar a cualquier edad, tanto en hombres como en mujeres. Se ven casos en colegios y también en campos deportivos. Y, en una alta proporción de las víctimas, el problema se origina en daños no detectados del músculo cardíaco. A veces, daños congénitos que no dan señales de preaviso ni síntomas que lleven a sospechas.

Pero, por dramáticas que resulten las cifras de mortalidad, existen alternativas que, de aplicarse, dan resultados alentadores. Las dan los cardiólogos: el 95 por ciento de las personas que sufren un paro cardíaco no logran llegar vivas a un centro de urgencias o un hospital si, entre el momento en que ocurre el paro y el momento en que llega a manos de especialistas, no se le ofrecen los cuidados requeridos.

En cambio, si en forma inmediata, la persona es conectada a un desfibrilador automático, las cifras cambian radicalmente. El 80 por ciento de estos pacientes llegan vivos al hospital.

UN DESFIBRILADOR.

Pero, qué es ese aparato capaz de vencer la muerte con tal eficacia?.

Para nosotros, los que no pertenecemos al gremio médico, y tampoco hemos seguido cursos básicos de reanimación cardiovascular, hablar de desfibrilador es tratar un tema desconocido. En cambio, para los norteamericanos, aún para los escolares, gracias a entrenamientos previos, el desfibrilador se ha convertido en un aparato listo para ser usado a diario. En las dependencias del aeropuerto de San Francisco, 55 desfibriladores han sido instalados para contrarrestar los accidentes cardíacos que suelen ocurrir. Y son muchas las vidas quese han salvado.

Como lo explica el doctor Gabriel Robledo Kayser, un desfibrilador es un computador pequeño que se conecta a la persona que ha entrado o parece haber entrado en paro cardíaco. En una reserva de su memoria, donde están almacenados 5.000 distintas modalidades de ritmos cardíacos, el aparto localiza el caso específico de la persona conectada, analiza la situación e indica la intensidad de la descarga que se debe aplicar. Para ello, el reanimador solo debe oprimir el botón con las cifras indicadas.

Cuando se presenta la muerte súbita o cuando ocurre un paro cardíaco, el corazón entra en los que se conoce como fibrilación ventricular. O sea que comienza a latir con movimientos caóticos que no generan la fuerza que el músculo cardíaco requiere para cumplir con su trabajo de bombeo. A ese momento, el pulso de la persona se pierde y éste es uno de los signos por los cuales se determina la necesidad de conectar el desfibrilador.

El aparato, mediante la descarga eléctrica, fijada en la intensidad requerida para el caso, genera nuevamente los latidos del corazón. Y allí precisamente es donde reside la diferencia entre la vida y la muerte.

Lo que es maravilloso también en el tema de la muerte súbita se llega a aspectos admirables- es que el desfibrilador puede ser manejado inclusive por niños que han recibido las instrucciones previas.

PREVENIR.

El desfibrilador externo automático vale 3.000 dólares. Cifra que, a la hora de salvar tantas vidas, acaba siendo casi irrisoria. Es por ello que los cardiólogos opinan que una inmensa mayoría de entidades, establecimientos y lugares privados y públicos deberían estar dotados de al menos uno de estos aparatos. Junto con éstos, es indispensable organizar cursos de capacitación para aprender a manejarlos y saber de reanimación.

Vale la pena mencionar algunos de los lugares que podrían requerirlos con más urgencia: Gimnasios y campos deportivos; clubes sociales; empresas de toda índole;.

colegios y universidades; centros comerciales; lugares de reuniones públicas (tales como teatros y estadios);.

aeropuertos; y todas las ambulancias.

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