EL MINISTRO DEL MICRÓFONO

EL MINISTRO DEL MICRÓFONO

Mientras en Barranquilla bailan a ritmo de carnaval, en Bogotá discuten asuntos políticos y militares. Con nacionalismo caliente se debate si pueden venir soldados americanos al Caquetá a rescatar a tres secuestrados agentes de la CIA.

26 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Mientras en Barranquilla bailan a ritmo de carnaval, en Bogotá discuten asuntos políticos y militares. Con nacionalismo caliente se debate si pueden venir soldados americanos al Caquetá a rescatar a tres secuestrados agentes de la CIA.

Muchos políticos rechazan la llegada de los soldados gringos porque eso pisotea la soberanía del país. En cambio, miles de señoras están emocionadas y piden que ellos vengan rapidito. Tienen su motivo: de pronto les arman matrimonio a sus sobrinas solteronas con un mono ojiazul de Texas, que casi siempre resulta mejor marido que un millonario buen partido de Pereira.

Otra discusión: el retiro del ministro Fernando Londoño, la vanidad rampante, el hombre del micrófono, la gran prima donna de esta democracia tropical.

Me encanta el ministro, no por su trabajo, por el coraje con que defiende sus rocambolescas tesis sobre la ecología, el orden público, el consumo de maracachafa , la justicia y el poder en contra de los magistrados y políticos.

Fernando Londoño tiene a millones de señoras embobadas con su verbo, con sus frases de impecable factura, que a veces me saben a boleros de Manzanero. Del ministro se habla en Venezuela por un vainazo al locuaz presidente Chávez; en Brasil, por una antipática frase contra el serio presidente Lula. Y lo sabemos todos: no es prudente buscarles broncas a países vecinos donde vendemos casi tres mil millones de dólares anuales. Ese detallito impertinente no podía gustarle a la canciller Carolina Barco porque le desbarata sus planes de tener buenas relaciones exteriores.

Del ministro Londoño unos periodistas juran que nunca dejaría el puesto porque extrañaría mucho los micrófonos de Darío Arizmendi, Julio Sánchez Cristo y Juan Gossaín. Al ministro le gusta el debate, defiende lo suyo, pero se acalora. Mi buen amigo Carlos, ex ministro de Ernesto Samper, así lo definió: El es buen jurista, pero deberían llamarlo Kid Londoño, para que esté al lado de grandes leyendas del boxeo, como Kid Chocolate, Kid Gavilán y Kid Pambelé .

Ironías del poder: el presidente Uribe, tan diplomático y prudente con las palabras, escogió como sus principales apóstoles a Fernando Londoño y a Marta Lucía Ramírez, que hablan mucho y gozan la erótica del micrófono. Pero hay eróticas peligrosas. Que lo digan las mujeres que, por apasionadas, han tenido una aventura prohibida!

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