UNA DE ESAS NOCHES SIN ROPA

UNA DE ESAS NOCHES SIN ROPA

El cambio de música pronostica el inicio del strip-tease. La expectativa acelera el latido y el licor destierra el prejuicio, desinhinbiendo los deseos femeninos surgidos por la ansiedad del ritual erótico.

21 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

El cambio de música pronostica el inicio del strip-tease. La expectativa acelera el latido y el licor destierra el prejuicio, desinhinbiendo los deseos femeninos surgidos por la ansiedad del ritual erótico.

Las miradas se tropiezan, cómplices, en el goce fugaz de lo prohibido, visual o táctil, dependiendo de la autocensura. Un aplauso colectivo delata la aparición en el escenario de Esteban, cuyo juego de seducción secuestra las pupilas dilatadas de las asistentes.

"Seducir es morir como realidad y producirse como ilusión", dice el pensador francés Jean Baudrillard. Por eso, Esteban con su 1,83 se convierte en el espejo que refleja el anhelo insatisfecho de ellas, devolviéndoles lo que nunca les han dado.

El primer botón desabrocha la histeria. Varias prendas al piso, pectorales amplios, abdominales que semejan una chocolatina y un par de tragos más exilian la timidez. Ahora, las miradas embisten, lascivas, la geometría corporal de Esteban, quien con el ritmo frenético de sus caderas las esquiva o las despega.

Se inicia el lap dance o roce de los cuerpos. Hiperrealismo del goce femenino. Grado cero de la censura mental, moral o erótica. Manos ávidas y otras nerviosas acarician la piel de Esteban.

Ya no es una tanga lo que contonea sino una caja registradora, o mejor, es una especie de altar que recibe las ofrendas por el deseo cumplido. Un collar de billetes rodea su cintura. Todo está consumado.

Aplausos, pensamientos húmedos y conversaciones incandescentes congestionan el ambiente.

Minutos después, el bailarín recibe su paga por la presentación. Su celular suena y se marcha del lugar, al parecer, a cumplir con otro contrato ( una despedida de solteras donde su cuerpo vale 200.000 pesos) para continuar con este "juego de velos".

Solo flota una incógnita: si el verdadero strip-tease lo hace quien se quita la ropa o quienes desnudan sus deseos.

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