SEX-APPEAL PAL REFERENDO

SEX-APPEAL PAL REFERENDO

Preocupante el opinómetro publicado hace unos días en EL TIEMPO, según el cual, ante la pregunta Va a votar usted el Referendo? , la respuesta fue: 49 por ciento, no; 34 por ciento, sí; el 17 por ciento no ha decidido.

05 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Preocupante el opinómetro publicado hace unos días en EL TIEMPO, según el cual, ante la pregunta " Va a votar usted el Referendo?", la respuesta fue: 49 por ciento, no; 34 por ciento, sí; el 17 por ciento no ha decidido.

A renglón seguido, el opinómetro formula otra pregunta: " Aprueba o desaprueba la gestión del presidente Alvaro Uribe?". La aprueba, 67 por ciento; la desaprueba, 33 por ciento. Esto simplemente significa que el Referendo no está identificado con la imagen de Uribe y que el Gobierno, obviamente encabezado por el Jefe del Estado, tiene que salir a defender su causa política convenciendo a los colombianos sobre las bondades contenidas en este mecanismo.

Bondades que no solo están por verse sino que desde sus inicios les ha faltado "perrenque". El Referendo perdió su sex-appeal en el momento en que sus promotores eliminaron la parte clave y atractiva: una sustanciosa reducción del Congreso con una sola Cámara, previamente a su revocatoria. Y aunque todo lo que se diga sobre su texto por lo pronto no pasa de ser una bobería mientras la Corte Constitucional lo declara exequible, si lo hace participaré en esta consulta, respondiendo positivamente la mayoría de sus preguntas y negativamente otras, que no apenas no convencen sino que hasta peligrosas resultan.

Con el aval de la Corte, en modo alguno sería descartable configurar toda una estrategia pedagógica tendiente a que la gente responda, en conciencia y como le dé la gana, en las escuelas públicas y entidades estatales adecuadas, para que pueda hacerlo sin afanes y con un mínimo de responsabilidad cívica. Es, al fin de cuentas, la forma como se votan los referendos -locales y nacionales- en los principales países de Europa.

***.

Lo que sí constituye error garrafal es la propuesta del senador Carlos Holguín, en mala hora recogida por su colega Rafael Pardo Rueda, en el sentido de que la distribución del formulario oficial se reparta con los cobros de servicios públicos que llegan a todas las casas. Qué bestialidad tan descomunal! Se imaginan ustedes a alguien recibiendo con agrado dicho formulario, precisamente acompañado del comprobante en el que todos los meses les suben más y más a las tarifas de energía, agua, alcantarillado y teléfono, sin ninguna compasión con aquel ciudadano agredido de paso por toda la catarata de impuestos que le corresponde pagar durante este primer semestre?.

Paralelamente con el Referendo Uribe, hoy en la olla, el Ejecutivo debería cranear dos cosas. Una: comprometer a la clase empresarial -con un pacto de caballeros formalizado en el Palacio de Nariño- a crear más empleos para compensar esas horas ya no extras entre las seis de la tarde y las diez de la noche en que funcionan -por ejemplo- los grandes hipermercados. De lo contrario, se percibe la sensación de que el favorcito se lo están haciendo a los grupos económicos, ya no obligados por ley a pagar dichas horas extras. Y sin garantías de que al eliminarle al patrón tal gravamen, más la reducción de sueldos de dominicales y festivos en un 25 por ciento, haya nueva mano de obra, tan requerida. ( Ojo, Presidente! El desempleo está en el 15,6 por ciento, dos puntos más que en diciembre del 2001 -era Pastrana-).

Dos: aunque en Colombia no existe el voto obligatorio, en alguna ley se estableció que cuando uno vota (así sea en blanco), los empleados de la Registraduría le entregan al elector un papelito al momento de sufragar. Papelito indicativo de que, al enseñarlo luego en ciertos lugares, no apenas ha fomentado el aumento de la participación electoral, sino que ofrece determinadas ventajas como facilidades de matrícula en universidades estatales, en relación con quienes no lo tienen, por no sufragar.

Si tal norma se mantiene vigente, el Gobierno debería sacarle más provecho planteando otra suerte de estímulos. Eso no obliga al gobernado a votar SI por el Referendo. También puede hacerlo por el NO. O por el sí y por el no (aparte de abstenerse). Que no es -al escoger cada pregunta- una forma de lavarse las manos, sino de votar en conciencia a través de un instrumento que se estrena doce años después de que fue concebido en la Carta política del 91.

Si el Referendo fracasa, se interpretará no sólo como una crisis para el Gobierno sino como un retroceso a su estabilidad institucional. Con inevitables consecuencias económicas para un Presidente que entró pisando duro pero que puede resbalarse en cualquier momento, en razón de las cáscaras que -paradójicamente- le pone cada rato su principal superministro.

posgar@eltiempo.com.co

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