PERIODISTAS Y AUTORIDADES

PERIODISTAS Y AUTORIDADES

Una serie de incidentes en los últimos días y una importante declaración presidencial han puesto sobre el tapete la delicada y polémica relación entre los medios de comunicación y las autoridades -las militares en particular- en una democracia.

05 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Una serie de incidentes en los últimos días y una importante declaración presidencial han puesto sobre el tapete la delicada y polémica relación entre los medios de comunicación y las autoridades -las militares en particular- en una democracia.

En los últimos días de enero un equipo de este diario fue retenido en la Brigada XVIII en Arauca y las fotografías que había tomado fueron borradas; con el mismo fin, dos periodistas de Vanguardia Liberal fueron encerrados mediante engaños en una garita de la Penitenciaría Nacional en Valledupar; camarógrafos de RCN y Caracol fueron maltratados por militares al grabar los heridos del carro bomba de Tame, y en Bogotá, cuando fotografiaba una huelga en Corabastos, nuestro fotógrafo John Wilson Vizcaíno fue arrestado y conducido a la estación de Policía de Kennedy, donde, a la fuerza, tres policías le arrebataron su cámara.

Afortunadamente, salvo en el caso de Valledupar, autoridades superiores intervinieron. El comando de la II División convocó una reunión, en la que escuchó las quejas de los periodistas de Arauca y sus protestas porque los militares los habían estigmatizado como auxiliares de la guerrilla y prometió que el acceso y la comunicación con la Brigada XVIII, hasta ahora muy restringidos, serán más fluidos. En Bogotá, por orden superior, el oficial responsable del decomiso de la cámara vino en persona al periódico a entregarla y a ofrecer excusas. Signos reconfortantes.

Con una medida de signo contrario, el jefe de Estado Mayor, general Jorge Lesmes, ha puesto serias trabas al ingreso de periodistas al Ministerio de Defensa en Bogotá, exigiendo la presentación, con 24 horas de anticipación, de un memorando para solicitarlo, lo cual dificulta el acceso oportuno a la información y a declaraciones de la Ministra y el alto mando. Ante las protestas, las medida se reemplazó por un sistema de carnetización.

El presidente Uribe ratificó el viernes ante el cuerpo diplomático lo dicho días antes a una misión de la Sociedad Interamericana de Prensa: bajo su gobierno no habrá una sola medida que restrinja la libertad de prensa. Pero también soltó una carga de profundidad: "Incomoda saber -dijo- que un periodista pueda llegar a donde está escondido un terrorista y el Gobierno no pueda llegar allá. Incomoda saber que el periodista se informa de un acto terrorista que se va a cometer y el Gobierno sea sorprendido".

Los periodistas somos ciudadanos y, de conocer la planeación de un acto terrorista, nuestro primer deber es salvar vidas, no lograr chivas . En un foro de alto nivel en Paipa entre militares y periodistas, realizado a fines del año pasado, este tema se discutió y se convino que la posibilidad que los comunicadores tenemos de cruzar las líneas debe ser respetada y no puede dar pie a suponer oscuras complicidades con la guerrilla o los paramilitares. A los cuales entrevistamos en cumplimiento de una profesión que ya supone riesgos suficientes en Colombia como para que los más altos representantes del Estado tiendan sobre ella un manto de duda que sólo puede hacerla aún más peligrosa y estimular a sus subalternos a hacer señalamientos, como los denunciados por los comunicadores de Arauca.

Los medios defendemos el Estado de Derecho. Basta imaginar una democracia de las Farc o de las Auc para entender que el ejercicio de nuestra profesión sería imposible. Ello supone una responsabilidad como ciudadanos. Sin renunciar a la búsqueda de información de manera crítica e independiente del gobierno de turno.

El Presidente pidió a los periodistas autolimitarse, evitando su temeridad , y la agencia de noticias de la Presidencia habló de su llamado a decidir entre el derecho a la vida y el show de la noticia . No es esa la disyuntiva. El síndrome de la chiva es, ciertamente, una realidad y debemos evaluar con responsabilidad lo que se publica, así como no marchar a ciegas a la boca del lobo. Lo cual es una sistemática preocupación en los medios. Pero esto es tan cierto como que todo gobierno y sus Fuerzas Armadas, ante la obligación de mostrar resultados en una crítica situación (como la que existe, por ejemplo, en Arauca), preferirían trabajar lejos de la mirada escrutadora de la prensa. Mantener ese papel vigilante, con responsabilidad pero con decisión, es el deber de los medios informativos. El de un Estado de Derecho es garantizar las condiciones para que puedan hacerlo.

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