EL DESAFÍO DE LA SUERTE

EL DESAFÍO DE LA SUERTE

Entre sortilegios que van desde colocarle perfume a las máquinas pagamonedas, colgarse cadenas milagrosas y ubicarse siempre en la misma silla, los jugadores prueban su suerte en el casino.

28 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Entre sortilegios que van desde colocarle perfume a las máquinas pagamonedas, colgarse cadenas milagrosas y ubicarse siempre en la misma silla, los jugadores prueban su suerte en el casino.

Una baraja de cartas y un asalto pactado a una escalera de diamantes de cinco cartas, (10, príncipe, reina, rey y as), es uno de los juegos de azar que recuerda que sigue viva esta tradición que tiene su reino en la ciudad de Las Vegas (E.U), con la siempre atenta mirada del dealer y por supuesto de un supervisor.

El torneo de poker está a punto de comenzar. El tintineo de las fichas de plástico, la adrenalina en la mirada y en las manos y las cartas abiertas, dibujan un ambiente que alcanza su clímax a las 9 de la noche.

A esa hora también se da inicio al tercer sorteo de la noche. 80 mil pesos recibirá la máquina pagamoneda que tenga el número de la balota de la suerte. Esta vez es la 106.

El ritual del azar vuelve a levantar vuelo.

Las bartenders, con minúsculos trajes negros, se pasean orondas por las mesas de black jack y draw poker, entregando cócteles, whisky frío y cigarrillos, mientras los dealers se apresuran a recibir las nuevas apuestas y a entregar cartas a sus siete contrincantes.

La ruleta gira también y las máquinitas pagamonedas tragan sin cesar miles de ruedas doradas con la inscripción 100 en el sello.

Una de ellas, la Diamond Wheel, enloquece. Un ruido que simula infinidad de monedas en caída libre llama la atención de Daniel Bonilla, el supervisor de seguridad.

La mujer quedó quietica de la alegría , dice mientras le entrega 250.000 pesos en efectivo.

Las apuestas siguen en aumento y en la sala V.I.P. los clientes especiales realizan un duelo con la suerte y el azar en Punta y Banca, un juego fascinante en el que una sola carta equivale a una cifra que roza los ocho ceros, bien sea para la casa o para el apostador.

A la 1 de la mañana, el universo de la suerte duerme el sueño de los combatientes, con pequeñas estocadas y, a veces, con algunos golpes millonarios a sus divisas.

Si importar lo que ocurra en sus finanzas, el casino se prepara para una nueva contienda contra esos jugadores que, día a día, repiten la faena del azar bien sea para recuperar lo invertido o para propinarle otro nocaut al establecimiento.

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