LA PLAGA DEL SWINGLIA

LA PLAGA DEL SWINGLIA

Hace algunos años importaron al país una especie de hormiga para exterminar una plaga agrícola, pero con el tiempo el remedio resultó peor que la enfermedad, pues cumplida con eficiencia su misión, se propagó y se convirtió en un azote.

07 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Hace algunos años importaron al país una especie de hormiga para exterminar una plaga agrícola, pero con el tiempo el remedio resultó peor que la enfermedad, pues cumplida con eficiencia su misión, se propagó y se convirtió en un azote.

Después pasó lo mismo con una especie de rana que se multiplicó por millones y se volvió un mal incontrolable, un sapo insaciable y presente en todas partes como buen batracio.

Con los vegetales ha ocurrido algo parecido en el Llano y otra regiones del país. Un ejemplo es el swinglia, un limón que se trajo del Valle del Cauca para sembrarlo como cerca viva en las fincas, incluso lo han instalado en predios urbanos y semiurbanos.

Sus frutos sirven lo mismo que las tetillas masculinas, no son comestibles. Pero es espinoso y crece tan tupido que devora rápidamente el espacio que le pongan por delante. Por eso, es apetecido para proporcionar encierro e intimidad, como se observa hasta en la entrada a los moteles.

El problema es que como la mayoría de propietarios no lo podan, se ha extendido formando altísimas paredes verdes que cortan la visión y el deleite sobre el paisaje. Es como un muro de Berlín verde. En las vías y caminos de la campiña forman extensos y agotadores laberintos.

Es un caso peor que el de la contaminación visual urbana por las vallas y avisos publicitarios en las ciudades, porque así manejado produce ceguera ambiental, es antiestético e impide la circulación del aire.

Pero el swinglia, que es de un bello color verde y útil como barrera rompe vientos, no tiene la culpa. Es la negligencia y el manejo caprichoso de sus dueños, al extremo que lo han convertido en una planta odiosa.

Y mientras sigue de moda en esta tierra, en el Valle ya pasó y lo están erradicando. Y aquí, quién lo controla? No sé si Corporinoquia y las secretarías o entes del medio ambiente estén facultados para intervenir en este tipo de contaminación, más nocivo que el que habitualmente vigilan.

En todo caso, como sí es su función general evitar el deterioro del medio ambiente, en su cumplimiento deben actuar. Inicialmente advirtiendo y sensibilizando a los dueños de predios con swinglia del daño que están causando a la comunidad, para que lo reparen.

Y si persisten, tomar las medidas pertinentes. Eso sí, ojalá la intervención oficial no resulte agravando el mal con los burocráticos peajes verdes y la indolencia.

* Magister en Desarrollo

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