LA ERA DE LAS ALDEAS

LA ERA DE LAS ALDEAS

Villegas Editores acaba de publicar un libro de lectura obligatoria para todos aquellos que nos hemos sentido incapaces de comprender a cabalidad lo que siguió a la caída de la Unión Soviética en manos de la mafia rusa, al derrumbamiento inesperado del muro de Berlín y a la pulverización fantástica de las Torres Gemelas de Nueva York. Tres catástrofes que convirtieron al hijo calavera de un petrolero norteamericano en el emperador del mundo enrevesado que vivimos. Y a la hamburguesa en el símbolo santo de los tiempos.

14 de enero 2003 , 12:00 a.m.

Villegas Editores acaba de publicar un libro de lectura obligatoria para todos aquellos que nos hemos sentido incapaces de comprender a cabalidad lo que siguió a la caída de la Unión Soviética en manos de la mafia rusa, al derrumbamiento inesperado del muro de Berlín y a la pulverización fantástica de las Torres Gemelas de Nueva York. Tres catástrofes que convirtieron al hijo calavera de un petrolero norteamericano en el emperador del mundo enrevesado que vivimos. Y a la hamburguesa en el símbolo santo de los tiempos.

Alfredo Toro Hardy, su autor, en menos de quinientas páginas ofrece un panorama, desde la óptica política y la óptica económica, de una Tierra dominada por las corporaciones, dirigidas por pandillas de yuppies irresponsables, obsesionados por los beneficios financieros, y explica cómo en la Aldea Global surgen en cadena reacciones planetarias sustentadas en factores culturales, razones étnicas y fundamentalismos religiosos, contra la consagración del mercado. Su libro lleva un subtítulo:La pequeña aldea vs. la aldea globali .

La erosión del Estado y la proliferación de los estados, el imperio del dinero convertido en mercancía y finalidad única del trabajo humano, la audacia de los aventureros de las finanzas que enriquecen naciones y las desmantelan a voluntad, la aparición de la Comunidad Europea como un intento de equilibrio a la arrogancia del mundo unipolar, la decadencia económica del Japón, las profecías sobre la bancarrota de los Estados Unidos, el futuro de China, el fracaso de las megafusiones entre monstruosos organismos económicos, el poder de las industrias de la comunicación y el entretenimiento, el desprestigio de los partidos políticos convertidos en apéndices de los grupos de presión, son analizados en La era de las aldeas a través de pequeños capítulos escritos con la claridad de un artículo de prensa y reforzados y condimentados con citas oportunas y profusas de las publicaciones económicas más importantes del mundo y los principales protagonistas y estudiosos del fenómeno de la globalización, como Bill Gates, George Soros, Samuel Putnan, Francis Fukuyama y Paul Kennedy, entre otros.

La era de las aldeas es un libro ilustrativo y desapasionado. Alfredo Toro Hardy, con cabeza fría, hace un análisis puntual de los factores que condujeron a la civilización al estado de alienación febril en que se encuentra, donde la reducción de los costos económicos se ha convertido en un dogma sin consideraciones sociales y donde la compañía, como afirma Peter Drucker, ha venido a reemplazar a la Iglesia, arrastrada por el ansia de resultados a corto plazo y en busca de una prosperidad de los negocios que provoca en contravía desempleo masivo en todas partes y descontento entre las masas trituradas por la formidable maquinaria de un capitalismo sin entrañas y de inextricable confusión, además, pues incluso los románticos de las organizaciones no gubernamentales y los ecologistas de buena voluntad tan sólo estarían haciendo el juego a los poderosos sindicatos norteamericanos y a las implacables corporaciones que saben cosechar beneficios en la ansiedad y la incertidumbre.

El libro de Alfredo Toro Hardy contiene además un apéndice donde el autor se permite ser emocional, es venezolano y está comprometido por el afecto, dedicado a las implicaciones en América Latina del nuevo estado desgraciado de cosas, que permite que los hombres comunes, los del montón, los ciudadanos corrientes, se vean reducidos a la desesperación, rodeados de libertades virtuales pero cada vez más limitados y manipulados por lo mediático, mientras los directores de las grandes empresas multinacionales caen como moscas, abrumados por las tensiones, el insomnio, la ansiedad, los infartos y el fracaso personal.

Allí, Toro Hardy explora en nuestros antiguos problemas de identidad y rastrea el origen del concepto de lo latinoamericano, con la erudición que exhibe a lo largo del libro, y recuerda por fin a nuestros campeones del neoliberalismo, a quienes festejan la ansiedad, que los mayores aportes del mundo anglosajón a la especie humana no tienen que ver, por cierto, con la economía del mercado, sino con el sentido común.

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