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LAS PARADOJAS DEL PODER PRESIDENCIAL

Claro que tenemos un Presidente con una capacidad de trabajo insuperable y que quiere multiplicar las horas para resolverlo todo. Y que actúa con sentido público y con la genuina intención de no equivocarse. Quizá por eso lo vemos redactando directamente el acuerdo con los trabajadores de Emcali, manejando con acierto la crisis producida por el fallido rescate de los secuestrados en Antioquia, reuniendo a los parlamentarios para atajar la reforma política o emitiendo comunicados que buscan contener la caída en el precio del dólar. Esas situaciones, que antes habían sido manejadas por los ministros y no por el Presidente, han puesto en evidencia las paradojas del poder presidencial en el país:

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Claro que tenemos un Presidente con una capacidad de trabajo insuperable y que quiere multiplicar las horas para resolverlo todo. Y que actúa con sentido público y con la genuina intención de no equivocarse. Quizá por eso lo vemos redactando directamente el acuerdo con los trabajadores de Emcali, manejando con acierto la crisis producida por el fallido rescate de los secuestrados en Antioquia, reuniendo a los parlamentarios para atajar la reforma política o emitiendo comunicados que buscan contener la caída en el precio del dólar. Esas situaciones, que antes habían sido manejadas por los ministros y no por el Presidente, han puesto en evidencia las paradojas del poder presidencial en el país:
I) Así como esas actuaciones describen a un Presidente comprometido con la búsqueda de soluciones a los problemas del país, también revelan el desamparo de Uribe en su tarea de gobierno. O más precisamente, que su Ministro de Minas no pudo manejar el problema de las empresas públicas; que la Ministra de Defensa no parece capaz de asegurar la gobernabilidad de las Fuerzas Militares; que el Ministro de Interior ya no tiene manejo en el Congreso; o que sobra el puesto del Ministro de Hacienda en la Junta del Banco de la República. No por otra razón en el país se cree que hay más Presidente que presidencia y más gobernante que Gobierno.
II) Así como esas intervenciones buscan resolver problemas concretos, las soluciones también provocan quiebres de la institucionalidad. No sólo ponen al Presidente como único referente de negociación política e institucional, sino que también desprestigian la institucionalidad para el manejo de la economía , como dice Carlos Caballero, ex codirector del Banco de la República. Es la evidencia del fracaso de la ola reformista, que no ha podido ir más allá de producir desiguales intentos por forzar una mayor elasticidad de las instituciones, tratando de adecuarlas a los deseos del Presidente de turno, pero sin resolver los problemas de fondo.
III) Así como el protagonismo del Presidente muestra la ascendencia que tiene el poder presidencial en el país, también revela las debilidades de tener un régimen presidencial de mayorías. En Colombia, el candidato que gana se lo lleva todo. Tener la mayoría le permite tener control absoluto en la composición del gobierno y la administración pública. Pero en el país, la construcción de las mayorías no se hace por afinidad ideológica o política, sino en busca de un beneficio individual inmediato. En torno al ganador se congregan los intereses más disimiles y espurios. Por eso, para mantener las mayorías que les permitan gobernar, los presidentes han tenido que moverse entre las ofertas populistas y las negociaciones politiqueras. Por esta razón, pareciera que sobran los partidos, estorba la justicia y el Parlamento solo es arena de negociación.
El Gobierno ha dejado de ser un centro organizado del poder político e institucional en el país. Desde Samper y Pastrana, se ha vuelto normal que los gobiernos tengan que compartir las pujas de poder y los recursos disponibles con una multiplicidad de actores (empresarios, líderes religiosos y hasta diplomáticos) que, como portadores de moral o defensores a ultranza, han irrumpido como verdaderos frentes de poder político e institucional. De esta manera se ha producido una verdadera dislocación de las estructuras que soportan el presidencialismo colombiano. El poder presidencial aparece cada vez más restringido por una multiplicidad de poderes y micropoderes que, como diría Foucault, se han diseminado en una red de instituciones sin un centro que las articule y controle, y que apenas pueden coordinarse, pero sin poder avanzar en una misma dirección.
Por buenas intenciones que tenga, el Presidente siempre estará sometido a las dinámicas que imponga la fragmentación política, la disidencia institucional y el conflicto armado. Y su tarea de gobierno estará cada vez más restringida por la improductividad política y el bloqueo institucional en algunas de sus principales unidades.
Y como ni el Referendo, ni la Reforma Política resuelven los problemas de fondo, habrá que ampliar el margen de espera al Gobierno. No sólo en la producción de resultados, sino aguardando que el Presidente se dé cuenta de lo inconveniente que resulta asumir solo la tarea de gobernar. Los colombianos lo apoyan, pero el Presidente también se debe dejar ayudar.
pedromedellin@hotmail.com

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