CLAVE 1928 LA TRAGEDIA DEL VAPOR HERCULES

CLAVE 1928 LA TRAGEDIA DEL VAPOR HERCULES

En la madrugada del sábado 16 de junio de 1928 arriba de la población de Sitionuevo una dramática explosión hizo volar en átomos al vapor Hércules, orgullo de la Marina fluvial de nuestra patria, barco insignia en la última guerra civil, quizás el más conocido y reconocido entre los numerosos vapores que transitaban a lo largo del río Magdalena. A no dudarlo, el Hércules poseía más historia, galardones y citaciones que la suma de todos los generales de entonces juntos.

22 de abril 1992 , 12:00 a.m.

Era la época de oro de los vapores. El río de la Magdalena cumplía a cabalidad su papel como arteria yugular de la patria, y hacia sus orillas convergían todas las líneas férreas, los caminos de arrieros y las carreteras. Por su corriente entraban las modas, los inventos, el progreso y la cultura, y sobre sus vegas se asentaban importantes puertos, fluía la riqueza, la actividad mercantil y la política.

El vapor prestaba entonces sus servicios a órdenes del Ministerio de Guerra. A las 9 de la mañana de ese sábado, se recibió en Barranquilla, el siguiente telegrama: Con profundo pesar y hondamente consternado doy el siguiente parte: esta madrugada a la 1:30, voló el cañonero Hércules, quedando solo 21 sobrevivientes , (firma) Mayor José Ignacio Silvestre, segundo comandante del Hércules .

La mayoría de los sobrevivientes fueron recogidos esa misma madrugada por el vapor Arturo Stegman cuando aturdidos flotaban, aferrados a maderos. Las noticias sobre la desaparición de otras 47 personas, llenó de consternación a Barranquilla. Los periódicos locales lanzaron sucesivas ediciones extraordinarias: La Prensa apareció de nuevo a las 4 de la tarde. El vespertino Diario del Comercio, ofreció una extraordinaria a las 2 de la tarde y la ordinaria a las 5. Y ob11]La Naciónob0], además de su edición matutina, lanzó tres extraordinarias describiendo pormenores del siniestro.

El vapor conducía 73 personas, entre pasajeros y tripulantes, más la guarnición militar del Hércules, compuesta por el coronel Jesús Aranguren, el mayor Silvestre, cinco suboficiales y 10 soldados. Sin contabilizar la dolorosa pérdida de vidas y el valor del mismo cañonero, el hundimiento provocó pérdidas por $ 170.000 pesos, valor de los equipos y uniformes para los oficiales del Ejército colombiano, adquiridos en Alemania, que debían ser estrenados el próximo 20 de julio en Bogotá. Además se perdieron 845 catres de hierro, importados, que se transportaban con destino a la tropa en Bogotá.

El ministro de Guerra, doctor Rengifo, fue criticado en caricaturas y editoriales, por haberse pifiado en su cacería de brujas , al afirmar sin que se hubiese iniciado aún la respectiva investigación que hubo manos anarquistas en el siniestro del Hércules .

El Hércules originalmente construido con casco de madera, fue comprado en 1884 en Estados Unidos como remolcador y se le asignaron tareas como draga de la canalización del río Magdalena. Diez años más tarde, cuando estalló la guerra, el Ministerio de Guerra lo requirió para las necesidades bélicas. En 1895, le adaptó un cañón Armstrong en su proa.

Más tarde decidieron blindarlo. Para ello se compró a James Rees Co., de Estados Unidos, planchas y ángulos de acero, que le fueron adaptados por don Alejandro MacAusland, en un viejo astillero de Barranquilla. Así, en julio de 1898, el viejo remolcador se graduó de vapor de guerra, dotado de un flamante casco de acero. Exhibía sobre las cobrizas aguas del Magdalena, una eslora de 37.50 metros, manga de 7.70 metros y aparecía artillado con un cañón Maxim de 37 , otro cañón Hotchiks de 37 y una ametralladora Colt 7.35 m.m. Estaba dotado de 12 camarotes, planta de alumbrado y faro proyector de 2.000 bujías. Su fuerza estaba basada en dos calderas que suministraban presión de 350 HP, suficiente para remontar el río, en aguas profundas, a la fantástica velocidad de 13 kilómetros/hora.

Al estallar la gran guerra civil, fue protagonista el Hércules de la memorable batalla fluvial de Los Obispos . El 20 de octubre de 1899, escoltado por el mercante artillado Colombia, zarpó aguas arriba por el Magdalena en persecución de los rebeldes que se habían apoderado de la draga Cristóbal Colón.

A las 11:30 de la noche del 24 de octubre, el Hércules se enfrentó contra la armada rebelde. Al vapor Antioquia le colocó dos impactos del cañón Maxim y lo hizo rendir. Con tres impactos de cañón voló la caldera de la Cristóbal Colón y la hundió. Luego se enfrentó a los vapores Helena, Elbers, Cisneros y Barranquilla, que finalmente se rindieron inutilizados. El único vapor que pudo huir en la oscuridad fue el Giesseken.

Durante muchos años, el Hércules se desempeñó como el yate presidencial. Sobre su cubierta se entrevistaron los generales Rafael Reyes y Ramón González Valencia. En él se fugó el general Reyes. En sus camarotes viajaron Concha, Pedro Nel Ospina y Marco Fidel Suárez.

Este sábado de 1928, perdió el Hércules su última batalla. Sus viejas calderas, mil veces remendadas, explotaron bien fuerte en la madrugada, para no ocultar su vocación artillera. Después de 44 años continuos de servicio, decidió reposar, a 74 pies de profundidad, en el fondo de su río Magdalena.

EL TIEMPO resumió el impacto causado por la tragedia, así: La política está quieta. La inmensa y dolorosa tragedia de este barco, nubló todas las informaciones políticas de los últimos días .

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