LA TRAGEDIA DEL QUINTO PISO

LA TRAGEDIA DEL QUINTO PISO

Sentada en una de las esquinas de la sala de espera de Medicina Legal, Luz Argenis Quiroga lucía impotente. Con las manos en el bolsillo contó que en las últimas semanas su vida había cambiado. Fue despedida de su trabajo y ahora estaba esperando el cuerpo sin vida de su hermana, que trabajaba en la cocina del Club El Nogal y había fallecido mientras laboraba en el quinto piso, donde quedaban la taberna y el restaurante.

10 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Sentada en una de las esquinas de la sala de espera de Medicina Legal, Luz Argenis Quiroga lucía impotente. Con las manos en el bolsillo contó que en las últimas semanas su vida había cambiado. Fue despedida de su trabajo y ahora estaba esperando el cuerpo sin vida de su hermana, que trabajaba en la cocina del Club El Nogal y había fallecido mientras laboraba en el quinto piso, donde quedaban la taberna y el restaurante.

Como Luz, María Gladys llegó a Bogotá desde Belleza (Santander) hace 14 años a buscar mejores oportunidades. Desde hace ocho años trabajaba en el quinto piso de El Nogal, en una de las cocinas. Con este trabajo le daba estudio a su hija, que hoy tiene 14 años.

El año pasado - cuenta Luz- se le había cumplido uno de sus sueños: ser bachiller. No lo había logrado porque siempre estuvo trabajando.

Compañero de María Gladys era Yesid Castilblanco, de 23 años, quien llevaba trabajando desde hace uno como mesero en el Club. Cuenta su familia que murió haciendo lo que más le gustaba: trabajar en un restaurante. Decía que además de conocer sobre vinos y comidas raras, podía aprender a hablar inglés , dijo su tía.

Yesid era de Paime (Cundinamarca) y estaba recién graduado del colegio. Llegó a Bogotá hace cinco años a buscar horizontes.

Al lado de Luz, en la misma sala de Medicina Legal estaba sentado Mauricio Baracaldo. Decía que de Marco, su papá, solo tenía una foto que guarda en la billetera, porque duró viviendo mucho tiempo sin él.

Marco era el metre del restaurante del quinto piso. Nació en Junín (Cundinamarca) y toda su vida la trabajó en hoteles de la ciudad. Había llegado a El Nogal desde hace cuatro años. Según Raúl Peña, uno de los sobrevivientes que trabajaba en la cocina, era un hombre servicial y responsable y del que se le aprendía todos los días .

También, en el mismo piso donde trabajaba Marco, Luis Eduardo Mutis se desempeñaba como capitán de servicios en el área de bares del Club. Había cumplido cinco años de servicios y era considerado por sus amigos como un maestro en el arte de los licores. Además, decía que su adoración era su esposa y su hija, de 8 años.

A Luz le llegó la hora. Se levantó y firmó el acta. Del bolsillo sacó una foto arrugada de María Gladys y la mostró. Se fue a recoger a su hermana.

VICTIMAS.

JUAN PABLO JIMENEZ.

Juan Pablo Jiménez Pinzón se fue solo a un campamento de verano de natación en Estados Unidos, cuando tenía apenas 9 años. Esa acción evidenciaría lo que sería, en adelante, el derrotero su vida: la pasión por la natación, deporte en el cual fue un campeón bogotano hace varios años; y su actitud metódica de marcar metas en la vida. Y las conseguía, según las programaba.

Era todo un campeón , coincidieron en afirmar amigos y familiares de Juampis , como le decían cariñosamente a Juan Pablo, un economista de 26 años, egresado de la Universidad Javeriana y quien murió en el atentado terrorista contra el edificio El Nogal.

Era el segundo de tres hermanos. Hacía seis meses lo habían ascendido como ejecutivo en el área de planeamiento financiero del Fondo Porvenir. Y le acababan de notificar que lo aceptaban en la universidad de South Caroline (Estados Unidos) para cursar el master en administración financiera.

Practicaba también el squash deporte en el cual fue campeón de torneos interclubes. Por esa razón, iba a las canchas del Club El Nogal. El viernes había ido acompañado con su novia Said, quien quedó herida en el atentado.

Los compañeros de la universidad Javeriana, de donde egresó hace dos años, recuerdan su nobleza y su gran capacidad para hacer amigos. Todo el mundo lo quería . También sorprendía a la gente con sus apuntes.

Sus padres, el ingeniero químico Germán Jiménez, y su madre Marta Pinzón, se sentían orgullosos de Juan Pablo. Era el que llevaba las medallas a la casa , relataron sus parientes.

Foto.

Juan Pablo Jiménez.

Catalina Muñoz Toffoli.

Otra de las víctimas fue la arquitecta Catalina Muñoz Toffoli, de 47 años, hija de Humberto Muñoz, un paisa que desde Barranquilla hizo una larga y brillante carrera como empresario, parlamentario y embajador.

Lo dramático de este caso es que Muñoz ha perdido cuatro de sus siete hijos en circunstancias trágicas. Uno murió en un accidente aéreo, otro por el volcamiento de un tractor y el tercero en un accidente de moto entre Medellín y Bogotá.

Ahora perdió a Catalina en la noche fatídica de El Nogal. Estaban con ella su esposo, Rodrigo Márquez, quien resultó herido, y su hijo Marcelo, que por fortuna salió ileso.

Antonio Robayo Ferro.

Economista de la Universidad Nacional con especialización en Lovaina (Bélgica), nacido en Chiquinquirá hace 64 años, se desempeñaba como presidente de Avesco-Kokorico y miembro de la junta directiva del Banco Superior y de diferentes empresas del Grupo Superior, conglomerado controlado por su familia. Casado por segunda vez con Dora Izquierdo Rodríguez, de 48 años, quien también falleció en el atentado terrorista, estaba estrechamente vinculado con la industria avícola colombiana. Es considerado un hombre visionario, creador de empresas, lector y viajero infatigable. El tercero de ocho hermanos, deja dos hijos de su primer matrimonio.

Fernando Sarmiento.

Tenista.

Desde que era pequeño este bogotano tenía como pasión las canchas y el tenis.

En el Club El Nogal trabajaba desde hacía seis meses en el establecimiento como instructor de tenis.

Según Carlos Ladino, compañero de trabajo, hoy lo iban a contratar de planta en el Club.

A pesar de su corta edad estaba casado. Con su muerte dejó a dos niñas, una de 4 y la otra de 2 años.

Sus compañeros lo recuerdan como una persona luchadora, responsable, capaz y colaborador. Además era muy bueno en su trabajo.

- Sergio Muñoz.

Empresario.

El viernes había sido un gran día para Sergio Muñoz. El, un ingeniero agrónomo, que estaba a cargo de una empresa agroquímica se encontraba esa noche en El Nogal con dos socios, discutiendo los últimos detalles de un negocio que estaba a punto de concretar.

Según sus familiares era un hombre hogareño, lleno de sueños y que vivía, a sus casi 40 años, en función de su familia.

Estaba casado con Constanza, con quien tenía dos hijos: Felipe, de 10 años, y Juanita de 9.

Uno de sus proyectos era la construcción de una nueva casa para su familia, las personas que más quería.

El drama de los García.

El caso más dramático se registraba ayer con la familia García García. El padre, Juan Manuel García Posada, su esposa Mariana García Mugno y su hijita de 4 años Mariana, perecieron en el atentado.

Mientras tanto, el drama continuaba con dos de los hijos sobrevivientes.

Una segunda hija, resultó herida en el mismo acto terrorista ocurrido el viernes y debido a las complicaciones y a la gravedad de las heridas en una de sus piernas, en la clínica donde fue atendida tuvieron que decidir la operación de la misma. Y corre el riesgo de que sufra la amputación.

Los familiares y parientes de García lloraban el drama en la funeraria Gaviria, a donde fueron llevados los cuerpos en la tarde de ayer.

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