HA VUELTO RINCÓN, EN EL MEJOR RINCÓN

HA VUELTO RINCÓN, EN EL MEJOR RINCÓN

Casi se llena la plaza de Santamaría. Pero la que estaba más llena era la copa de la indignación contra la guerrilla. Al sonar los himnos, la gente agitó los pañuelos blancos y formó una nube como de palomas de la paz. Pero lo hacían con rabia y dolor. Y hubo un sentido minuto de silencio, que fue eterno o más bien hacia la eternidad. Desde los tendidos de sol, especialmente, a donde van los de la clase media, les gritaron asesinos ! a los guerrilleros, y fuera guerrilla, fuera ! Había dolor y luto. Los toreros y sus cuadrillas llevaban una cinta negra en sus trajes.

10 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Casi se llena la plaza de Santamaría. Pero la que estaba más llena era la copa de la indignación contra la guerrilla. Al sonar los himnos, la gente agitó los pañuelos blancos y formó una nube como de palomas de la paz. Pero lo hacían con rabia y dolor. Y hubo un sentido minuto de silencio, que fue eterno o más bien hacia la eternidad. Desde los tendidos de sol, especialmente, a donde van los de la clase media, les gritaron asesinos ! a los guerrilleros, y fuera guerrilla, fuera ! Había dolor y luto. Los toreros y sus cuadrillas llevaban una cinta negra en sus trajes.

Se lidió una corrida de Achury Viejo, excelentemente presentada, con un promedio de 494 kilos. Toros con raza, con mucho nervio, que embestían bajito, tobilleros y que tenían mucho que lidiarles. Difíciles.

César Rincón tenía una enorme presión adentro. Llegó serio a la plaza. Después confesó que estaba que se reventaba de ansiedad. Solo sonrió, levemente, en el paseíllo y después de lancear con belleza a su primer toro. Jeringa y Chiricuto saludaron por sus buenos pares.

Rincón cuajó una faena poderosa, seria. Una faena de tandas cortas pero limpias, en las que se recuerdan unos naturales sacados del libro de la experiencia, en la página de las distancias. Estuvo muy bien ante un toro noble pero poco repetidor. Y mató dando el pecho, de un espadazo, para cortar una oreja. Una oreja llena de vitaminas, de ilusión, de nueva motivación.

Ya Rincón en Rincón, el de siempre, recibió de rodillas a un torazo de 510 kilos, para pegarle dos largas cambiadas. Y después verónicas, chicuelinas y remates torerísimos. Los del Rincón maestro. Nadie daba un peso por Cautivo , nadie más lo había visto. Vino un duelo como esos del oeste, de jugarse la vida de frente, con valor. Un duelo de estudio, de desenfundar a tiempo, de exponer en cada instante. Una demostración de técnica, de conocimientos, de poder. Ese Rincón que hace los toros de un trozo de barro, había vuelto. La afición le pedía que matara al toro, pero él seguía en su duelo, largo y peligroso. Se doblaba con el toro y cada pase era un alarido. Por un pitón y el otro. Así y asá. Aquí y allá. Y había miedo en los tendidos. Silencios y tomar aire.

De pronto, el milagro. El diablo fue santificado. Un toro peligroso y manso, era bueno, embestía, entre admiraciones y no te lo puedo creer! Qué maravilla. Esto es sensacional , increíble , se decía. Y el mago, toreaba y toreaba. A algunos, de pelo en pecho, se les llenaron los ojos de emotivas lágrimas. Rincón entró a finiquitar a su enemigo y lo mató de un espadazo. La locura. Las dos orejas y dos clamorosas vueltas al ruedo con la bandera de Colombia en sus hombros y en las que hasta los picadores tiraron el castoreño. Esas cosas no se ven en muchos años.

Bien Manrique.

Pepe Manrique, tuvo el viento en contra. Pero mostró suficiente valor y torería para resolver. Su primer toro derrotaba mucho, se quedaba buscando en los tobillos, y como el huracán lo descubría, sufrió una voltereta. Estuvo bien, logró algunas buenas tandas y mató de un espadazo.

Al segundo lo toreó por verónicas cargando la suerte, con temple y arte. En la muleta el toro era enrazado, fiero también y le buscaba las zapatillas. Pepe se la jugó, le echó valor y a base de estar ahí, le logró unas series de mucho mérito. Otro menos puesto se hubiera ido a la enfermería o por la puerta de atrás. Mató de un estocadón, y cortó una oreja más que merecida.

Debutó David Fandila El Fandi , sin duda el mejor banderillero del mundo, ayer colocó pares extraordinarios, en terrenos imposibles, llegándoles a los toros a centímetros de los cuernos y dejando las banderillas arriba, en una moneda. Sobre todo aquellos en los que llegó por dentro de las tablas, dejándose acosar de la muerte. O los de su invención, al estilo del violín.

Su primer toro fue un mansurrón en el que nada podía hacer. Y poco también logró en el otro, en el que mostró valor y voluntad, pero el toro tiraba hachazos arriba, o se paraba en el viaje. Tuvo que matarlo de estocada y dos descabellos.

Una emocionante tarde en la que ha vuelto Rincón. Y está bien. Es Rincón.

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