UN PLOMO EN EL ALMA

UN PLOMO EN EL ALMA

No saben- o a lo mejor así lo esperan?- cuántas familias destruyen para siempre, cuánto dolor causan ni qué traumas profundos dejan en personas inocentes. La crueldad de las bombas va más allá de la chatarra y del escombro. Esta llega a las entrañas de los seres y de sus hogares. Y suele ser tan dolorosa como irreparable.

10 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

No saben- o a lo mejor así lo esperan?- cuántas familias destruyen para siempre, cuánto dolor causan ni qué traumas profundos dejan en personas inocentes. La crueldad de las bombas va más allá de la chatarra y del escombro. Esta llega a las entrañas de los seres y de sus hogares. Y suele ser tan dolorosa como irreparable.

El miserable atentado contra el Club El Nogal ha dejado unos dramas humanos que conmueven lo más hondo del alma. Episodios estremecedores ante los que las palabras de aliento suenan vanas. Un niño de 6 años, alegre, amor de los suyos, no aparece. Allí, tal vez, se desprendió de la mano de pa, de ma, de la vida, de la felicidad.

Una niña de 11 años, sensible, tierna, alegre también, que comenzaba esa inolvidable edad de la secundaria y el amor y los sueños y los juegos más grandes, estaba entre los escombros, resistiendo, aferrada a la vida y al amor y a la esperanza de que los suyos se hubieran salvado. Aún lucha en un hospital, sin saber que a sus padres se los llevó la bomba de las Farc y que su hermanito gemelo también está en otro hospital. Qué futuro les espera?.

De ese tamaño y de ese estilo terrible son estas desgracias. Como la que vive Humberto Muñoz, ex embajador en Moscú, que había perdido trágicamente a tres hijos y en esta oportunidad a otra hija. La que sería consuelo y compañía, también dejó por siempre su hogar.

Junto con ellos, decenas de dramas parecidos. Qué importa el estrato. La tragedia es la misma en las inconsolables familias del mesero, de la aseadora, del banquero abuelo o el ejecutivo joven. El dolor por la muerte brutal de seres queridos se viste igualmente de negro y pesará siempre como un plomo en el corazón de todos.

No hay calificativos para los autores de esta vil matanza de inocentes. Semejante desprecio por la vida humana, semejante sevicia y sangre fría para causar el máximo de pena y dolor hablan por sí mismos. Una ciudadanía atribulada, pero en pie, exige castigo. Y acompaña a las centenares de familias golpeadas por esta nueva muestra del salvajismo al que pueden llegar los enemigos de la patria.

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