HORA DE DEFINICIONES

HORA DE DEFINICIONES

Hoy comienza una semana decisiva para Colombia en materia de comercio exterior. El próximo sábado, según el calendario adoptado por los países latinoamericanos para negociar un Area de Libre Comercio (Alca) antes del 2005, se deberán presentar los aranceles y regímenes de cada uno, que servirán de base para las negociaciones. Lo que está en juego es tan crucial como complejo.

10 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Hoy comienza una semana decisiva para Colombia en materia de comercio exterior. El próximo sábado, según el calendario adoptado por los países latinoamericanos para negociar un Area de Libre Comercio (Alca) antes del 2005, se deberán presentar los aranceles y regímenes de cada uno, que servirán de base para las negociaciones. Lo que está en juego es tan crucial como complejo.

La posición colombiana no es la mejor. Se supone que los miembros de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) llevarán una posición unificada, con el objeto de fortalecer su postura. Pero todavía, cinco días antes de la fecha límite, están muy lejos de acordar una perspectiva común. La semana pasada, el representante de Venezuela no asistió a la reunión convocada para este fin, y argumentó que su ausencia se debía a la crisis que atraviesa su país. Pero el breve lapso que resta y las dificultades de fondo hacen pensar que la construcción de una posición pactada es casi un imposible. Entre tanto, los países centroamericanos han acelerado su entendimiento directo con Estados Unidos para firmar un acuerdo de libre comercio. Y la columna vertebral de Mercosur, Argentina y Brasil, acordó la semana pasada fortalecer el bloque subregional y presentarse conjuntamente a la mesa del Alca.

La Comunidad Andina pasa, en términos de integración, por la peor de su larga historia de sobresaltos y crisis. Las políticas exteriores de Colombia y Venezuela, bajo los gobiernos de Alvaro Uribe y Hugo Chávez, son totalmente disímiles, sobre todo en la concepción de su relación con Washington y sus perspectivas del libre comercio. El nuevo gobierno de Ecuador, presidido por Lucio Gutiérrez, es abiertamente partidario del proteccionismo agrícola y escéptico frente a la apertura. Y Bolivia y Perú hace rato han fortalecido sus lazos económicos con Mercosur, hasta el punto de que el primero de ellos tiene más comercio con sus vecinos del sur que con sus aliados del norte.

En las primeras reuniones con miras al Alca, además, los miembros de la Comunidad Andina optaron por una estrategia riesgosa. En el camino que supuestamente conduce a la adopción de un arancel externo común, hicieron acuerdos sobre los productos que ofrecen menos dificultad, porque tienen regímenes nacionales parecidos, o bajos niveles de sensibilidad, porque no son producidos en la región. En conjunto, suman un 62 por ciento del universo arancelario. Pero ahora la negociación de los otros, los de mayor impacto, no podrá beneficiarse de un tratamiento integral con los que ya fueron abordados.

En tales condiciones, la carta andina se debilita peligrosamente para Colombia. El ministro de Comercio Exterior, Jorge Enrique Botero, afirma que el país irá al Alca solo o acompañado. Pero la diferencia de ambas alternativas, en términos de fortaleza o debilidad, es enorme. Y el propio presidente Alvaro Uribe ha expresado la intención de negociar directamente un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Aunque realistas, sin duda, las posiciones gubernamentales tienen el peligro de menospreciar la subregión andina, un mercado especialmente valioso, a pesar de las dificultades, por su magnitud y dinamismo.

Varias industrias nacionales han logrado sobrevivir a la debilitada demanda interna en los últimos años y los retos de la globalización gracias a sus ventas en Venezuela, Ecuador y Perú. Y en el plano multilateral, es decir en el Alca, la falta de aliados puede resultar muy perjudicial. A mediano plazo, además, incrementar aún más la dependencia económica de Estados Unidos no es la opción ideal.

Hasta el momento, Colombia se ha movido en un esquema pragmático. Con Estados Unidos rigen las preferencias unilaterales, recientemente renovadas sin contraprestación. Y en el vecindario ha insistido, sin éxito, en el acuerdo sobre un arancel común y la consolidación de la CAN. Esta estrategia tiende a agotarse, porque el proceso hemisférico va a toda marcha y, en cambio, el de la subregión andina está más varado que nunca. Lo cual implica que se vienen momentos de decisiones trascendentales, que a su vez exigen una excelente comunicación y, ojalá, un entendimiento entre el Gobierno y los empresarios.

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