EL MEDIO ES EL TERROR

EL MEDIO ES EL TERROR

Cuando ese nefasto 11 de Septiembre, el mundo entero se paralizó de espanto cuando vio en sus pantallas de televisión el choque de un segundo avión contra las torres gemelas, en Nueva York, todos asistimos estupefactos al nacimiento del terrorismo global.

26 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Cuando ese nefasto 11 de Septiembre, el mundo entero se paralizó de espanto cuando vio en sus pantallas de televisión el choque de un segundo avión contra las torres gemelas, en Nueva York, todos asistimos estupefactos al nacimiento del terrorismo global.

Y así como Marshall Mc Luhan había advertido cuatro décadas antes que "the medium is the message", ahora, gracias a la proyección planetaria "en vivo y en directo" de imágenes digitalizadas, a través de los medios de comunicación electrónica, estos se han convertido en verdaderos aparatos de amplificación social. Hoy "el medio es el terror", en alta fidelidad estereofónica.

En el mundo contemporáneo, gracias a la convergencia de redes y a la interfase de servicios que se realizan simultáneamente, la dinámica de los mensajes y el poder de los canales de comunicación se han transformado e incrementado en forma exponencial. Cambiando dramáticamente no sólo todo nuestro entorno sino nuestra capacidad de percepción emocional y racional. Cotidianamente nuestras vivencias se han vuelto terroríficas.

Hasta el punto que hoy por el impacto de los sucesos naturales y de la violencia genérica a que someten a su público-destinatario los medios de comunicación, nuestra sociedad está psicológicamente en estado de shock permanente y la gente muere de miedo. Escribimos todo esto para invitar a la reflexión a nuestros colegas periodistas sobre la inmensa responsabilidad social que nos atañe en estos tiempos tan paranoicos. Cada palabra tiene una carga emocional muy grande y cada imagen una descarga psicológica de reacción inconmensurable.

En plena guerra y en medio de una demencial escalada terrorista, los periodistas tenemos la obligación moral indeclinable de hacernos responsables de, sin dejar de informar, no servir de nefasta caja de resonancia a los criminales designios de esas mentes enfermas. De todas las armas que se utilizan para influir y manipular los medios, el terror es la más insana y miserable pero la más efectiva, para desfigurar las realidades políticas, sociales, económicas, culturales y religiosas. Con esto en mente, gobierno y medios deben buscar regulaciones serias, responsables y socialmente pragmáticas.

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