EL BUMERÁN DE LA SEGURIDAD

EL BUMERÁN DE LA SEGURIDAD

Heng Zhu es un prodigio en el campo de la genética y becario de un programa postdoctoral en la Universidad de Yale. También es un biólogo molecular muy meticuloso, pero en abril pasado, por descuido, cometió un error.

06 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Heng Zhu es un prodigio en el campo de la genética y becario de un programa postdoctoral en la Universidad de Yale. También es un biólogo molecular muy meticuloso, pero en abril pasado, por descuido, cometió un error.

Zhu, de 35 años, dejó que su visa expirara y tuvo que regresar a su país, China, antes de que el Departamento de Estado estadounidense considerara otorgarle una nueva visa.

Casi diez meses después, sigue esperando en Pekín, pese a las cartas, las llamadas telefónicas y las peticiones de los responsables de Yale y otras personas que lo patrocinan. Su ausencia ha descarrilado la obra que se realizaba con un donativo de US$1,5 millones de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos para entender cómo funcionan miles de genes, un proceso que podría ayudar a descubrir nuevos fármacos.

"Esto está acabando con nuestro laboratorio en ese campo", afirma Michael Snyder, presidente del departamento de biología molecular de Yale y jefe de Zhu.

Heng Zhu es uno de los miles de científicos extranjeros atrapados en la red de mayor escrutinio en materia de seguridad tras los atentados del 11 de septiembre.

El Departamento de Estado no hace comentarios sobre casos específicos. Tampoco sobre el volumen de atrasos en las visas, a pesar de que los participantes en una sesión informativa de esa agencia, celebrada en el tercer trimestre del año pasado, aseguran que estos afectaban a un total de 25.000 casos en ese entonces. El Departamento de Estado reconoce que el atraso era mucho mayor que en años previos, pero afirma que sus funcionarios hacen todo lo posible en momentos difíciles como los actuales.

El gran logro de Zhu en Yale fue que consiguió trazar el mapa de los 6.400 genes en el genoma de la levadura. El científico consiguió aislar la proteína única de cada gen y las colocó en pequeños plásticos para que los investigadores puedan observar cómo se interrelacionan a través del microscopio.

Fue un gran descubrimiento porque permite a los científicos ver cómo los patógenos que causan enfermedades se unen a las proteínas. Esto abriría un campo enorme para nuevas investigaciones, como el desarrollo de arroz resistente a enfermedades. Además, ya que las células de la levadura operan de forma similar a las humanas, las técnicas de Zhu permitirían que los científicos aíslen proteínas humanas y prueben fármacos en ellas de forma mucho más eficiente.

El caso de Zhu ilustra la creciente tensión entre inquietudes de seguridad surgidas a raíz del 11 de septiembre y el libre intercambio de ideas y personas necesario para el progreso científico.

Pero las investigaciones científicas en EE.UU. dependen cada vez más de expertos extranjeros, ya que no hay suficientes estadounidenses estudiando licenciaturas en ciencias. Los extranjeros representan la mitad de los estudiantes de matemáticas, computación e ingeniería en EE.UU. y más de una tercera parte de los que reciben doctorados en ciencias e ingeniería.

Sin embargo, en los 16 meses desde los atentados terroristas, la cantidad de nombres inscritos en el sistema de "vigilancia" antiterrorista del Departamento de Estado se ha duplicado, y los consulados hacen que un número cada vez mayor de nombres de solicitantes de visas pasen por ese departamento. A lo anterior se suma que las embajadas deben ahora esperar la respuesta de agencias como la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) y la Dirección General de Inteligencia (CIA) antes de garantizar visas.

Las visas se podían emitir antes si las mencionadas agencias no respondían en el plazo de 30 días. Aunque turistas y trabajadores de distintos campos han tenido que esperar por sus visas, la mayoría de los que están en esa situación son personas con avanzados conocimientos tecnológicos.

Los grandes proyectos científicos, antaño exaltados como modelos de cooperación global, también están sufriendo el golpe.

Un ejemplo es el proyecto del acelerador D-Zero, operación de US$5 millones al año ubicada en el Fermi National Accelerator Laboratory, planta del Departamento de Energía de EE.UU. en Illinois. Allí trabajan 500 científicos de 18 países en un acelerador que hace que partículas subatómicas choquen unas contra otras con el fin de que los investigadores puedan estudiar la naturaleza fundamental de la materia. John Womersley, responsable de Fermilab, dice que los avances en las áreas de software y hardware se han visto frenados, aunque no eliminados, por problemas migratorios.

Algunos científicos están abandonando sus intentos de visitar EE.UU. En diciembre, un ciudadano canadiense de origen paquistaní, Muzaffar Iqbal, relata que se dirigía a una conferencia sobre el Islam y ciencia en la Universidad de Georgetown cuando fue detenido en el aeropuerto de Toronto varias horas por funcionarios estadounidenses de inmigración. Iqbal se negó a que le tomaran una foto y sus huellas digitales bajo una nueva disposición que requiere registrar a todos los hombres provenientes de 20 países, en su mayoría musulmanes, y regresó a Canadá.

"Es muy humillante y decidí no participar en este programa", dice el Dr. Iqbal, quien tiene un doctorado en química de la Universidad de Saskatchewan. "Me fui de Pakistán hace 22 años. Tengo pasaporte canadiense. Aplicar la situación actual de Pakistán a alguien como yo es sencillamente ilógico".

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