49 DÍAS DE EXCESIVA NORMALIDAD

49 DÍAS DE EXCESIVA NORMALIDAD

Todo es excesivamente normal en Venezuela. Lo aseguró hace unos días el vicepresidente, José Vicente Rangel, a un grupo de periodistas. Nos dijo que esta es una huelga de ficción.

19 de enero 2003 , 12:00 a.m.

Todo es excesivamente normal en Venezuela. Lo aseguró hace unos días el vicepresidente, José Vicente Rangel, a un grupo de periodistas. Nos dijo que esta es una huelga de ficción.

Pero la semana pasada tuve que ir al supermercado a hacer algunas compras para mi alacena vacía. No soy aquí el único comunicador que por andar detrás de la noticia se despierta un día sin café ni azúcar, de absoluta primera necesidad en el oficio. Debí esperar más de dos horas en una fila para pagar el café.

Luego me dirigí a un pequeño automercado (supermercado) del centro de la ciudad a buscar el azúcar. Cerca de mi casa ya se había agotado. Lo mismo me sucedió hace unos días con la sal.

El centro es otra cosa. Allí hay una oferta más variada y a excepción de la harina Pan, la sal, el azúcar, la leche, el pan tajado, las gaseosas y la cerveza venezolana, casi se puede conseguir toda clase de productos, solo que hay que destinarle tiempo para visitar varios sitios y, en ocasiones, estar dispuesto a pagar un poco más.

El presidente Hugo Chávez ha denunciado que hay un plan de desabastecimiento promovido por la oposición. Dijo que hay que requisar y militarizar los depósitos, y lo cumplió el viernes con algunos de gaseosas y cervezas. Y aclaró que una cantidad importante de los productos los está importando el gobierno.

Inmediatamente le replicó Rafael Alfonso, miembro de la mesa de negociación y presidente de la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cavidea), quien aseguró que el único responsable de esa situación es Chávez. Y explicó que hay un plan de contingencia para surtir a los supermercados de 14 productos básicos: arroz, leche en polvo, agua mineral, atún y sardina en lata, pasta, fórmulas alimenticias, salsa de tomate, azúcar, sal, aceite, harina de maíz y pan.

puedo venderle unai.

También en el centro, tras varios intentos de búsqueda, pude conseguir un abrelatas después de un recorrido en compañía de la corresponsal de una radio europea y de visitar varios lugares. Este aparatico se ha convertido en un bien de lujo en el oriente de la ciudad.

Los que compraron sardinas, atún y otros enlatados al inicio del paro se los llevaron todos; estaban nerviosos , recordó uno de los empleados del supermercado Plaza.

Todo el mundo sigue nervioso. En la fila había una señora que, iracunda, le dio un soberano regaño a la cajera porque no quiso venderle dos bolsas de jabón en polvo.

Los avisos dicen que se pueden llevar dos unidades por persona , reclamó.

Esas son bolsas dobles y no puede venderle sino una. Es la orden. No puedo hacer más nada , contestó la cajera.

Yo me llevé la otra bolsa, pero me hicieron devolver dos de las cuatro latas de atún quería comprar. Después del suceso, la señora dio excusas.

Solo dos productos por persona , repitió la cajera, que ya no tenía más ganas de discutir. Bastante había tenido con lidiar a todos los clientes que se muestran reacios a pagar el IVA, después del llamado de la oposición a la desobediencia tributaria.

Se calcula que este año, por concepto de la desobediencia, los recaudos por impuestos serán de 12,7 billones de bolívares y no de 14,4 billones que se habían proyectado.

La odisea de tanquear.

Había un gran corrillo al salir del supermercado. Todos hablaban de lo mismo: Esto nunca se había visto en mi país, hasta cuándo tendremos que aguantarnos? , preguntó un señor, sin encontrar respuesta. El papel higiénico y las toallas higiénicas se esfuman en minutos , insistió alguna. Estoy cansada, tengo que venir casi a diario porque no hay lo que necesito , dijo una vecina.

Es cierto. Hacer filas de horas para todo cansa. El pago de teléfono me tuvo en una cola por más de cuatro horas, en una oficina de Cantv. Y aún me falta pagar la energía. El recibo ya se venció.

Por fortuna, parece que por ahora no la cortarán, porque no hay suficientes sitios habilitados para el cobro y las filas en los que sí funcionan son más largas que las del teléfono. En los bancos solo abren tres horas y ahí también son interminables.

Andrew Webb-Vidal, corresponsal del periódico The Financial Times, fue el sábado pasado a una estación de gasolina, en Fuerte Tiuna, en la Avenida del Valle. Llegó a las 6:30 de la tarde. Los soldados les avisaron a los conductores que esa noche vendrían cuatro tractomulas con combustible. A las ocho de la mañana del domingo se inició la venta y Weeb-Vidal pudo tanquear a las 10.

Estaba como en el puesto 30 de la cola y ya no tenía gasolina. Tuve que esperar , me cuenta. Previendo lo que podía pasar, llevó una botella de vino, sándwiches y una buena compañía. Otros prefieren escuchar música, jugar dominó, ajedrez o cartas.

En el momento de la compra, el bombero aclaraba a cada cliente: Solo vendemos 3.000 bolívares por vehículo . Apenas el tanque de un automóvil. No faltó esa noche quién se le acercara a ofrecerle gasolina a mil bolívares el galón, precio que supera doce veces su costo.

Pese a la escasez, el Gobierno insiste en que ya puso a producir las refinerías y que el suministro es casi normal . En pocos días tendremos millón y medio de barriles , aseguró Rangel. La producción, antes del paro, superaba los 2 millones. También anunció que se está enfrentando la especulación.

no puede ser normali.

Ignacio, un taxista, está a punto de devolver el carro porque ahora tiene que laborar 12 horas al día antes lo hacía solo ocho y hay ocasiones en las que solo consigue lo que le corresponde a la propietaria.

Ya no quiero estar tres o cuatro horas haciendo cola para echar gasolina. Además no está buena, mire como el carro está pistoneando , dice. Y explica que si no le resulta buen negocio devolverá el taxi y se irá para el interior.

Lo que sucede en Venezuela, un país petrolero en una época de buenos precios del crudo, no puede ser normal , dice un estudiante de finanzas, también de paso por el supermercado.

Según recientes análisis, este año se prevé mayor devaluación, el desempleo superará el 20 por ciento y la economía caerá 9 por ciento.

Por eso suena tan extraño que el vicepresidente Rangel diga que el paro es ficción . Al cabo de 49 días, los periodistas extranjeros, al igual que los venezolanos del común, hemos vivido otra cosa.

Además, una ficción no le hace perder 50 millones de dólares cada día al país por ventas petroleras no realizadas.

FOTOS.

En muchos establecimientos las gaseosas y el agua embotellada desaparecen tan pronto son surtidos.

Entre las nuevas rutinas de los venezolanos están la marcha y la violencia diarias.

Comprar combustibles, en este caso gas de cocina, requiere de tiempo y paciencia.

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