EL PIANISTA Y LOS MATONES

EL PIANISTA Y LOS MATONES

El pianista, de Polanski, ayuda a comprender lo que ocurre hoy en Colombia. Las hordas nazis invadieron a Polonia (1941). Pareció inútil resistirles y el problema de los judíos era de ellos!, pensó la mayoría. Sin resistencia, los alemanes fueron cada vez más fieros y sus crímenes, impunes. A los pocos meses había 500 mil secuestrados en un gueto inmundo; hambrientos, aislados, maltratados y amenazados de muerte. Los secuestradores de toda una nación jugaron al tiro al blanco con sus víctimas, las humillaron y torturaron.

11 de mayo 2003 , 12:00 a. m.

El pianista, de Polanski, ayuda a comprender lo que ocurre hoy en Colombia. Las hordas nazis invadieron a Polonia (1941). Pareció inútil resistirles y el problema de los judíos era de ellos!, pensó la mayoría. Sin resistencia, los alemanes fueron cada vez más fieros y sus crímenes, impunes. A los pocos meses había 500 mil secuestrados en un gueto inmundo; hambrientos, aislados, maltratados y amenazados de muerte. Los secuestradores de toda una nación jugaron al tiro al blanco con sus víctimas, las humillaron y torturaron.

Aunque Szpilman, el pianista, nunca pensó ejercer resistencia, sí admiró a los pocos que prefirieron muerte digna a esclavitud prolongada. Guillermo y Gilberto no tuvieron entre esa horda de actores del conflicto capaces de dispararles a quemarropa un comandante, como el nazi, que volviera, al final, a la realidad. Un comandante que comprendiera que no hay tal conflicto armado (ni social, ni racial, ni político, ni geopolítico), sino carnicería, la más cruda expresión del sadismo y de la intolerancia humana. Al nazi terminó conmoviéndolo ese intérprete de Chopin, a quien ellos habían convertido en una piltrafa enferma, desarrapada y hambrienta. No, el comandante nazi no fue capaz de descerrajar un tiro de gracia al alma grande de Szpilman! En cambio, el de aquí sí fusiló a nuestros diez compatriotas buenos e indefensos.

En lo único que uno piensa, metido por años en un chiquero, es que alguien se compadezca y venga a rescatarlo , dijo uno de los liberados. Pero, la única fuerza pública del mundo que debe rescatar a prisioneros que no cometieron un solo delito y que son utilizados como mercancía de cambio es la colombiana. Debe superar todos los obstáculos físicos, técnicos y morales: meterse a la selva más espesa y escarpada del mundo, a sabiendas de que los secuestradores matan a sangre fría a las víctimas.

Además, en Colombia siempre habrá un grupo de comentaristas que opinan que todo lo que el Estado haga es poco menos que una atarvanada; que sindicarán al liberador del crimen que cometió el secuestrador; que creerán, de una, los comunicados de los matones y tildarán de mentira o de show la versión de la autoridad; que considerarán una fortaleza de los secuestradores su decisión de asesinar a los cautivos; que chiflarán al médico porque muere el paciente en una cirugía.

Aunque el Presidente es autocrítico, considera que siempre se debe ir por los secuestrados, sea a una alcantarilla urbana o a una pocilga selvática. El confía en los informes de los oficiales, valora como moralmente superior la causa que defiende el soldado y considera digna de reprobación universal la que alega la guerrilla. Uribe no define lo que se da en Colombia como un conflicto social y político, sino como una criminalidad desbordada, igual que la de Nueva York hace décadas, o las que describió Kaplan en su Viaje a los confines de la Tierra.

Alguien dijo que el Presidente hizo un show para rematar o justificar la operación. Se equivoca en materia grave! Un analista debe conocer a fondo la personalidad del analizado, máxime si es Presidente. Si cree que es un Dustin Hoffman en Cortina de humo, inventando el guión de una crisis falsa, es una cosa. Pero si hay un estadista pensando en los más altos intereses y respondiendo por las consecuencias de sus actos, es otra muy distinta. El Presidente voló inmediatamente al campo de concentración, se internó en la selva con el general Montoya y el sargento Guarnizo (ileso en la masacre) e inició el rescate de cadáveres. Aunque quiso pernoctar en la manigua, la prudencia enérgica de los generales le hizo salir hacia Rionegro. Bueno, qué pena, quédese usted, general, yo voy a informarle al pueblo los hechos , dijo antes de abordar el helicóptero a las seis de la tarde.

A la mañana siguiente, cuando llegaba a la casa de Guillermo Gaviria y doña Adela, como dándose fuerza para abrazar a unos padres afligidos sus amigos y las personas más íntegras y patriotas del universo , el Presidente dijo, hablando para sí: Anoche, sólo tenía en la cabeza a Bolívar, y esa frase que memoricé hace años:La energía de la fuerza pública es la salvaguardia de la flaqueza individual, la amenaza que aterra al injusto y la esperanza de la sociedad. (La corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitosi .

Nadie dijo una palabra. Qué decir, si El paisa , el matón, salió de la cárcel porque un juez dijo que era un angelito!.

* Consejero presidencial. Los comentarios de esta columna solo comprometen a su autor.

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