Secciones
Síguenos en:
LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO

LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO

Una vez más, el Congreso de la República ha venido ocupándose de la legalización del aborto, con carácter restricto, es decir, solo en circunstancias específicas, por cierto de ocurrencia excepcional.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
01 de junio 2003 , 12:00 a. m.

Una vez más, el Congreso de la República ha venido ocupándose de la legalización del aborto, con carácter restricto, es decir, solo en circunstancias específicas, por cierto de ocurrencia excepcional.

Creo oportuno dar mi opinión, basada en una larga experiencia ginecobstétrica y en repetidas reflexiones éticas, advirtiendo que aquella -mi opinión- en nada compromete a quienes forman parte del Instituto Colombiano de Estudios Bioéticos. En esta ocasión me ocuparé únicamente de los casos que embargan la atención del Congreso.

1. Cuando la presencia de un embarazo amenaza los intereses vitales de las madres, se establece un conflicto de intereses, por cuanto están de por medio también los de la criatura por nacer. En la llamada Declaración de Oslo, suscrita por los miembros de la Asociación Médica Mundial, no se desconoce la posibilidad de que el embarazo sea interrumpido para favorecer la vida de la madre (aborto terapéutico), con la observación de que no es función de la profesión médica determinar las actitudes y reglas de una nación o de una comunidad particular con respecto a este asunto; pero sí es su deber asegurar la protección de su paciente y defender los derechos del médico dentro de la sociedad .

Pese a que sean muy reducidas las circunstancias específicas que hacen recomendable, de manera médicamente inobjetable, la terminación del embarazo para favorecer la vida o la salud de la madre, esa posibilidad debe ser contemplada en una eventual despenalización del aborto. La hipertensión pulmonar primaria, el lupus eritematoso sistémico con compromiso progresivo de la función cardiaca o renal, la diabetes asociada a la miocardiopatía isquémica o a retinopatía progresiva, las nefropatías con déficit funcional, el cáncer del seno y del útero, son algunas de las entidades médicas cuya presencia asociada al embarazo amenazan seriamente la vida de la mujer.

Frente a un caso problema, si una junta médica concluye que el riesgo materno es demasiado alto permitiéndose la continuación del embarazo, ese pronóstico debe ser transmitido a la paciente y a su cónyuge. Si estos deciden que se le ponga fin a la gestación, en las circunstancias actuales no hay manera de intervenir a favor del bien mayor, que, sin duda, es la madre. Si se actúa en forma clandestina, el médico queda expuesto a sanciones penales y disciplinarias.

2. Como la mujer embarazada no tiene conocimiento pleno de lo que le está ocurriendo a su hijo en gestación, es el ginecobstetra el indicado para auscultar su estado y comunicárselo a sus padres. Hoy día se cuenta con muchísimos recursos para conocer las condiciones de salud del embrión y del feto en sus distintos periodos de desarrollo. Además, la información médico-paciente oportuna y veraz forma parte de la fundamentación del actuar ético. Siendo así, el médico no puede preterir los hallazgos patológicos que haya captado. Su deber es comunicarlos para salvar su responsabilidad.

Cuando existe evidencia de que el feto es portador de defectos mayores, que en la etapa extrauterina serán incompatibles con la vida o con una aceptable calidad de vida, la interrupción sería una especie de aborto piadoso, que tiene mucha similitud con la eutanasia en los estados terminales, con la diferencia de que en esta puede y debe existir la autorización del enfermo; en aquel no, pues el embrión o el feto carecen de la capacidad de comunicación y de la autonomía que caracterizan a la persona. Es la mujer quien, en últimas, toma la determinación, asumiendo ella que es su conciencia la que le otorga la facultad de decidir por su hijo en cierne.

3. Interrumpir la gestación producto de violencia carnal o de inseminación no consentida puede considerarse un aborto por resarcimiento. Resarcir es compensar un daño, perjuicio o agravio. Considero que la mujer que ha sido víctima de una violación y, como consecuencia de la misma, ha resultado embarazada tiene todo el derecho a que se le compense, siquiera en parte, el agravio de que fue objeto, para impedir el desarrollo del producto de un acto infame, ejecutado contra su voluntad. No permitir el desagravio sería propiciar una segunda violación: si la primera estuvo a cargo del criminal, la segunda correrá por cuenta de quienes fuerzan a la ofendida a proseguir con el embarazo y dar a luz al hijo de un villano por quien solo puede sentir odio. En mi concepto, si el ser humano pudiera poner condiciones previas a su engendramiento, de seguro que señalaría como requisito que fuera gestado de manera deseada y que su progenitor fuera conocido.

* Presidente del Instituto Colombiano de Estudios Bioéticos.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.