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EL PERDÓN DE RIVERA

EL PERDÓN DE RIVERA

- Y por qué el Partido Liberal le pide perdón al país? -le preguntó un periodista de RCN en plena Convención Liberal a un José Guerra Tulena acaso más canoso que el que nos acostumbramos a ver en tiempos del proceso ocho mil, cuando Samper le agradeció su fidelidad escriturándole al menos un instituto descentralizado.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
02 de junio 2003 , 12:00 a. m.

- Y por qué el Partido Liberal le pide perdón al país? -le preguntó un periodista de RCN en plena Convención Liberal a un José Guerra Tulena acaso más canoso que el que nos acostumbramos a ver en tiempos del proceso ocho mil, cuando Samper le agradeció su fidelidad escriturándole al menos un instituto descentralizado.

- Hombre! -dijo Guerra Tulena, sin mayor verguenza-, pues por tener mucho puesto... mucho ministro malo!.

Su respuesta me pareció corta, muy corta. Acaso solo nos van a pedir perdón por unos cuantos puestos y por unos ministros malos? No puede ser. Y lo de los tres contralores que salieron de su despacho a la cárcel? Y lo del procurador Orlando Vázquez, quien está todavía pagando una condena en prisión por enriquecimiento ilícito? Y lo de los congresistas que terminaron vinculados al ocho mil convertidos en defensores de los intereses del narcotráfico mientras sus capos asesinaban jueces, periodistas y candidatos? Quién les pide perdón a los estudiantes que eran torturados en las caballerizas de Usaquén en la época de Turbay porque tenían suscripción a la revista Alternativa y estaban en contra del Estatuto de Seguridad?.

Esperé a ver si Rodrigo Rivera mejoraba su perdón ante el país, pero no tuve mayor éxito. Lo cierto es que con este mea culpa tan flojo, uno queda con la impresión de que Rivera anda más interesado en buscar la absolución del presidente Uribe para ver si le acepta la hoja de vida que tiene desde hace rato debajo del brazo, que en pedirle perdón al país.

No de otra forma se explica que este acto de contrición liberal fuera tan poco generoso y desprendido. Y que se hubiera perdido la oportunidad de haberle pedido perdón al país por haber sido un partido que danzó con el narcotráfico; que no tuvo reato alguno en elegir un presidente con el dinero del cartel de Cali, al que apoyó hasta el final a cambio de puestos. Y si el perdón no hubiese sido virtual ni televisivo, hasta nos habrían podido pedir excusas por haber permitido el fortalecimiento del paramilitarismo en los años 80, responsable de tantas masacres que han quedado impunes. No fueron acaso los terratenientes liberales, como los del Magdalena Medio o los de la Costa, los primeros en armarse para deshacerse de las Farc por sus propios medios?.

En el fondo, el liberalismo nos tendría que pedir perdón por haber convertido a la política en un ejercicio del mayor puro cinismo, digno de equilibristas, consiguiendo con ello correr los linderos de la ética hacia lugares insospechables. Ese fue el gran legado que nos dejó el partido con su engolosine con el ejercicio material del poder: una moral a prueba de incompatibilidades. Por eso hoy, a Samper se le permite dar clases de ética y responsabilidad política y a Fernando Londoño, de enriquecimiento lícito y especulación bursátil desde la cartera de Justicia. Solo falta que Santofimio Botero salga en defensa de Londoño Hoyos para cerrar el círculo y terminar mordiéndonos la cola.

Y si no fuera porque el perdón de Rivera fue hecho sobre la base de que todos los colombianos somos pendejos, este habría sido un buen comienzo para que el oficialismo saldara sus deudas con el país.

Por lo demás, ni los cambios de los estatutos ni los anuncios de que el partido se estaba democratizando calaron. Tampoco los resultados son muy elocuentes: para ser la primera dirección que se elige democráticamente, no se distancia mucho de la que Serpa impuso a dedo. A excepción de Piedad Córdoba, los nuevos nombres son caciques sobre los que pesan los errores de un oficialismo que sigue renuente a la autocrítica.

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