DE EJE CAFETERO A COQUERO

DE EJE CAFETERO A COQUERO

A mediados de 1999, un grupo de hombres desconocidos en la región empezó a visitar a la mayoría de las fincas de la vereda el Verdal Bajo, en el corregimiento de Arboleda, de Pensilvania (Caldas).

29 de marzo 2003 , 12:00 a.m.

A mediados de 1999, un grupo de hombres desconocidos en la región empezó a visitar a la mayoría de las fincas de la vereda el Verdal Bajo, en el corregimiento de Arboleda, de Pensilvania (Caldas).

Exhibiendo unas pequeñas bolsas de plástico, se entrevistaron con la mayoría de los caficultores, por entonces muy empobrecidos debido a la caída de los precios internacionales del grano. "Esto le puede cambiar a usted la vida", le dijeron a cada uno de los campesinos, mientras sacaban de las bolsas unas cuantas semillas color marrón.

Los desconocidos les aseguraron que, como mínimo, de esas simientes obtendrían tres cosechas al año, que ellos les pagarían a buen precio. "Damos el kilo de semilla a 200 mil pesos. Esto no es un gasto sino una inversión", dijeron. Y lograron convencer a la mayoría.

Los hombres cumplieron su promesa y hoy, periódicamente, se desplazan hasta las mismas fincas a comprarles a los campesinos su producción de hoja de coca. Los 40 ó 50 mil pesos que les pagan por arroba superan en unos 20 mil pesos el precio que reconocen las Cooperativas de Caficultores de la Federación Nacional de Cafeteros por arroba de café Pergamino Tipo Federación.

Son guerrilleros del frente 47 de las Farc, y todo el mundo lo sabe, aunque nadie lo diga en voz alta.

"La semilla ahora la regalan", cuenta Gloria Jaramillo*, una campesina del Verdal Bajo que obtiene el sustento para su familia de 2 mil palos de coca distribuidos entre las matas de café, maíz, fríjol, plátano y frutales. Así, mimetizada y mezclada con los otros productos agrícolas, la coca ya tiene colonizadas 700 hectáreas de una tierra que fue cafetera hasta hace poco.

Hace dos años, cuando las autoridades se enteraron de la existencia de sembradíos ilegales en el oriente de Caldas, el Ejército efectuó un operativo para controlar los primeros brotes del problema mediante la erradicación manual.

Sin embargo, por la agudización de la crisis del café, más campesinos empezaron a sembrar coca y ahora los cultivos se han extendido por toda la franja entre el oriente de Caldas y el sur de Antioquia. Sus más grandes focos son los municipios de Pensilvania y Samaná y los corregimientos de Florencia, Berlín y San Diego.

En una decisión que desató una fuerte polémica, el ministro del Interior y de Justicia, Fernando Londoño Hoyos, el 10 de febrero pasado, les advirtió a los campesinos que si no erradicaban manualmente, les llovería glifosato. Ayer se realizó un foro en La Dorada (Caldas), en el que los cafeteros y diversas entidades le solicitaron al Gobierno estudiar otras opciones diferentes a la aspersión con el químico (ver recuadro).

En respuesta a la ofensiva gubernamental, según reveló un mandatario de la región la semana pasada la guerrilla distribuyó la oferta de que van a pagarles a los campesinos, 5 millones de pesos por cada hectárea nueva que siembren con coca.

En riesgo los otros cultivos.

En el Verdal Bajo, la coca, al igual que el café, es sembrada en las laderas de las montañas, desde donde se pueden observar extensos cultivos que se pierden en el horizonte. Las mulas, el típico medio de transporte de los bultos de café, bajan ahora cargando cajas repletas de plantas de coca listas para ser trasplantadas.

"A la coca hay que meterle más plata en abonos y fertilizantes que al café, pero da más plata", comenta Aníbal Restrepo*, quien asegura que ya algunos campesinos tienen estufas donde preparan pasta de coca que venden a un millón 600 mil pesos.

"Yo jornaleo en una finca donde hay 20 mil matas de coca. Me pagan 10 mil pesos por día y con eso sostengo a mi esposa y tres hijos pequeños", señala Luis Jaramillo*, un labriego de 50 años que creció entre los cafetales de las 21 veredas de Arboleda.

Gloria afirma que está dispuesta a abandonar sus 2 mil palos de coca si el Gobierno le asegura el mercadeo de los demás productos que siembra. Si eso no es posible seguirá adelante con los cultivos ilícitos, así llueva del cielo todo el glifosato que vaya a llover .

Por lo pronto, todos saben que cuando el glifosato caiga, va a quemar los palos de coca, pero también los de maíz, café, frijol y los frutales. Es el riesgo de tener todos los cultivos confundidos en las huertas. Y eso los tiene muy preocupados.

* Nombres cambiados por petición de los entrevistados.

FOTO:.

La hoja de coca que obtiene Gloria Jaramillo* en su finca, junto a palos de café, es vendida en Puerto Venus (Antioquia), localidad aledaña a Arboleda (Caldas).

Darío Augusto Cardona / EL TIEMPO.

Café con glifosato no va.

Fuertes pronunciamientos se hicieron ayer durante el foro sobre los efectos de la fumigación con glifosato para erradicar los cultivos ilícitos en el oriente de Caldas.

El alcalde de Pensilvania, José Oscar González, en representación de los mandatarios locales, dijo que desde 1978, cuando surgió en el corregimiento de San Diego una célula guerrillera de las Farc, al gobierno le han faltado agallas para solucionar los problemas de la comunidad.

Por su parte, el presidente nacional de Unidad Cafetera, Aurelio Suárez Montoya, dijo que la fumigación con glifosato acabaría con la prima de calidad del café colombiano de 10 centavos de dólar por libra y ocasionaría una pérdida automática de 120 millones de dólares a la industria cafetera nacional. En un mundo donde las producciones limpias y la agricultura orgánica están en auge es imposible que el café conserve este valor agregado que lo hace único , subrayó Suárez.

Al final, ante la ausencia de un representante del Gobierno Nacional, se acordó una proposición de rechazo a la fumigación que será llevada a la Asamblea Nacional de Diputados, el próximo 2 de abril.

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