LLEGÓ LA HORA

LLEGÓ LA HORA

Está bien que el gobierno nacional acuda a los organismos multilaterales en busca de solidaridad y cooperación a fin de combatir el terrorismo. Hemos participado en el esfuerzo internacional dirigido a acordar instrumentos que permitan enfrentar esa amenaza con mayor eficacia y tenemos el derecho, es más, el deber, de reclamar que operen los mecanismos contemplados en ellos para luchar contra dicho flagelo.

14 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Está bien que el gobierno nacional acuda a los organismos multilaterales en busca de solidaridad y cooperación a fin de combatir el terrorismo. Hemos participado en el esfuerzo internacional dirigido a acordar instrumentos que permitan enfrentar esa amenaza con mayor eficacia y tenemos el derecho, es más, el deber, de reclamar que operen los mecanismos contemplados en ellos para luchar contra dicho flagelo.

Sería inaceptable dejar de solicitar la aplicación de la Convención Interamericana sobre la materia, al igual que las disposiciones de la Resolución 1373 del Consejo de Seguridad de la ONU, toda vez que ellas hacen parte del empeño global tendiente a fortalecer la colaboración de los Estados en la batalla contra un enemigo común.

No hay ninguna razón para creer, con preocupación, a la luz del principio de la soberanía, que éstos pasos tendrían la consecuencia de dirigir las miradas de las Naciones Unidas hacia Colombia por primera vez. Basta recordar que la Resolución 1296 , aprobada por el mismo órgano en el año 2000, consagró quelos ataques dirigidos deliberadamente contra las poblaciones civiles u otras personas protegidas y las violaciones sistemáticas, manifiestas y generalizadas del derecho internacional humanitario y del derecho relativo a los derechos en situaciones de conflicto armado pueden constituir una amenaza para la paz y la seguridad internacionales y, a este respecto, reafirma que está dispuesto a examinar esas situaciones y, cuando sea necesario, imponer medidas adecuadas.

Está claro? Nos encontramos situados en el ojo del huracán hace mucho rato, la naturaleza de las confrontaciones cambió, y cada día se avanza más en las coincidencias para enfrentar el terrorismo. Así que acudir al mundo en procura de apoyo hace parte de la acción coordinada de los países víctimas de la criminalidad demencial.

Y por dentro? Hasta cuándo se va a aplazar la definición de una política de seguridad y paz de Estado? Lo anterior no ha pasado de ser un recurso teórico. Al final, lo que sucede es que cada alcalde manda en su año y queda atrapado en las frases de la campaña hasta cuando la opinión, cansada de la ineficacia, obliga a que se cambie el rumbo, gobierno tras gobierno. Hay, por ello, razones de sobra para no postergarla más. Buscar la tranquilidad requiere unidad y continuidad. Llegó la hora de suscribir un pacto nacional antiterrorista, de acordar dicha política y de integrar la comisión asesora de seguridad y paz con funciones similares a las que tiene la de relaciones exteriores en asuntos internacionales. Evitemos que Colombia siga moviéndose al vaivén de la ley del péndulo, lo que da lugar a que los ciudadanos expresen sus esperanzas votando unas veces por los halcones y otras por las palomas mientras los violentos destruyen y destruyen.

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