DE LAS ARMAS A LOS BORDADOS

DE LAS ARMAS A LOS BORDADOS

El policía Jesús Antonio Avila Ruiz se enfrentó a bala con un grupo de guerrilleros en un intento de toma en el municipio de Dagua (Valle). En Soacha (Cundinamarca) hizo lo mismo. Ha sido un valiente, pero acabó haciendo bordados.

18 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

El policía Jesús Antonio Avila Ruiz se enfrentó a bala con un grupo de guerrilleros en un intento de toma en el municipio de Dagua (Valle). En Soacha (Cundinamarca) hizo lo mismo. Ha sido un valiente, pero acabó haciendo bordados.

Avila Ruiz no está loco ni desocupado o cambiando de costumbres. Sigue siendo tan varón como cuando se dio candela con los hombres de Tirofijo . Ni siquiera su mujer, María Jenny, dudó de su hombría al verlo por primera vez con la aguja haciendo florecitas y caritas de caballos sobre blusas blancas.

Está en el centro de reclusión de la Policía Valle, en el barrio El Piloto. Este boyacense, de 41 años, padre de cuatro hijos, fue a parar a la cárcel por el delito de concusión, es decir, pedir dinero a terceros. Dice que es inocente y que puede demostrarlo. Pero mientras trata de probar que no es culpable se le midió al bordado.

Hay que sacarle jugo a esto , dice, mientras da una puntada y exclama que le ha quedado muy bien un remate del conejo de la suerte. Con él hay 25 policías más, de los 40 que tiene el penal, haciendo labores de punto.

Toda esta extraña historia de hombres que dan puntadas de aguja mientras silban o hablan por milésima vez de lo que harán cuando queden libres, comenzó en noviembre cuando la reina de la belleza de Cartago de 1987, Carmen Eugenia Vallejo, experta en bordados, les expuso la idea. Quería expandir su labor social.

Solo tres o cuatro valientes dieron un paso al frente. En la noche, los otros la emprendieron contra ellos. Ay, las nenitas , les dijeron. Con que se nos volvieron locas . Eran bromas de amigos, por supuesto. Se les hacía duro cambiar los revólveres por las agujas. Y si el general Campo los viera en esas?.

Hasta que el director del penal, el sargento viceprimero, José Holmes Vivas, les pegó una reprimenda y les dijo que tomar una aguja no era una verguenza para un hombre y que, además, les serviría para rebajar la pena. Con esa frase, la semana siguiente había 26 inscritos.

Walberto Rodríguez, de Barbacoas (Nariño), con 40 años, cinco hijos y 15 años y medio como policía, tiene un compromiso muy grande. Bordar una blusa que le obsequiará próximamente a la primera dama de la Nación, Lina Moreno de Uribe. Está orgulloso de su nuevo oficio, luego que llegó a prisión por intento de homicidio en una riña, estando de civil.

La más contenta es mi señora, Libia. Me dice que le enseñe. Mi hijo mayor (13 años) también quiere aprender , cuenta y explica que también estudia dactiloscopia. Yo que nunca remendé una media, aquí estoy haciéndole florecitas a la blusa de la Primera Dama .

Ya ha vendido dos blusas, a 40.000 pesos cada una, y por la de la Primera Dama, recibirá 70.000. Cuando salga quiere montar una pequeña empresa de bordados en el barrio Alfonso López, donde vive, expresa Rodríguez. Ser microempresarios es el sueño de estos policías, suspendidos mientras se les condena o aclara sus procesos.

Ya casi todos dejaron de pincharse y chuparse la sangre de los dedos. Como Inti Manuel Ruiz, auxiliar bachiller de El Cerrito (Valle), un chico soltero de 20 años, encerrado hace ocho meses por delitos contra el servicio.

Fui uno de los que hice bronca, y vea, terminé tejiendo. A mi familia le parece bueno, pero mis amigos de dicen que es posible que me vuelva loquita. Lo dicen en broma, claro , cuenta.

El sargento Vivas afirma que ya hay un policía activo que aprendió a bordar. Teje muy lindo , dicen algunos de sus compañeros.

Pero aclaran que lleva su revólver bien puesto, como lo debe llevar todo policía, listo a defender la honra y los bienes de la ciudadanía, sin titubeos, así haga randas para blusas y nuditos franceses en mitad de las flores, una de las 21 técnicas del bordado a mano.

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