LAS CARTAS SOBRE LA MESA

LAS CARTAS SOBRE LA MESA

Esta semana dimos tres pasos enormes hacia la paz: la marcha multitudinaria del domingo; el comienzo de las negociaciones con las Farc, y el empujón de Clinton al Plan Colombia. Si se añaden el preacuerdo con el Eln y el cese del fuego propuesto por las autodefensas, se diría que cada uno de los actores entró por fin en razón. Y aunque los más prudentes nos repiten que todavía faltan años de paciencia , hay entre los protagonistas de estos diversos hechos la alegría callada de quien cree acercarse a la recta final.

26 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Yo celebro cada uno de esos pasos y aplaudo sin reservas la intención de sus gestores. Pero mi oficio no es hablar bien ni mal de las personas, sino tratar de entender a mi país. Por eso debo decir que esta semana no quedamos más cerca de la paz sino más cerca de la verdad: y esto, tan solo si escogemos verla. Porque las marchas ciudadanas, la ceremonia de Uribe y las acciones de Clinton en realidad demuestran tres cosas perfectamente claras y perfectamente contradictorias acerca de esta paz y de esta guerra nuestras: Primera, que la guerra no es política. Una marcha gigantesca (la mayor de la historia) sin un solo viva! a Marulanda, a Gabino, a Castaño y ni siquiera a Pastrana. Lo cual sencillamente significa que ningún ciudadano se siente representado por las partes ni es solidario con ellas, que no estamos en una guerra civil, sino en una guerra contra los civiles.

Segunda, que a pesar de todo fingiremos que la guerra sí es política. Mientras el pueblo marchaba contra las Farc, las Farc hablaban en nombre del pueblo. Y aunque se entiende que Raúl Reyes quiera vivir en otro planeta, no es fácil entender que Víctor G. no le conteste desde la Tierra, o que los presuntos voceros del país hubieran pactado como agenda un listado exhaustivo de los temas políticos.

Tercera, que a Estados Unidos le importa más el narcotráfico que la paz en Colombia. De los 1.300 millones de dólares que estamos mendigando, 1.200 serían para que la Policía y, de encima, el Ejército se dediquen a hacerle tareas a la DEA. Eso sí: la ayuda estaría condicionada a que el resto del Estado le obedezca también a la DEA y a que nuestros amigos en Washington logren convencer a nuestros enemigos de que la plata sí existe.

Si las cosas no fueran como son, preferiría ahorrarme la cuarta conclusión de esta semana: Colombia no tiene clase dirigente, porque sus dirigentes no actúan por Colombia. Mientras el pueblo recorría las calles, ellos estaban en Washington y Uribe. Ni siquiera es su culpa: como ninguno encarna sueños colectivos, se limitan a llevar y traer razones entre el Imperio y los violentos, para que el uno nos imponga la moral y los otros nos impongan la política... Y eso que hablo de los dirigentes bien intencionados, no de los que dirigen la oposición mientras cobran pensiones fraudulentas.

Lo malo de no tener quién nos dirija es que la historia se escriba en interés ajeno. Que se demore más de lo que estaba escrito. Y que las cosas lleguen por engaños.

Engaño del país, que pide aviones para caerles a los narcos con la esperanza secreta de caerle a la guerrilla. Engaño de la potencia que quiere la paz pero que aviva la guerra. Y engaño de la guerrilla, que nos desangra contra el imperialismo pero llama a la comunidad internacional para que le financie una ilusoria sustitución de cultivos .

Engaño, someterse al mandato masivo de que cese el fuego, pero no ahora sino cuando el Gobierno haya acabado el desempleo, la pobreza, la corrupción y el upac. Engaño, negociar sin árbitros y sin reglas. Engaño, adoptar una lista de solo diez puntos donde en efecto caben lo divino y lo humano. Engaño, poner 40 millones de personas a botar corriente en un proceso de consultas donde en efecto nadie podrá ser escuchado. Engaño, decir y repetir que la causa de la violencia es la injusticia, o sea que la guerrilla tiene razón... pero que no la tiene.

Y sin embargo vendrá la paz. Vendrá después de muchas más muertes inútiles. Vendrá de afuera y vendrá del monte Cómo dolió Colombia esta semana!

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