EL GOLF ESTÁ DE LUTO

EL GOLF ESTÁ DE LUTO

No es fácil expresar lo que se siente cuando se ha ido para siempre alguien que lo ha hecho sentir inmensas emociones en el deporte que uno ama. Eso es lo que me pasa al escribir estas líneas.

26 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Nos ha dejado uno de los grandes de los últimos tiempos: Payne Stewart, un hombre que vivió el golf con toda intensidad desde su juventud, que se consolidó como figura mundial, pero que, aún más importante, fue un modelo de caballerosidad y señorío para todos los aficionados a este noble deporte.

Payne había nacido en Springfield, Missouri, el 30 de enero de 1957 y realizó sus estudios universitarios de administración de negocios en la Southern Methodist University, pero su mundo era el golf y tomó la decisión de hacerse profesional a los 22 años en 1979.

Consiguió su carné para el PGA Tour en 1981 y obtuvo su primera victoria al año siguiente, el Quad Cities Open. A partir de allí, su swing siempre brilló en la gran carpa del Tour estadounidense.

Stewart triunfó en Europa, Australia, Asia y Africa. En este último continente ganó por dos años consecutivos, 1992 y 93, el trofeo Hassan II en Marruecos. En todos los lugares donde participó en una competencia de golf, que fueron muchos, siempre dejó el aroma de su espléndido y maravilloso swing. No creo que exista un aficionado que le hubiese visto jugar y no sintiera admiración por sus rítmicos y suaves movimientos con el palo de golf. Eran en verdad portentosos.

Payne Stewart entró a la historia del golf cuando ganó su primer Major, el PGA Championship en 1989 en el Kemper Lakes golf Club en Hawthorne Wood. Ganar torneos no basta en este juego, ser bueno tampoco. Se necesita ratificarlo ganando al menos un título grande y así lo hizo Stewart, quien lo confirmó dos años después al obtener el más apetecido título para un estadounidense, el Open de su país, logrado en el Hazeltine National Golf Club de Schaska, Minnesota.

Dios no quiso llamarlo antes de que nos dejara fresca su última hazaña, ganar por segunda vez el US Open, en una de las más bellas disputas de este certamen en los últimos años. El escenario, la tortuosa cancha número 2 de Pinehurst, en Carolina del Norte. Nos queda para el recuerdo cómo luchó para ganarlo; cómo, a pesar de sus 42 años, no se amilanó frente a las figuras jóvenes como Woods y Mickelson, así como también su explosión de alegría cuando embocó el decisivo putt que le dio la victoria y el gallardo abrazo a su caddie, compañero por muchos años de sus tristezas y alegrías.

Payne no podrá defender su título de campeón del US Open el año entrante en Pebble Beach, donde este año había ganado el AT&T National Pro-Am. El que todo lo puede le había reservado tee time en el cielo para hoy.

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