AQUEL GOL CELESTIAL DE VERÓN

AQUEL GOL CELESTIAL DE VERÓN

Los esquiadores le llaman slalom. Es esa prueba en que el intrépido se lanza desde lo alto de la montaña y baja esquivando árboles y vallas a toda velocidad hasta el pie del cerro.

26 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Fue un centro que rebotó cerca del área de Estudiantes y le cayó en los pies a Juan Ramón Verón, digamos unos quince o veinte metros antes de la mediacancha. La Bruja capturó la bola y en esa marcha suya, que no era ni vértigo ni lentitud (porque los genios no son lerdos y tampoco se apuran, van a la velocidad justa), emprendió el slalom más armónico de su vida futbolera, el más bello, ortodoxo y grácil.

Así, yendo de izquierda a derecha y viceversa, fue apilando brasileños hasta culminar dentro del arco. Se vino de una hebra. Su pie del cerro fue la red. Y el slalom terminó porque las canchas de fútbol tienen un límite. Y porque no quedaban más contrarios. Si no, hubiera seguido.

Ningún problema. En materia de gambetas, la Bruja sí podía alardear diciendo no pregunto cuántos son, si no que vayan saliendo . Pero de su cara buena, de su espíritu manso, de su carácter sencillo y de sus largos silencios nunca brotarían semejantes cacareos.

Fue el 2 de mayo de 1968, en La Plata. Estudiantes perdía de local frente al fantástico Palmeiras de Ademir Da Guía por la final de la Copa Libertadores. En la canchita estudiantil, donde debía entrar uno, había tres. Lo menos eran 40.000 hinchas compactados, metidos con calzador y a presión. La angustia oprimía los corazones. Por primera vez un cuadro chico -pero lindo- se había entreverado hasta llegar a la final de América. Y estaba perdiendo... Qué pena! Hasta que Verón alumbró esa obra colosal. Los héroes no tienen el pecho oprimido, no parecen tenerlo. Ni se los ve preocupados. En medio de un clima de honda tensión y nerviosismo, con la frescura que le era habitual, con su indolencia casi, Verón elaboró aquella noche lo que Bochini haría ocho años más tarde contra Peñarol, después de eludir a siete uruguayos; y lo que llevaría a cabo Maradona en México, cuando dejó el tendal de ingleses y la clavó en la inmortalidad. Son goles típicamente argentinos, a pura gambeta.

La gente explotó... Explotó, sí! Quería comerse el alambre de la emoción. Y cantaba con esa especie de rabia que sale del orgullo su tema ya clásico: !Si ve una bruja montada en una escoba / ese s Verón, Verón, Verón que está de moda...! Sudorosos, exhaustos, felices, los 40.000 callaban; al rato volvían a cantar... Decenas de miles de platenses no pegaron un ojo aquella noche.

La emoción y el insomnio caminan de la mano. Al día siguiente aparecieron en sus trabajos demacrados, pero exultantes. Y entre esos miles había panaderos, mecánicos, vendedores, oficinistas; también abogados, arquitectos, profesores. Todos los gremios que componen el universo humano. Lo que puede generar un individuo en una cancha de fútbol! En la adolescencia, cuando la pasión incontenible por el fútbol iba abriendo picada en uno, la belleza de ese gol fue otro aluvión de entusiasmo. Como en los dibujitos, los ojos quedaron fuera de las órbitas y la exclamación fue unánime: !Dios mío! Qué gol! . Yo odiaba a Estudiantes de La Plata -le ganó en aquella Copa los cuatro partidos a Independiente-. Lo sentía el antiCristo del fútbol. De la rabia estaba exento Verón. Cómo odiar la gracia, el talento, la exquisitez...? Cómo repudiar la humildad? Estudiantes 3, Racing 0, Verón dos; Estudiantes 1, Universitario 0, gol de Verón. Manchester 1, Estudiantes 1, Verón. Siempre Verón. La genialidad para hacer de un partido un acontecimiento, el gol para transformar la ilusión en triunfo. Y siempre el silencio, la modestia. Lo llenaban de elogios y sólo respondía: Gracias, Muñoz .

Cuentan los muchachos del Estudiantes de entonces que la Bruja , sin sexo, se marcaba solo, no tocaba la pelota. La abstención le obstruía el talento. El mismo técnico Zubeldía y los propios compañeros, cultores de una rigurosa disciplina autoimpuesta, liberaban al genio los sábados a la tarde para que fuera a hacer el amor. Le abrían la jaula. Volvía los domingos silbando, feliz, la cabeza despejada. Entonces soltaba los pájaros de su inspiración. Verón nunca trabajó en una cancha de fútbol: creaba, pintaba, soñaba jugadas de colores, componía dulces melodías futboleras.

Los ingleses inventaron la punta izquierda por si un día nacía la Bruja Verón. Y nació no más. Fue en Berisso, pegado a La Plata, el 17 de marzo de 1944.

FOTO: CON JUAN RAMON VERON, Junior fue campeón profesional colombiano por primera vez, en el 77.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.