UN MAESTRO QUE ENSEÑA PARA LA VIDA

UN MAESTRO QUE ENSEÑA PARA LA VIDA

Julián Ochoa ya está acostumbrado al paseo diario desde su casa al Gimnasio de Toledo, ubicado en el barrio Charalá, muy cerquita a Usme (Cundinamarca). Tarda dos horas, pero muchas veces el tiempo no le alcanza para pensar en los estudiantes que asisten a sus clases de informática y español.

24 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Y es que para Julián, un profesor con especialización en sociología de la educación, hay algo que va más allá de llenar el tablero y preocuparse por las teorías que les va a explicar a sus alumnos. El se desvive buscando lo que hay detrás de cada uno de esos chicos que llegan a sus clases con los zapatos rotos, muchas veces sin desayunar y con una gran cantidad de problemas familiares en la cabeza.

Ese deseo de vincularse de manera afectiva con sus alumnos empezó en 1994, cuando el rector y algunos profesores del Gimnasio Toledo, en ese entonces ubicado en el barrio Cedritos (en el norte de Bogotá), tomaron la dura decisión de cerrar el plantel por falta de recursos económicos.

El y otros profesores no se dieron por vencidos y abrieron el mismo colegio, pero en el sur de la ciudad.

Cuando llegué Charalá con la idea de prestar un servicio a esta comunidad lo primero que me preguntaba era si les podríamos ofrecer lo que realmente necesitaban. Me di cuenta de que más que esperar que alguien viniera a salvarlos ellos querían conocer los posibles caminos que los condujeran a hacer cosas por ellos mismos , dice Julián.

Sin agua, luz y espacio para la recreación y el deporte, el Gimnasio Toledo empezó a prestar sus servicios en cuatro casas arrendadas.

Tableros improvisados, ventanas de plástico, mesitas y sillas de madera lijadas por los mismos estudiantes, y la calle como lugar para tomar el descanso, era todo lo que tenían los primeros ocho estudiantes que se matricularon , recuerda.

Después de conseguir un pequeño lote, fueron los mismos estudiantes (que ya eran más de 200) quienes le dieron vida al Gimnasio de Toledo que hoy existe. Ellos llenaron las paredes de color, adornos, frases y libros y construyeron con sus propias manos la primera biblioteca pública del sector.

Ahora el agua sube regularmente y hay luz, pero el colegio no tiene suficientes bombillos y los cables eléctricos están a la vista de todos. Pero eso no importa, porque allí se ve la solidaridad y la mentalidad de servicio, producto de valores como la honestidad, el respeto y la sinceridad que Julián les ha inculcado con su ejemplo.

Este joven profesor también se preocupa porque ellos reflexionen sobre su situación (en esta zona son altos los índices de violencia social, familiar y escolar) y considera que las actividades en familia son una buena manera de hacerlo.

En mayo de este año, por ejemplo, organizó el I Foro por la no agresividad . Fue allí donde un padre reconoció que los problemas económicos y personales llevan a la gente a desquitarse con los demás. Hoy, padres y estudiantes están trabajando sobre eso.

Si desea colaborar con esta obra llame al 7685134, en Bogotá. Además, si conoce personas como Julián Ochoa cuéntenos sus historias. Llame a la Línea T de EL TIEMPO (4103737 al código 5454). No olvide dejar el nombre y el teléfono donde se puedan contactar.

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