GARRA Y PAPILLA

GARRA Y PAPILLA

Comienzo las mañanas con los Teletubbies. Van saliendo de los sueños como aparecen por la puerta de su iglú artificial al mundo de conejos plácidos, mariposas que revolotean y flores de plástico sobre un campo de golf. Las mañanas están llenas de tubipapilla rosada, aspiradoras con ojos desorbitados y muchas antenas. Antenas de felpa, de países ricos. No como las antenitas de vinil del Chapulín Colorado, un superhéroe de tercer mundo, un superman de barrio pobre. Me quedo, por supuesto, y por mucho, con las antenitas de vinil, uno de los instrumentos más sofisticados para rastrear peligros imaginarios, para desentrañar misterios inexistentes.

24 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Frente a los Teletubbies de supermercados de primera, el Chipote chillón de vecindario estrato dos! Los Teletubbies se bambolean como muñecos de cuerda, tienen en sus barrigas pantallas de televisión y hablan a media lengua para los niños sin antenas que comen papilla, compotas, sopa y otros adorables tormentos que recomiendan las nutricionistas de moda.

Sus productores son unos genios que entendieron el lenguaje de los más pequeños hechos de palabras sencillas, actos simples y redundancia al por mayor. La repetición como alimento de la atención. Para los adultos, despertarse con la dosis diaria de Teletubbies es una de esas torturas que no le deseo a nadie. Después de cinco segundos el que se someta a semejante fiesta de neonatos, a semejante orgía de kindergarden, puede sucumbir en un amazonas de papilla rosada, en un mar de mermelada de cerezas, en un océano de polietileno.

Hay otras opciones para despertarse, claro está. Una es Los peligros de Penélope. El centro de esta ficción para niños es nada menos que la Garra siniestra , a quien desde ya postulo para que sea declarado uno de los personajes del año. La Garra es nada menos que el tutor de la linda Penélope. Un tutor bastante esquizofrénico, algo paranoico y definitivamente desquiciado. En suma: la compañía mas delicada y benéfica para un niño. La Garra siniestra es una emulación del Coyote, de Silvestre, de Tom (el humilde gato defenestrado por el desalmado Jerry) y de tantos otros personajes que en vez de ser terribles perseguidores, terminan siendo tristes perseguidos. Se inventan peligros que ellos no sortean, males que les caen encima, desgracias que se solazan en sus vapuleadas humanidades de fracasados insignes.

Hace años Bruno Bettelheim escribió Psicoanálisis de los cuentos de hadas y mostró cómo los cuentos aparentemente más inocentes encierran terribles premoniciones, pero sobre oportunidades inaplazables para el aprendizaje en los niños. En ellos están los temas definitivos, únicos: la vida y la muerte, la sexualidad, la injusticia, el amor. De lo único que hay que proteger a los niños es de los adultos que saben tan bien lo que es la libertad que se escucha el ruido de las cadenas que van arrastrando , escribió con sabiduría Henrich Boell. Sobre todo de los adultos que andan encontrando trampas donde sólo existen sugerencias, violencia donde solo hay juego.

Pueden ser muy pedagógicos, muy psicológicos, muy Piaget los Teletubbies. Me quedo y sugiero a los niños entregarse a los placeres tempranos de La vaca y el pollito y de la temible Garra siniestra.

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