EL EQUIPO QUE FRACASÓ

EL EQUIPO QUE FRACASÓ

Como lo muestran las cifras del desempleo, el fracaso del equipo económico del Gobierno es total. Aunque los incondicionales del régimen, y en especial los que abundan en los gremios y los medios de comunicación no lo quieran admitir, las constancias de su incompetencia han quedado patentes y ya son imposibles de ocultar.

25 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

En el año largo que llevan manejando las finanzas del país, solo pueden exhibir desastres y errores de aterradora magnitud. En sus manos la situación económica pasó de preocupante a mala, de mala a pésima y de pésima a peor. Y ni qué decir lo que es la tragedia de la política social. Como consecuencia de la gestión totalmente equivocada de estos funcionarios, la Nación está hoy paralizada, descalificada en el exterior, abrumada por los impuestos, sin empleo, sin crédito, en estado de huelga permanente, sin comercio, sin producción y bajo la tutela humillante del Fondo Monetario Internacional. Pero además, y por cuenta de su insensibilidad, medio millón de colombianos perdieron su trabajo en el último año y ellos sus familias (dos y medio millones de personas en total) ya no tienen de qué comer. En Colombia el desempleo se convirtió en récord mundial. En estas circunstancias, los integrantes del equipo económico deberían tener el decoro de renunciar. Y de admitir, en un gesto de respeto hacia la opinión y de decencia con el Presidente que los nombró, que les quedaron grandes los problemas del país. Y que, sencillamente, no tienen fórmulas para darles solución. No pueden seguir como el técnico de la selección Colombia que, a cada derrota, afirma que el equipo cada vez está mejor.

Como dije hace ocho días aquí, que no salgan una y otra vez con el cuento de que se están tomando las medidas correctas porque eso no es verdad. Cada día que pasa, la situación es más grave que en el anterior. Y no son los anuncios de falsas reactivaciones o de portentosas pero también míticas ayudas internacionales los que enderecen el caos en que han sumido a la Nación. Se requiere un rápido y drástico cambio de rumbo, de métodos, de estilo, de visión y eso no puede suministrárselo al Gobierno en apuros un conjunto de funcionarios que perdieron la confianza de la Nación. A ellos, como en la Gran Marcha de ayer, también hay que decirles No Más! La mala economía genera tanta violencia como la subversión.

Al regresar a Colombia tras un viaje que, francamente, no tuvo mayor utilidad, el Presidente debería hacerse cargo de las gravísimas circunstancias por las que atraviesa el país. A los colombianos nos cayó muy mal que, en el mismo momento en que se daba por televisión la noticia sobre los trágicos extremos a que ha llegado la desocupación, la programación se interrumpiera para mostrar al jefe del Estado muy sonriente, y de ferias y fiestas por Houston, por Oviedo y por París, al parecer totalmente desentendido del drama humano que, justamente en ese instante, se le revelaba al país. Ese contraste causó la peor impresión y sus asesores deberían hacerle ver al doctor Pastrana que la solución para los problemas de la economía y de la paz no está en el exterior sino aquí, ejerciendo actos de robusta y sana autoridad.

Cambiar el equipo económico sería uno de esos actos que les daría a sus conciudadanos la seguridad de que el Presidente está gobernando por fin y no simplemente desempeñando el secundario papel de embajador volante de su administración.

Pero eso no va a ocurrir. No hay riesgo de que el doctor Pastrana cambie a sus economistas y menos si se lo sugieren desde la oposición. Pues si es así, peor para él y para el país. No será en la hoja de vida de sus adversarios políticos sino en la de su gobierno y en la de la coalición que lo eligió, en la que se escriba esta página amarga, ruinosa y negra de la historia nacional.

Y a propósito del viaje del Presidente, solo a él y a sus asesores se les pudo ocurrir la idea absurda de visitar en Houston al candidato presidencial opuesto al gobierno americano, en plena campaña electoral. No parece simple casualidad que al día siguiente de esa entrevista, el vocero de la Casa Blanca anunciara por televisión que la ayuda a Colombia se pospuso porque pasó la emergencia (!) y ese tema dejó de ser prioridad . Como el presidente Clinton y el vicepresidente Gore también saben manejar el rencor, no sería raro que en el sorpresivo aplazamiento en la entrega de fondos para el Plan Colombia , mucho tenga que ver la imprudente entrevista con el gobernador (y candidato) Bush. De ser así, el costo de la metida de pata del Presidente sería monumental.

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