A VECES LLEGAN CARTAS...

A VECES LLEGAN CARTAS...

Ayer recibí por e-mail una carta especial, de esas que acercan, conmueven y enseñan. Bueno, la carta no era para mí, sino para Felipe y sus amigos del colegio. La enviaba el embajador de Colombia en Kenia, y en medio de una hermosa visión de fraternidad y de los orígenes de la humanidad, la pantalla de mi computador quedó impregnada de zebras, llanuras y leopardos. Tanto, que empecé a sentir extrañas las sirenas de las ambulancias y la luz de neón parpadeando entre mis ojos y las cuatro paredes de la civilización.

25 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Con la venia del columnista mosquetero, prefiero partir de un principio de buena fe, y pensar que nuestras misiones diplomáticas están en el extranjero tratando de fortalecer lazos de cooperación y asistencia bilateral. En este mapamundi alocado, rico y miserable no hay quién pueda decir que no necesita algo del otro, y nadie podría pensar que la exclusión o el autismo pudieran ser funcionales para el cataclismo de opciones y riesgos que nos plantea el siglo XXI.

Ya por lo menos (y no me refiero a los demás por desconocimiento de mi parte, y no porque no se justifique), hay dos embajadores que me generan sentimientos de empatía y gratitud: Luis Alberto Moreno, en Estados Unidos, y Germán García, en Kenia. Ambos, a su modo, y desde escenarios económico, social y culturalmente tan disímiles, están ampliando el territorio de motivos y sueños que puedan acercar razas, creencias y costumbres; detrás de los afiches de nuestras playas y sandías y del Monserrate blanco sobre el cielo azul, intentan contarle al mundo que no nos estamos matando por gusto, y que en nuestros campos crecen otras flores diferentes a la amapola.

Hace unos días, la versión aparecida en una revista sobre la supuesta y prontamente desmentida animadversión de nuestro embajador en Estados Unidos, hacia el General Rosso José, me causó extrañeza y preocupación, porque si bien es heroico lo que ha hecho Moreno por reivindicar nuestra dignidad, creo que este país le debe al General Serrano más de lo que nos hemos dado cuenta; el efecto de combatir tan efectivamente el narcotráfico y la corrupción va más allá del impacto inicial: lo realmente importante es la cascada que se precipita a partir de ello, y Rosso José es quizá el principal generador y conquistador de ese boom reconstructor de éticas y valores. A Dios gracias en el siguiente número de la revista apareció la nota del embajador Moreno, desautorizando la versión inicial, y ratificando su respaldo al General. Bien por ellos y por nosotros, porque ya tenemos demasiados conflictos en Colombia para que entre lo que pudiéramos llamar las fuerzas del bien se crearan más divisiones y desencuentros de los que ya dolorosamente nos están aniquilando. Tan valiosa será la gestión de Moreno y su equipo, que está logrando sacarnos de las vergonzosas listas que compartíamos con los campeones del descrédito internacional.

... Y es gratificante que en el corazón del Africa haya un colombiano comprometido con la ecología y el planeta, como escenarios posibles para la hermandad y la tolerancia; un colombiano dispuesto a creer en los nuevos horizontes que los niños del mundo puedan trazar, con esos lápices todopoderosos de solidaridad y esperanza, que ocupan los pupitres desde los siete años.

glorias arias nieto Ariasgloria

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