CARPINTERO, UN MAL EJEMPLO

CARPINTERO, UN MAL EJEMPLO

Hace dos años, cerca de 65 familias, entre desplazados por la violencia y damnificados, llegaron a El Carpintero, una finca ubicada en el municipio de Cabuyaro, con el fin de tomar parte en un programa de reforma agraria.

14 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Los desplazados (45 familias) procedían en su mayoría de los departamentos de Bolívar, Cesar, Tolima y Huila; mientras que los damnificados llegaron del municipio de Restrepo (de los 45 que se espera finalmente solo arribaron 20). Tanto unos como otros tenían en mente acceder a una nueva vida, con un pedazo de tierra propia y tranquila.

El programa, coordinado por el Ministerio del Interior, serviría de ejemplo para el resto del país. Sin embargo, dos años después nada funcionó.

En primer lugar hubo dificultades por la difícil adaptación cultural de las familias, muchas de las cuales ni siquiera tenían vocación agropecuaria. Además, no resultó exitosa la idea de mezclar en un mismo escenario a damnificados y desplazados, con quienes hubo problemas de convivencia y polarización.

Para completar, muchos desplazados procedían de zona de influencia guerrillera y se encontraron con un lugar de marcada tendencia paramilitar, lo cual aligeró la salida de cerca de 37 familias, la mayoría procedentes del Cesar, quienes no abandonaron el lugar sin antes escriturar los terrenos.

Por otra parte, con el propósito de cubrir el cupo de los desplazados que hacían falta, llegaron a la finca otras 23 familias del Meta, pero para entonces los moradores ya habían escriturado los terrenos. Entre tanto, el Incora era objeto de una investigación por un aparente sobrecosto en la compra de la finca, cuya extensión es de 1.036 hectáreas y tuvo un costo 1.941 millones de pesos.

A esto se sumó el hecho de que la mayoría de los desplazados eran deudores morosos de la Caja Agraria, entidad ante la cual debían tramitar el pago del 30 por ciento de sus obligaciones como miembros del programa de reforma agraria.

Bajo este panorama, lo mas grave fue que no se pudo establecer ningún proyecto productivo. Los campesinos mostraron su inconformidad con problemas relacionados con la poca fertilidad del suelo, falta de recursos hídricos y, sobre todo, de dinero para invertir en cualquier tipo de actividad ya fuera agrícola o pecuaria.

Por eso, en la actualidad la situación es dramática, muchos de los desplazados no tienen qué hacer, ni cómo trabajar la tierra, el empleo en la región es escaso y mal remunerado, la comida escasea y solo se habla de necesidades básicas insatisfechas.El Incora recibió la queja de una familia cuyo único alimento era el mango, fruta que abunda en la zona.

Muchos han sobrevivido gracias a esporádicas ayudas de la Pastoral Social pero este esquema paternalista no funciona sin un programa productivo , afirma Rafaela Cortés, personera de Cabuyaro.

Las ayudas son escasas, entre ellas un hogar comunitario apoyado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y un salón anexo a una escuela de la vereda, que atiende a la población desplazada pero que solo tiene educación primaria , agrega la funcionaria.

La población está concentrada en dos comunidades y una serie de cambuches aislados, con ranchos hechos con paroy y tejas de zinc, la mayoría de las cuales carece de baño y el agua es obtenida de pozos profundos.

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