CARLOS MUÑOZ, EL ACTOR DEL SIGLO

CARLOS MUÑOZ, EL ACTOR DEL SIGLO

Me inicié como actor en el grupo infantil de la Radio Nacional cuando tenia 9 años. Mi padre hacía lo mismo, pero él pertenecía al grupo de mayores que dirigía Bernardo Romero Lozano. Más tarde transité por las radionovelas en las emisoras comerciales.

27 de diciembre 1999 , 12:00 a.m.

Un día, solo un día después de llegar la televisión a Colombia (el 14 de junio de 1954), comencé a actuar en ella. Ese debut, impulsado por la experiencia de la radio, fue de extra en un monólogo que hizo el Papi Catalá, un actor español, y que tenía una puesta en escena. Aparecí con Guillermo Rubiano, Fabio Camero y Gonzalo Vera fumando y tomando vino y oyendo a Catalá.

Luego realicé centenares de obras de corte cultural. Todas obras clásicas: Shakespeare y todas las tragedias griegas. Eran los años en que la televisión tenía un carácter culto e intelectual. De unos 30 años para acá vino la transformación de lo cultural a lo comercial.

La versatilidad para interpretar toda clase de personajes, seguramente, nació de ahí. En esa época tenías que hacer de todo, comedia, drama, melodrama y hasta zarzuela. Podías tener 20 años, pero debías hacer muchas veces de viejo.

Cuando se estaba dando la transición a lo comercial, apareció la oportunidad de hacer un gran papel. El se llamaba Pedro Camacho y era el personaje de La tía Julia y el escribidor, una telenovela basada en la obra de Mario Vargas Llosa. Así se había vuelto a retomar la literatura. También hubo otras adaptaciones de Mario Benedetti (La tregua y Gracias por el fuego) y Juan Rulfo (El gallo de oro).

Luego personifiqué a Adán Corona en Pero sigo siendo el rey. Supe que el presidente Belisario Betancur empezaba los consejos de ministros hablando del capítulo de la noche anterior. El doctor Carlos Lleras Restrepo también supeditaba sus compromisos al horario de la telenovela.

En San Tropel, una telenovela posterior, representé al padre Pío Quinto Quintero. El personaje fue tan famoso que Monseñor Alfonso López Trujillo me agradeció en nombre de la iglesia católica colombiana por la interpretación de este sacerdote.

En Caballo viejo, una telenovela que se ganó el Premio Ondas, fui Epifanio del Cristo Martínez. Recibí muchas cartas desde España, pero hay unas que guardo con mucho cariño. Me felicitaban, me agradecían por divertirlos. Me pedían fotografías y autógrafos. Lo curioso es que las misivas las enviaban al señor Carlos Muñoz que vive en Colombia. No tenían mi dirección, y con ese destino incierto, el correo igual llegaba.

Después estuve en una aventura llamada Calamar. Allí hice algo inusual. Le di vida a dos personajes: el Capitán Olvido y Artemio Leguizamón. Esa telenovela fue un fenómeno infantil y eso jamás había sucedido. En mi carrera siguieron trabajos en La fuerza del poder (Pascual Mascarella) y en el seriado Almas de piedra al lado de Ana María Orozco.

Algo que no estaba programado, ni libreteado, fue mi vida política. Un gran amigo, José Blackburn, me pidió que lo acompañara en una lista que tenía aspiraciones de llegar al Senado. Estaba incluido en el quinto renglón, porque así lo pedí, para no salir elegido, pues tenía compromisos adquiridos. Cuando el doctor Blackburn renunció a su curul, las tres personas que me precedían, declinaron el honor para hacerle según ellos un homenaje a la cultura y al arte colombiano. Al poco tiempo hice parte de la Comisión Nacional de Televisión. No me arrepiento, en los dos casos, en lo más mínimo. Fueron experiencias extraordinarias. Si me han nombrado como el actor del siglo, cosa que me honra profundamente, es porque siento que tengo carisma y le llego a la gente trasmitiéndole cosas positivas. Soy un profesional que toma la actuación como debe ser, como la mas serias de las profesiones. A mis personajes los estudio mucho para crearlos, por eso, en su momento, cada uno fue importante.

Pienso volver a la televisión. Es lo mío .

Los personajes de Carlos Muñoz Pío Quinto Quintero (San Tropel) En primer capitulo tenía 50 años y murió de 80. Carlos Muñoz para esta personificación, entre otras cosas, mandó hacer cinco pares de gafas distintas. Participó en la escogencia del vestuario, cuidó hasta el último detalle. Hizo diseñar sotanas, cada vez que encara un papel su mujer convive con ese personaje, que usaba en casa. Aprendió a llevar el misal, el bonete y a montar en bicicleta. Tuvo que ofrecer la liturgia en latín y para eso consiguió un asesor. Pío Quinto era un viejo cura de pueblo que participaba en los problemas de todas las familias. Vital en la vida de San Tropel. La telenovela respiraba bondad por todos los lados gracias a él.

Adán Corona (Pero sigo siendo el rey) Un personaje folclórico para una telenovela que introdujo el humor en los dramatizados. Adán era un viejo enamorado de una joven a la que le daba continuamente serenatas. Para Muñoz fue un placer hacerlo.

Epifanio del Cristo (Caballo viejo) Los mejores diálogos de una telenovela gracias a Bernardo Romero Pereiro según Carlos Muñoz. El actor le dio el aroma y el tono costeño a un pintoresco personaje de la Costa. Epifanio era un hombre bueno, de principios morales arraigados. Cuando su sobrina se enamora de él, se resistirá. La llevará al altar con lágrimas en los ojos defendiendo así su causa hasta el final. Un hombre que de galán no tenía nada, pero una linda mujer se enloqueció por él.

Pedro Camacho (La tía Julia y el escribidor) Entre David Stivel y Vargas Llosa hubo una discusión. Muñoz quería darle un dejo para hacerlo parecer como boliviano. Stivel estaba de acuerdo pero Llosa no se decidía. El director le dijo que el actor era bueno y que no iba a ser exagerado. Cuando el escritor lo vio, quedó callado. Pedro físicamente era un personaje real. Era chiquito, de pelo largo y muy metido en las tramas de las novelas que escribía para la radio. Su vida giraba en torno a eso y se fue enloqueciendo.

Oliverio Currea (Amándote) Este personaje, un simpático abuelo, hizo que buena parte de los colombianos se sentaran frente al televisor para apuntar los dichos que él solía improvisar (como decía mi abuelo...). Carlos Muñoz llegó a inventarse 300 refranes que aparecieron en diferentes publicaciones.

(Recuadro) ESPERANDO SU REGRESO Por Martha Bossio Especial para EL TIEMPO Antes de comenzar este comentario debo aclarar que soy muy escéptica con el uso de las encuestas, en especial si, como en éste caso, abarcan un universo de tiempo tan amplio. Entonces suele suceder que la memoria juega sus malas pasadas. De otra forma no se entendería cómo en el rubro de los libretistas por ejemplo, ni siquiera se mencionaron nombres como el de Alicia del Carpio y el propio Bernardo Romero superó en mucho a su padre el maestro Bernardo Romero Lozano, pionero de las adaptaciones de grandes obras para la televisión colombiana.

Pero la memoria no es el único factor de riesgo en estos casos, también puede suceder que la gente recuerde sólo a los más bonitos, a los más carismáticos, o a los más polémicos, porque estuvieron sobrexpuestos, dejando olvidados personajes de bajo perfil publicitario, pero con grandes cualidades en su respectivo arte Lo que ha sucedido con la elección de Carlos Muñoz como actor del siglo tiene el mérito de desmentir en parte la prevención de la mala memoria. Quiere decir que, aunque hace por lo menos tres años no lo vemos en televisión, la gente no ha olvidado sus maravillosas interpretaciones de seriados y telenovelas, pero quiere decir también que un gran público lo añora y espera por su regreso.

Es curioso además que entre los elegidos no haya estampa de grandes galanes, todos en cambio han participado en obras de resonancia y habría que tener en cuenta la frecuencia con que sus nombres aparecen en los repartos del cine y la televisión. Estas reflexiones, buscando una reconciliación con las encuestas, que por algo existen, funcionan, se leen, se comentan, se tienen en cuenta y en consecuencia hay que aceptarlas como un mal matemático de nuestra época en donde cada día llegan nuevos números a nuestra vida.

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