CUANDO HABLABA DORMIDO

CUANDO HABLABA DORMIDO

Está seguro de que nunca será Presidente de su país, el Perú. Así se lo prometió a su esposa. Así se lo ha propuesto.

25 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Alvaro Vargas Llosa hijo del novelista y ex candidato presidencial Mario Vargas Llosa apenas tiene 33 años y al conocerlo se llega a la certeza de que tiene todo para llegar a ser un Presidente latinoamericano. La formación sobre los problemas de su país, el don de la palabra, la experiencia política de la campaña de su padre, y por qué no decirlo, su figura atractiva y su personalidad cautivadora que le significarían no pocos votos de sus admiradoras.

Pero no. Metería la pata horriblemente. En una campaña diría todo lo que no tengo que decir, diría las barbaridades más horribles y contaría los secretos más espantosos. Sería el presidente más impúdico del mundo , dice.

De política tuvo suficiente con la campaña de su padre, en la que se ocupó de la prensa. Pasé por la política cuando era muy joven y lo que vi no me gustó. Uno tiene que hacer concesiones todo el tiempo sobre sus principios y convicciones y para mí eso es difícil .

Esta experiencia le sirvió para definir su rumbo y consolidarse como periodista, oficio que ejerce desde los 15 años.

Vino a Colombia para presentar su libro Cuando hablaba dormido, 31 entrevistas que le quitaron alguna vez el sueño. Entrevistas realizadas muy a la madrugada a personajes de la política, la ciencia y la farándula, que fueron los protagonistas del programa radial que Alvaro realizó entre julio y diciembre de 1998, y con el que obtuvo el premio al mejor programa periodístico, de la Asociación de Radiodifusores de Estados Unidos.

La magia de la voz Ahora, con el libro en las manos, prefiere la voz o las letras? Las dos tienen su encanto y sus limitaciones. La magia de la voz la descubrí en la noche. Me levantaba a las tres de la mañana para hacer estas entrevistas marcadas por el tono íntimo y privado que da la nocturnidad. Son un clima y una atmósfera tremendamente seductores que yo descubrí y por eso me enamoré de ese periodismo.

Cómo fue esa experiencia en la radio? En la emisora desarrollé una complicidad con la noche. Yo solo funcionaba de noche, pensaba, meditaba y casi que el día se convertía en un anticlima, mis neuronas se adormecían. Pero allí mismo, en medio de la magia de la cabina de radio, quise vengarme un poco de mi condición insomne, haciéndoles lo mismo a los invitados. Los llamaba a horas terribles, muy de madrugada, para obligarlos a hacer lo mismo que yo.

Mi interés era desbaratar ese mecanismo que tienen los hombres públicos, y sobre todo los políticos, de protección de su vida interior, un encubrimiento de sus pensamientos, de su mundo privado interior.

Ortega estalló en furia Recuerda alguna entrevista en particular? Hubo sorpresas como la entrevista a Daniel Ortega. Recibí una llamada a las dos de la mañana desde Nicaragua y era la hija, Zoila América, quien lo acusa de haberla violado. Quería que la orientara para contar su historia o publicar un libro. Yo quedé desconcertado y le dije que conversáramos con más tranquilidad al día siguiente. La llamé al número que dejó y estaba desconectado. Siempre fue un misterio. Entonces cogí por sorpresa a Daniel Ortega. La entrevista es como un juego psicológico en el que lentamente se va desarrollando una confianza para ir bajándole las defensas.Y es justo en ese momento que colocó la pregunta y, por supuesto, él estalló con una furia tremenda.

Alguna otra? Recuerdo también la entrevista con Salman Rushdie. Yo lo conocía, pero hacerle una entrevista en estos tiempos es casi imposible. Sin embargo, finalmente se logró. Después de seis horas de espera en medio de un espionaje de película, de cambiarme de un hotel a otro, entró una mujer y finalmente me llevó a otro hotel y, en el último piso, tras una puerta con alarma de clave codificada, me hicieron entrar y allí estaba Rushdie. Cuando llegué a donde él y lo tenía frente a mí, me di cuenta que la entrevista ya era innecesaria. Ya lo más interesante había ocurrido. La antesala creó el clima de la entrevista.

En todo este proceso le ha ayudado ser hijo de Mario Vargas Llosa? Creo que sí. Tiene ventajas e inconvenientes. Los inconvenientes son obvios: sus enemigos difícilmente me dan entrevistas. Aunque a mí me gusta llamarlos a ver si me las dan. A veces las dan. Por ejemplo, de Saramago, quien tiene una posición política comunista, un tanto distinta a la de mi padre, estaba seguro que no me iba a dar la entrevista. Me la dio inmediatamente y estuvo encantador.

Herencia paterna Cuál entrevista le gustó más? Entre los políticos la de Tony Blair, el primer ministro británico, me pareció muy humano. Una de las cosas más importantes para mí en estas entrevistas era humanizar el poder. Me pareció una persona que tenía esa debilidad humana de ponerse nervioso en determinados momentos.

Entre los escritores, probablemente me quedo con la de Rushdie. Es un hombre que tiene una gran capacidad para hablar sobre el oficio del poder que no tiene ningún político ni la mayoría de los escritores.

Entrevistaría a Gabriel García Márquez? Le pedí una entrevista y me dijo que le encantaría dármela pero que su mujer no quería. Tengo la esperanza de que algún día Mercedes cambie de opinión.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.