QUE VIVA EL LIBRO:

QUE VIVA EL LIBRO:

24 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Fue gratificante escuchar el viernes las palabras del escritor Gunther Grass durante la entrega del Premio Príncipe de Asturias, cuando, en el discurso a nombre de los ganadores, hizo el elogio del libro como indestructible vehículo de cultura. En un mundo embarullado por redes cibernéticas, apabullado por el estrépito de los nuevos medios de comunicación y encanallado por los valores efímeros del espectáculo, Grass reivindicó la sencilla eternidad del libro. Doble ocasión, pues, de alegría para el Diccionario de Construcción y Régimen y el Instituto Caro y Cuervo, que también ganaron el Premio.

Junto a su amor por los libros, Grass declaró su cariño por la escritura manuscrita y su confianza en la vieja máquina de escribir. Más aún: confesó que todavía escribe de pie, como lo hicieron Hemingway y otros.

No se trata de denigrar los computadores e Internet, que han cambiado tan favorablemente el mundo, ni entendemos que el mensaje de Grass haya tenido una intención retardataria. Pero sí nos recordó que hay muchas maneras de hacer las cosas; que la salvación no está en el medio sino en el mensaje y que inclusive el lápiz y el papel cuartilla pueden guiar hacia el Premio Nobel cuando alguien tiene algo importante qué decir y escoge las palabras adecuadas para decirlo.

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